Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

Calisto

Arcas_and_Callisto

Jean-François Millet   (1814-1875)

La leyenda de Calisto tiene su origen en un mito arcadio.

Para quien no lo recuerde, La Arcadia era una región de la antigua Grecia que, con el transcurrir del tiempo, se convirtió en un país imaginario en el que reina la felicidad, la sencillez y la paz, a similitud de la que reinaba en la antigua Edad de Oro de la Tierra.

De artista como  PoussinSannazaroCervantesBemboGarcilasoLope o Sidney nos llega el imaginario de este idílico lugar, habitado por pastores que, en contacto directo con la naturaleza, cantan sus amores.

De la historia de Calisto, como en otras muchas ocasiones, nos llega más de una versión. En una nos cuentan que fue ninfa del bosque; en otra que era hija del rey Licaón, convertido en lobo por Zeus por comer carne humana, o quizá hija de Nicteo. Sea como sea, lo importante es que Calisto formaba parte del grupo de vírgenes consagradas a la diosa Ártemis (o Artemisa) que, junto a ella, vivían y cazaban en los bosques.

En una ocasión, paseaba Calisto por la espesura, cuando Zeus la vio y quedó perdidamente prendado de su belleza. Como sabía que era imposible poseerla, porque la joven rechazaba a los hombres, decidió tomar la forma de Ártemis para poder unirse a ella. En esta unión, Calisto quedó embarazada de su hijo Árcade.

Un día, cuando ya era difícil ocultar su gravidez, Calisto fue convocada por Ártemis para darse un baño en un arroyo junto con todas sus compañeras. Al desnudarse, se descubrió su embarazo y la diosa virgen, indignada, la echó de su grupo y la transformó en osa. Aunque en otras versiones se dice que la transformación no fue obra de Ártemis, sino de Hera, que estaba celosa porque su marido Zeus la había engañado con Calisto. Incluso hay quién afirma que, en realidad, la transformación fue obra de Zeus para proteger a la joven de la venganza de su esposa.

Fuera como fuese, durante 15 años estuvo la joven, ahora una temible osa, vagando por los bosques, huyendo de las flechas y del acoso de los cazadores hasta que, un día, su hijo Árcade, que ignoraba la historia de su madre, salió de caza y al ver que se acercaba a él aquel enorme animal, sintió pánico. Calisto había reconocido a su hijo e intentaba darse a conocer, pero lo único que salía de su boca eran gruñidos aterradores.

Árcade se disponía ya a atravesar con su lanza a la fiera, porque aquella enorme osa, ahora, no daba muestras de querer hacerle daño y permanecía mansa a su lado, sin atacar ni intentar defenderse, así que era imposible fallar. Apuntaba ya a su corazón para clavar en él su lanza, cuando Zeus sujetó su mano para impedir el matricidio.

Y para que jamás volviera a ocurrir algo semejante, Zeus convirtió a Calisto en la constelación que conocemos como Osa Mayor y a su hijo en la de la Osa Menor.

Al saberlo, Hera se puso todavía más furiosa y pidió a los titanes Océano y Tetis que encontraran la forma de impedir que Calisto, convertida ahora en cuerpo celeste, encontrara reposo.

Los titanes ayudaron a la diosa impidiendo que la Osa Mayor desapareciera del horizonte celeste para sumergirse en el océano que circunda el mundo y es, por ese motivo, que al mirar el cielo en el hemisferio norte, esa constelación es visible durante todo el año.

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Mitología griega.

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