Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

Ivy marä ey – Tierra sin mal

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Se acepta generalmente que la incesante búsqueda del paraíso, un mito presente en las distintas cosmologías guaraníes, hizo que este pueblo efectuara, desde antes de la conquista, largos desplazamientos y se extendiera por una amplia zona del continente americano: desde el brasileño río Tieté al norte, hasta amplios territorios del actual Uruguay por el sur, y desde el océano Atlántico, hasta el sureste boliviano y el norte argentino.

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Fue un pueblo eminentemente migratorio y uno de los motivos que impulsó su peregrinaje fue la búsqueda de un paraje fértil y apacible en el cual vivir en paz: Ivy marä ey, «la tierra sin mal» Una tierra sin sufrimientos ni imperfecciones, que aunque era el lugar al que se dirigían los muertos, podía alcanzarse, en teoría, en vida, puesto que algunos privilegiados conseguían llegar allí sin morir.

El deseo de alcanzar ese lugar, donde los cultivos crecen sin plantarlos, donde no hay enfermedad, ni muerte y todo es paz y felicidad, alentaba los desplazamientos de la nación guaraní y hacía que estos fueran su teko’a — modo de vida— que se orientaba a alcanzar una vida sin tacha, teko marä ey

Esta búsqueda, sin embargo, no era individual, sino que se trataba de una empresa colectiva para alcanzar juntos el ideal. 

El chamán o sacerdote recibía el mensaje de los dioses con indicaciones precisas de cómo llegar a Ivy marä ey y animaba a toda la comunidad a no desfallecer en esa búsqueda, que propiciaban mediante ejercicios espirituales, danzas, música, cantos, oraciones, generosidad y ayuno; todo ello, orientado a aligerar el cuerpo y librarlo del lastre de las imperfecciones humanas con el objeto de conseguir acceder al paraíso sin morir.

Dichas prácticas, conducían al aguyjei, un estado de indestructibilidad o, lo que podría ser lo mismo, de perfección e inmortalidad en cuerpo y alma que equipara al hombre con la deidad.

El término aguyjei se compone de la raíz aguyje (estado máximo de una acción, objeto, animal o persona) y del sufijo —i, que indica continuidad de la acción. Así pues, se podría definir como continuo estado de excelencia.

No obstante, en última instancia, el acceso a la tierra sin mal lo decidía Parakáo (el loro), que resolvía si la persona era merecedora o no de habitar en Ivy marä ey. 

*****

Mitología guaraní.

Ilustración:  herrerojulia

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