Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

Midas, Rey

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Midas era rey de Frigia y sobre él se cuentan varias leyendas.

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La que nos cuenta Ovidio en el libro XI de Las metamorfosis dice que Midas nació pobre y llegó al trono por voluntad de los dioses.

Obsesionado por las riquezas, vivía en un lujoso palacio y poseía una colosal fortuna. Se sentía inmensamente feliz por poseer tanto oro. Por pura diversión, cada mañana se entretenía en contar sus monedas.

Un día, unos campesinos que labraban las tierras del rey Midas sorprendieron en sus campos al dios Sileno, preceptor y acompañante del dios Dioniso, lo capturaron y lo condujeron ante el rey. Este, al reconocerlo, lo devolvió a Dioniso que, agradecido, le dijo que le concedería cualquier deseo que pidiera, a lo cual Midas respondió:

  • Deseo que todo lo que mi cuerpo toque se convierta en oro.

Aunque Dioniso hubiera deseado que pidiera otra cosa, le concedió su extravagante deseo.

A la mañana siguiente, el rey Midas se despertó impaciente por comprobar si su deseo se había hecho realidad. Extendió los brazos y comprobó que todo lo que tocaba se iba convirtiendo en oro. Corrió por el palacio tocando todos los objetos a su alcance y estos se iban convirtiendo en oro. Midas estaba muy feliz.

Pero durante la comida, se dio cuenta de que no podía comer ni beber, ya que tanto la comida como la bebida se transformaban en oro. Entonces comenzó a llorar y comprendió que su deseo, en realidad, era una maldición, y le suplicó desesperado a Dioniso que anulara el poder de transformar todo en oro.

Dioniso, conmovido, le dijo que la única forma de revertirlo era que se lavara las manos en el río Pactolo.

Midas se dirigió hacia el río y mientras se lavaba las manos una infinidad de pepitas de oro se fueron acumulando en sus aguas y es por eso que en este río hay oro.

El rey Midas, al darse cuenta de que las riquezas no proporcionan la felicidad, repartió todos sus bienes y se marchó a vivir a una cabaña en el bosque.

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Otra leyenda, cuenta que paseando Midas por sus posesiones encontró solo y dormido al dios Sileno, que se estaba recuperando de los excesos cometidos. Esperó a que el dios se despertara y, entonteces, Midas le pidió la sabiduría. Sileno le contó la historia de dos ciudades.

Había dos ciudades, fuera del mundo; una llamada Eusebes, la ciudad piadosa, y la otra Máquimo, la ciudad guerrera. En la primera, los habitantes siempre eran felices e incluso terminaban su vida riendo. Los que vivían en la ciudad guerrera pasaban toda su vida combatiendo, de tal modo, que ya nacían completamente armados.  Ambos países eran muy extensos y extremadamente ricos. Tal era la cantidad de oro y plata que poseían que, para ellos,  estos metales eran lo que el hierro es para nosotros. Un día, los dirigentes de ambos países decidieron cruzar el Océano y visitar la Tierra y eligieron, para empezar el país de los Hiperbóreos puesto que, como todo el mundo sabe, son los seres más afortunados de entre los mortales. Al llegar allí y ver la triste condición de los seres humanos y considerando, además, que aquellos eran los más felices, no quisieron continuar y regresaron a su lugar de procedencia.

Tal fue la decepcionante parábola que Sileno le reveló a Midas.

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También, teniendo a Midas como protagonista, Plutarco nos cuenta que este rey estaba de viaje hacia las región más lejana de su reino y se extravió en medio del desierto. No tenía ni una gota de agua para poder calmar su sed y la de su séquito. La diosa Tierra se compadeció de ellos e hizo que en el desierto brotara una fuente, pero en lugar de agua, de ella fluía oro. Midas rogó al dios Dioniso y este, apiadado, transformó el oro en agua. Aquella fuente, recibió, desde entonces, el nombre de Fuente de Midas.

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Otra leyenda, en relación a este rey, relata que paseando un día Midas por los bosques se encontró en el monte Tmolo con el dios Pan y con el dios Apolo, que estaban haciendo una competición musical. El dios de la montaña, acababa de declarar vencedor a Apolo y sin que nadie pidiera su opinión, Midas dijo que la sentencia era injusta, ya que la música de Pan era mejor.  Apolo, muy enfadado, le dijo que no tenía ni idea y que carecía de oído musical, por lo que hizo que le crecieran unas grandes orejas de burro.

Espantado con tan terrible castigo, Midas ocultó bajo su corona real las orejas. Únicamente su peluquero conocía su terrible secreto y tenía prohibido, bajo pena de muerte, revelarlo a nadie. Al pobre hombre cada día le pesaba más saber aquello así que, un día, no pudo soportar más no poder contar a nadie lo que ocultaba el rey bajo su corona, y se dirigió hacia el río. Una vez allí, en la orilla, junto a los juncos, hizo un hondo agujero y le susurró su terrible secreto a la Tierra. Después, tapó el aguajero y, aliviado, se marchó a toda prisa de allí. La Tierra filtró su secreto a las raíces de las cañas que al crecer, repitieron su secreto al viento y este, con su soplo, extendió por todo el reino la noticia de que el rey tenía unas orejas monstruosas.

 

Imagen 4

 

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Mitología griega.

Para saber más cosas del Rey Midas

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