Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

La tortuga cantora

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Ilustración: SethFitts

Cuando los humanos aún comprendían el lenguaje de la naturaleza, vivió, en una remota aldea del centro de África, un gran cazador.

Cierto día, yendo tras las huellas de un león, se alejó más que de costumbre y se adentró en las profundidades de un espeso bosque, en un paraje en el que jamás antes había estado.

Miraba a su alrededor intentando ubicarse, cuando, de pronto, se quedó petrificado al oír una melodiosa voz que cantaba:

—El hombre es quien se obliga a las cosas. No son las cosas las que lo obligan a él.

El sosegado canto, acompañado por las suaves notas de un violín, dejó al cazador tan ensimismado, que se olvidó por completo del león y en su corazón sintió una gran paz.

Cuando la música se terminó, lleno de curiosidad, empezó a buscar entre los arbustos.

Intentaba orientarse por algún ruido, como solía hacer cuando cazaba. Le había parecido que aquella dulce tonada provenía de la derecha y allí se dirigió, para descubrir con asombro, al apartar una mata, que la intérprete era una tortuga gigante, que lo miraba con tranquilidad:

—Te deseo buenos días, cazador.

El hombre no salía de su asombro. Nunca en su vida había presenciado algo tan maravilloso.

Tal fue el efecto que provocó sobre él aquel encuentro que, sin poder resistirse, recorría cada día el largo camino desde su casa hasta el lejano bosque para escuchar la melodía de la criatura mágica.

Tras muchos días y muchos ruegos, consiguió que la tortuga cantora accediera a marcharse con él para vivir juntos en su choza. De este modo, no tendría que desplazarse a diario tan lejos para poder oír su canto.

Sin embargo, la tortuga puso una condición para emprender el camino. Le advirtió que únicamente cantaría para él y que nunca, nunca, bajo ningún concepto, debía pedirle que interpretara su canción en presencia de otros humanos. El cazador estuvo de acuerdo y prometió que respetaría el acuerdo.

Durante una larga temporada vivieron juntos y la tortuga entonaba su canto para él, tal y como le había prometido. Pero llegó un día en el que el cazador, no contento con escuchar a solas la maravillosa canción, empezó a imaginar lo mucho que podría presumir ante el mundo de aquel don mágico que el animal poseía y de los beneficios que aquel arte único le podía reportar.

Decidió, entonces, contar su secreto a una persona, y esa persona se lo contó a otra, y esa otra a otra y a otra más. Hasta que, finalmente, el secreto, que ya no era secreto, llegó a oídos del jefe de la tribu, el cual ordenó al cazador que se presentara ante él para oír, directamente de sus labios, aquella increíble historia.

Él cazador le describió con todo lujo de detalles cómo era la tortuga, cuál era el tono de aquella voz que enamoraba, e incluso se atrevió a tararear la canción que entonaba, pero ni el jefe ni nadie en el pueblo creyeron lo que les contaba. Se burlaban del que, en otro tiempo, había sido el mejor cazador del poblado y que ahora, decían, era solo un loco.

Tanto se mofaron, tanto porfiaron, que el cazador acabó por decir indignado:

—Os demostraré que no estoy loco. Mañana vendré acompañado de la tortuga y vosotros mismos comprobaréis que todo lo que cuento es cierto. Ya veremos quién ríe entonces. Si os he mentido, si no es cierto lo que cuento, me marcharé para siempre de aquí y nunca me volveréis a ver.

—De acuerdo —le contestaron—. Te damos todo el día de mañana, desde la salida hasta la puesta del sol, para demostrarnos que dices la verdad. Si es cierto que tu tortuga canta, podrás pedirnos lo que quieras.

El cazador regresó a su casa, contento del modo en que se habían desarrollado los acontecimientos y feliz, porque les daría una lección a todos por no haber creído sus palabras.

Cuando el primer rayo de sol entró por la ventana de la choza, se levantó y puso rumbo al lugar en el que se celebraban las asambleas del poblado. Junto a él, despacio, caminaba la tortuga.

El pueblo al completo lo esperaba para escuchar el milagro.

El cazador pidió a la tortuga que cantara, pero ella permaneció impávida, mirando hacia delante, como si no hubiera oído nada.

Una y otra vez, el cazador solicitó, ordenó, imploró y suplicó de mil formas distintas que interpretase su canción, pero fueron pasando los minutos, que se convirtieron en horas, sin que la tortuga se moviera. Permanecía muda; con la vista clavada al frente.

Primero avergonzado y después temeroso, el cazador seguía intentando, por todos los medios, convencerla, pero de nada sirvieron ruegos o amenazas. Todo fue en vano.

Con el último rayo de sol, el humillado cazador recogió todas sus pertenencias y se marchó para siempre del poblado. Entre burlas, se alejó río abajo con su canoa y nunca más se volvió a saber de él.

Justo en el momento en que ya solo era un puntito en la lejanía, para sorpresa de los habitantes de la aldea, la tortuga cantó:

Se miraron unos a otros y uno de ellos dijo con voz triste:

—Era verdad. Pero por culpa de la tortuga, que no ha cantado y por nuestra culpa, por no creer lo que decía, se ha tenido que marchar. Ahora nunca lo volveremos a ver.

—Él se lo ha buscado —aclaró la tortuga—. Yo vivía tranquilamente en el bosque, pero insistió tanto, que accedí a venir aquí con él. Solo puse una condición: que guardara mi secreto y que no me pidiera jamás que cantara ante otros. Si hubiera cumplido su palabra, no habría pasado nada.

Dicho esto, la tortuga se puso en marcha y se alejó del pueblo entonando su canción:

—El hombre es quien se obliga a las cosas. No son las cosas las que lo obligan a él.

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

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41 comentarios el “La tortuga cantora

  1. Óscar
    26/06/2017

    Todo sería mucho más fácil si se cumplieran los tratos que se hacen. Un cuento muy bonito. Besitos

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    • Martes de cuento
      26/06/2017

      O, al menos, si no se prometiera a tontas y a locas.
      Se debería enseñar que la palabra dada debe respetarse y que es mejor callar que decir cualquier cosa.
      ¡Un abrazo, Óscar!

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  2. elviernesdenicole
    25/06/2017

    Gracias por compartir este hermoso cuento. Una bella lección. Necesitaba esta inspiración para un cuento!!! Muchas muchas gracias

    Le gusta a 1 persona

  3. Julie Sopetrán
    24/06/2017

    Creo que es un cuento del que tenemos que aprender muchas cosas. Lo he disfrutado mucho al regreso de estas pequeñas vacaciones en el mar. Creo que es muy importante siempre cumplir con la Palabra y con lo que prometemos… Si nos saltamos esa regla no ha de sorprendernos las conductas humanas… Me ha encantado el cuento, amiga. Mi abrazo y cariño siempre. Besos.

    Un secreto no se cuenta
    porque es más que un concordato,
    y cuando se firma un trato
    difamarlo, es una afrenta.
    La tortuga, descontenta
    castigó con no cantar,
    y se marchó del lugar.
    El cazador humillado
    se alejó de aquel poblado
    ¿y… aprendería a callar?

    Julie Sopetrán

    Le gusta a 1 persona

    • Martes de cuento
      26/06/2017

      Fantástico poema que da para escribir una continuación del cuento.
      ¿Qué fue del cazador lejos de su casa? ¡Seguro que aprendió la lección! Ahora respeta la palabra dada siempre 😉
      Espero que tus pequeñas vacaciones hayan sido perfectas y las hayas disfrutado a tope. El mar siempre inyecta nuevas fuerzas a los poetas como tú 😉

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  4. Gran moraleja final y qué pesadez la del ser humano empeñado siempre en que se haga lo que él quiera y en no saber guardar secretos.
    Un fuerte abrazo y buen fin de semana.

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    • Martes de cuento
      24/06/2017

      Los hombres siempre nos hemos creído el centro del universo y parece que aquello que queremos debe hacerse. No tenemos en cuenta al resto de seres vivos, que comparten el mismo espacio con nosotros y que son mucho más respetuosos con él.
      ¡Un abrazo grande!

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  5. The Askmaster
    22/06/2017

    Reblogueó esto en Directas & Indirectas.

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  6. juanicasco
    22/06/2017

    ¡Aisss! Si no compartimos nuestra suerte no la disfrutamos completamente. El cazador no cumplió su promesa y la tortuga fue inflexible. Yo me temo que sucumbiría a los ruegos y lloros. Soy de corazón blandito ¡Un abrazo!

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  7. Maribel
    22/06/2017

    Vaya lección le ha dado la tortuga a todos un cuento fantástico.
    Besss
    Maribel

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  8. capicuentos
    22/06/2017

    Las promesas hay que cumplirlas. Si uno sabe que no va a poder, mejor no comprometerse. ¡Muy lindo cuento! A la espera del cuento N° 200. Un saludo.

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    • Martes de cuento
      24/06/2017

      🙂 ¡Cierto! La palabra dada debería ser importante y no algo dicho a tontas y a locas.
      ¡199 abrazos de cuento! y el próximo martes, uno más 😉

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  9. Borgeano
    21/06/2017

    ¿Es probable que haya leído este cuento con otro animal como personaje? Creo recordar un historia parecida…
    Por cierto, como siempre, la moraleja es totalmente compartible y es algo que podría relacionar con lo que hablé hace un par de días: aprender que somos poca cosa significa aprender a vivir con lo que tenemos y nada más. Es decir, el cazador debería haber aprendido a ser feliz con lo que tenía y nada más ¿No?

    Un abrazo.

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    • Martes de cuento
      24/06/2017

      En este blog no lo recuerdo ahora mismo, pero es fácil que lo hayas hecho en otro o en algún libro.
      Los cuentos populares son la filosofía de la calle y en Kumasi, Bluff o Akureyri las personas son parecidas, así que quizá lo leyeras con un canguro, un tigre o un oso polar por medio 😉
      En este cuento, yo veo más de una moraleja. Una es la que tú indicas. Otra podría ser, que si las cosas no salen como queremos, no debemos echar la culpa a las cosas, sino que debemos ser capaces de hacernos responsables de lo ocurrido.
      Hoy en día, cuando nadie es responsable de nada y todo es culpa del otro, de las circunstancias, de la sociedad o de un «ente incorpóreo» llamado coyuntura, circunstancias, economía, crisis… o de cualquier otra cosa, es bueno recordar que deberíamos ser capaces de reconocer aquello que nosotros mismos nos buscamos 😉
      ¡Un abrazo!

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      • Borgeano
        24/06/2017

        No lo aclaré, pero creo haberlo leído en algún libro, en algún lado, en algún tiempo… no hay nada preciso, pero sí una idea general.
        Creo que tu lectura es mucho más rica que la mía y mucho más adecuada para planteársela, al menos en los términos que pudieran entender, a los niños.

        Abrazo de retorno.

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        • Martes de cuento
          26/06/2017

          Todas las lecturas son válidas y complementarias y esto nos lleva de vuelta a tu pez, jajajjajaja.
          Me gusta pensar que a más lecturas, más significados y a lectores más experimentados, más mensajes 😉

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  10. #Jerby
    21/06/2017

    Parece ser que nos acabamos olvidando de nuestros compromisos por un poco de notoriedad. Las formas conforman.

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  11. bellaespiritu
    20/06/2017

    Hermosa y educativa narración… cuesta aprender a preservar lo bueno de la exhibición, se necesita la mirada del otro para alimentar la importancia personal.
    Un cariño enorme, Martes de cuento.

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    • Martes de cuento
      21/06/2017

      Como dices, en ocasiones, no somos capaces de vernos y apreciarnos sino es a través de la mirada ajena. Para bien y para mal, parece que los humanos necesitan compartir y mostrar para realizarse.
      Un abrazo, Bella.

      Le gusta a 1 persona

  12. guiomar52
    20/06/2017

    Hermoso

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  13. Toni
    20/06/2017

    Y es que los humanos no tenemos remedio! 😦 Demostración clara de lo difícil que es mantener una promesa. Feliz martes 🙂

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    • Martes de cuento
      20/06/2017

      Parece que a los humanos nos cuesta horrores pasar desapercibidos y gozar de las cosas sin mostrarlas al mundo. ¡Suerte que era un antiguo cazador y aún no lo había tocado la tecnología , sino ya lo veo subiendo la canción de la tortuga a YouTube! 😀 😀 😀 😀
      ¡Feliz martes, Toni!

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  14. evavill
    20/06/2017

    No supo cumplir su promesa, le pudo el ego, fuente de la mayoría de nuestros males.
    Besos

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    • Martes de cuento
      20/06/2017

      Exacto, Eva. Como a muchos humanos, no le bastó ser feliz, debía enseñar al mundo su felicidad para que esta fuera completa.
      Dicen que el % más elevado de todo lo que se disfruta ocurre cuando se rememora, no cuando se vive. De ahí las fotos, los relatos, contarlo a otros…
      Hoy, más que nunca, vivimos de cara al exterior 😉

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  15. Fuentegrís
    20/06/2017

    Qué precioso e imaginativo es este cuento, me ha encantado.

    Le gusta a 1 persona

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Esta entrada fue publicada en 20/06/2017 por en Cuento popular y etiquetada con , , , , , , , , , .

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