Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

El hombre, el oso y el zorro

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Ilustración rusa del siglo XIX para el cuento «El hombre, el oso y el zorro»

Un día que un campesino estaba labrando su campo, se acercó a él un oso y le anunció:

—¡Campesino, te voy a comer!

—¡No me comas! —suplicó el hombre—. Si me perdonas la vida, prometo que trabajaré para ti. Sembraré nabos y los repartiremos entre los dos. Yo me quedaré con las raíces, pero las hojas te las daré a ti.

Al oso le pareció conveniente aquel trato, así que regresó satisfecho al bosque.

Llegó el tiempo de la recolección y el campesino empezó a escarbar la tierra para desenterrar los nabos.

No tardó en aparecer el oso para reclamar su parte.

—¡Hola, campesino! Veo que ha llegado el tiempo de recoger la cosecha. Dame mi parte —exigió el oso.

—Con mucho gusto lo haré. Yo mismo te la llevaré a tu casa —contestó el campesino.

Y cuando ya lo hubo recogido todo, condujo su carro repleto de hojas de nabo hasta el bosque.

El oso quedó muy satisfecho con el que pensó que era un ventajoso reparto.

Al día siguiente, el campesino cargó de nuevo el carro con los nabos y puso rumbo a la ciudad para vender su mercancía.

Por el camino, tropezó con el oso, el cual le preguntó:

—¡Hola, campesino! ¿Adónde vas?

—A la ciudad, a ver si puedo vender estas raíces de nabo —contestó el hombre.

—Muy bien, pero antes de seguir adelante quiero probarlas.

No tuvo más remedio el labrador que darle al oso un nabo para que lo probase.

Apenas el oso se lo hubo comido, gruñó furioso:

—¡Miserable! ¿Pretendías engañarme?¡Las raíces están mucho más buenas que las hojas! Si no quieres que te coma, la próxima vez que siembres me darás a mí las raíces y las hojas te las quedarás tú.

—Bien —respondió el campesino.

En la época de la siembra, el hombre, en lugar de nabos, plantó trigo.

Al llegar el tiempo de la recolección, desgranó las espigas, las molió y con la harina que obtuvo, amasó y coció ricos panes y al oso le dio las raíces del trigo.

Antes de llevarse las raíces, el oso exigió probar el pan y viendo que, de nuevo, el campesino se había burlado de él, gruñó colérico:

—¡Campesino! ¡Estoy más que enfadado contigo! ¡Ni se te ocurra aparecer por el bosque a buscar leña, porque, en cuanto te vea, te daré un zarpazo!

Pasaron lo días sin que el campesino se atreviera a acercarse a los dominios del oso, pero llegó un momento en el que ya no pudo esperar más. La leña le hacía mucha falta, así que fue quemando sus sillas, los toneles y todo lo que encontró en su casa fabricado con madera. Una vez ardió todo, no tuvo más remedio que armarse de valor y dirigirse al bosque.

Entró tan sigilosamente como pudo, pero un zorro que lo oyó, salió a su encuentro.

—¿Por qué te mueves tan despacito? ¿Qué te pasa?

—Vengo a cortar leña, pero tengo miedo de encontrarme con el oso. Está muy enfadado conmigo y amenazó con comerme si me veía por aquí.

—Si me pagas bien, te puedo proteger. Si no me pagas, lo aviso ahora mismo.

El campesino, muy apurado, le dijo al zorro:

—¡No me delates! No soy avaro y si me ayudas, te daré una docena de gallinas.

—De acuerdo. Corta la leña que quieras y, entre tanto, yo daré gritos. Si el oso te pregunta qué es lo que ocurre, dile que hay cazadores en el bosque persiguiendo lobos y osos.

El campesino se puso a cortar leña y, al poco, vio que llegaba el oso a la carrera.

—¡Oye, hombre! ¿Sabes qué ocurre? ¿Qué son esos gritos? –preguntó el animal.

—¡Ah! Eso… Son cazadores persiguiendo lobos y osos.

—¡Por favor, no me descubras! Escóndeme bajo tu carro —suplicó el oso aterrorizado.

El zorro, que lo observaba todo escondido tras unos matorrales, gritó:

—¡Campesino!, ¿has visto un oso por aquí?

—No, yo no he visto nada —respondió el hombre.

—¿Seguro? ¿Qué es eso que escondes bajo tu carro?

—Solo es un tronco de árbol.

—Si fuese un tronco, estaría sobre el carro y atado con una cuerda, no debajo de él.

El oso que oyó esto, suplicó al campesino:

—¡Pronto!, súbeme al carro y átame.

El campesino no se lo hizo repetir. Cargó el oso en el carro, lo ató y cuando ya lo tuvo inmovilizado, lo molió a golpes mientras repetía:

—Vete de este bosque y no vuelvas jamás si no quieres que te entregue a los cazadores.

Cuando el oso, más muerto que vivo, se hubo marchado, apareció el zorro para reclamar sus honorarios:

—Y ahora, págame lo que me debes.

—Con mucho gusto lo haré. Acompáñame a casa y podrás escoger las gallinas que más te gusten.

El campesino en el carro y el zorro corriendo delante emprendieron el camino.

Cuando ya estaban cerca de la granja, el hombre silbó y enseguida acudieron sus perros, que al ver al zorro, se pusieron a perseguirlo.

Muerto de miedo, el animal echó a correr hacia el bosque y, una vez allí, se escondió en su guarida.

Después de recuperar el aliento, empezó a preguntar:

—Ojos míos, ¿qué habéis hecho mientras corría?

—¡Estábamos atentos al camino para que no tropezaras!

—Orejas mías, ¿qué habéis hecho mientras corría?

—¡Escuchábamos por si los perros se acercaban demasiado!

—Pies míos, ¿qué habéis hecho mientras corría?

—¡Correr a todo correr para que no te alcanzaran los perros!

—Y tú, rabo mío, ¿qué has hecho mientras corría?

—Yo —dijo el rabo— como estaba asustado, me metía entre tus piernas para que tropezases conmigo, te cayeses y los perros te mordiesen con sus dientes.

—¡Cobarde! —gritó furioso el zorro—. ¡Ahora vas a recibir tu merecido!

Y sacando el rabo fuera de la cueva, exclamó:

—La culpa ha sido de este rabo traidor. ¡Comedlo, perros!

Los perros agarraron con sus dientes el rabo y tiraron y tiraron de él, hasta conseguir sacar al zorro entero de su cueva y no pararon hasta darle, a dentelladas, un buen escarmiento.

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

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17 comentarios el “El hombre, el oso y el zorro

  1. magailustra
    06/07/2017

    Una historia críptica, llena de significados ocultos … Gracias Martes de Cuento 😀

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  2. Óscar
    05/07/2017

    Por qué las partes de un zorro ruso tienen vida propia? Muy buen cuento. So final el hombre supo proteger su trabajo ante los abusones. Eso no duele ocurrir. Besitos

    Le gusta a 1 persona

    • Martes de cuento
      06/07/2017

      😂😂😂😂😂😂😂 ¡qué bueno! Pues no sé el porqué, pero parece que por esos lares, los rabos no están muy bien vistos. Será por eso que los usan para hacer cuellos de abrigo 😂😂
      Un abrazo, Óscar.

      Le gusta a 1 persona

  3. #Jerby
    05/07/2017

    Es curiosa la buena opinión que tienen los rusos de si mismos. En otros lares, los animales son más listos que los hombres.

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  4. Julie Sopetrán
    05/07/2017

    Es un cuento más complicado o un poco diferente, pero puede tener distintas interpretaciones, yo elegí una en general como resumen de mi lectura. Todos los cuentos nos enseñan algo y este tiene mucho dentro. Me ha gustado, y lo comparto. Te dejo en una décima mi conclusión. Un beso fuerte y siempre mi cariño y admiración por tu trabajo.

    Hay gente por este mundo
    que no sabe lo que quiere;
    y así, fuere lo que fuere
    su gusto es meditabundo.
    Se aprovechan con rotundo
    dominio de quien te engaña,
    que la mentira acompaña
    a quien vive de lo ajeno,
    y el desafío no es bueno
    porque todo lo enmaraña.

    Julie Sopetrán

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    • Martes de cuento
      08/07/2017

      Tienes razón en que es un cuento que se aparta de lo habitual y que hace falta pensarlo un poco más, sin embargo, has sabido captar su esencia en tu décima.
      Miles de besos, Julie.

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  5. María
    04/07/2017

    Muy listo el campesino y muy tontorrones el oso y el zorro. Aunque con lo listo que son los zorros, no acabo de entender porque saca el raco para que se lo coman.
    Besetes, Nona.

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  6. Toni
    04/07/2017

    Está claro que éste campesino tiene soluciones para todo 🙂 y si el rabo del zorro no hubiese dicho nada aún estaría en guarida!

    Empezamos el primer martes de julio con mucha maña 🙂

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    • Martes de cuento
      08/07/2017

      😀 😀 😀 El rabo debía haber mentido un poco, pero parece ser que las partes del cuerpo no nos pueden mentir 😉

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  7. evavill
    04/07/2017

    Casi que me han dado pena el oso y el zorro.
    No sé cómo interpretar lo del zorro, ¿tal vez que debemos ser benevolentes con nuestras debilidades porque forman parte de nosotros? O lo mismo no tiene interpretación.
    Luego me das tu versión.
    Un beso, Nona

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    • Martes de cuento
      08/07/2017

      Tu interpretación es muy buena, Eva. La verdad es que yo lo había interpretado más negativamente. Estamos tan acostumbrados a echar las culpas a los demás de lo malo que nos ocurre, que no somos conscientes de que, muchas veces, nos hacemos a nosotros mismos la zancadilla 😉
      Si quieres que te diga la verdad, este cuento siempre me ha hecho dudar muchísimo en su significado. Al menos las traducciones que he leído de él, así que decidí escribir una versión que pensé que quedaba más clara, pero parece que no lo he conseguido 😀 😀 😀 😀
      ¡Un abrazo, Eva!

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  8. Pingback: ¿Parecido a las fábulas? | Lapizázulix, la galaxia del cuento

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Esta entrada fue publicada en 04/07/2017 por en Cuento popular y etiquetada con , , , , , , , , .
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