Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

Torres del Silencio

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Torre del Silencio, Yazd, Irán

En la religión zoroástrica existen dos fuerzas opuestas: Ahura Mazda, creador de la vida y bienaventuranza (secundado por los amesha spenta, espíritus benéficos) y el demoníaco y destructivo Angra Mainyu (secundado por espíritus demoníacos, conocidos como daevas).

El destino de una persona depende de su elección entre uno o el otro. Después de la muerte, el alma es conducida por el daena (la conciencia del fallecido representada como una doncella) al puente Chinvat, (Puente del Discriminador), que enlaza la Tierra con el Cielo y está situado sobre el Hara Berezaiti, la montaña cósmica. Allí las almas son recibidas por Vohu Manah y conducidas ante Ahura Mazda y los amesha spenta. A la entrada del puente tiene lugar el juicio y la separación de buenos y malos.

La travesía del puente es más o menos difícil dependiendo de las acciones de quien traspasa, ya que el puente se ensancha para dejar pasar al justo, y se estrecha hasta parecerse al filo de una navaja de afeitar cuando se acerca el injusto.

Aquellos en quienes predominan las acciones buenas son conducidos al paraíso, a la Casa del Canto. Por el contrario, aquellos en quienes predominan las malas acciones, son enviados a la Casa de la Mentira, el lugar del Tormento.

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Los cuerpos muertos son considerados como el lugar en cual Angra Mainyu está poderosamente presente, por lo cual no pueden ser sepultados ni en la tierra ni en el mar, y tampoco pueden ser incinerados en tanto son creaciones del bien y el fuego es puro. Por eso, son expuestos a la voracidad de los buitres y a las inclemencias del tiempo en una torre especial, Dakhma, corrientemente conocida como “La Torre del Silencio”.

Estas torres circulares, de aproximadamente 8 m de altura, están construidas de ladrillo o de piedra. Pasado un tiempo, cuando ya solo quedan los huesos, van a parar todos juntos al hueco central, cumpliendo así el mandato zoroástrico de que un cadáver no debe estar en contacto ni con el fuego ni con la tierra.

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Mitología zoroástrica.

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