Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

Viejo del mar

Sinbad_the_sailor

Cuando Simbad emprendió su quinto viaje, su barco fue atacado por inmensas aves que, desde las alturas, soltaban enormes piedras sobre el navío. Una de las rocas dio de lleno en cubierta y el barco se hundió. Simbad fue el único que sobrevivió agarrándose a un madero.

Después de unos días de flotar a la deriva en el mar, arribó a una playa de una hermosa isla, llena de agua, árboles frutales y vides.

Mientras exploraba la isla, se topó con un hombre muy anciano que estaba sentado junto a un manantial de agua. Parecía débil e indefenso. Simbad pensó que era también un náufrago e intento comunicarse con él, pero el anciano no habló en ningún momento. Por señas, hizo entender a Simbad que lo subiera a sus espaldas para poder alcanzar la fruta de un árbol y el joven así lo hizo.

Tan pronto estuvo sobre sus espaldas, el viejo cerró sus flacas manos entorno del cuello de Simbad y apretó tan fuerte que el joven marino se quedó sin aliento y cayó al suelo. Después, el viejo aflojó la presión y golpeando con las piernas a Simbad lo obligó a ponerse en pie y lo usó de montura, cabalgando sobre él por toda la isla.

Cada vez que Simbad intentaba librarse del viejo de la isla, las manos del viejo oprimían su garganta y los pies le golpeaban salvajemente el pecho y el vientre.

El trabajo de Simbad era agotador. Tenía que recorrer la isla continuamente con la carga a sus espaldas y apenas podía dormir. El viejo solo le concedía a Simbad cortos momentos de reposo, porque él jamás dormía.

Un día en el que Simbad tenía mucha sed, exprimió uvas en el interior de unas calabazas vacías y empezó a beber. El viejo insistió en que le diera a probar la bebida.  A Simbad, de repente,  se le ocurrió una idea y el zumo de uva sobrante quedó abandonado al sol.

Pasados unos días, volvieron al lugar y Simbad volvió a beber el líquido de la calabaza. El zumo, con el sol, había fermentado y al beberlo, Simbad olvidó por un momento sus pesares y cantando alegremente se puso a corretear arriba y abajo.

Al ver lo que ocurría, el viejo sintió curiosidad e insistió en probar el líquido. Al beber el vino, en lugar de ponerse alegre, lo que le ocurrió fue que se mareó tanto que, poco a poco, fue soltando su presa y Simbad, aprovechó para desembarazarse de él y darle muerte.

Al poco, un barco llegó a la isla para aprovisionarse de agua y Simbad les contó su historia a los asombrados marineros, que le dijeron que era el primero que lograba escapar de la isla del viejo del mar. El malvado anciano esclavizaba a los náufragos que llegaban a su isla y, después, cuando ya no le eran de utilidad, los estrangulaba.

Gracias a su ingenio, Simbad había logrado hacer segura aquella ruta marina.

*****

Leyenda árabe incluida en Las mil y una noches

Ilustración: Frances Brundage (1854–1937)

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