Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

Purita boba

Ilustración: Sei00

Vivía una vez, en una pequeña aldea, una muchacha cuyo nombre era Purita, pero a la que todos llamaban Purita boba. Como a ella no le gustaba que la llamaran así, un día, mató la única vaca que tenía e invitó a todos los del pueblo a comer para decirles que no lo hicieran.

Mientras comían, los vecinos se burlaba de ella:

—¿De qué vivirás ahora que has matado la vaca?

Y en lugar de Purita boba, empezaron a llamarla Purita bobaza.

Visto lo visto, Purita cogió la piel de la vaca y se fue a la capital a venderla.

Al llegar a las afueras de la ciudad, como hacía mucho calor, decidió tomar el fresco; se echó al pie de un árbol y se cubrió con la piel.

Mientras echaba la siesta, sucedió que un cuervo, creyendo que era una vaca de verdad, se posó sobre ella y la empezó a picotear. Purita se despertó, atrapó el ave y se la guardó.

Se dirigió al mercado, vendió la piel por siete monedas de oro y tomó el camino de regreso a su pueblo, pero antes de llegar a su casa, oscureció, así que decidió pasar la noche en una fonda cochambrosa, en la cual, para alojarla, le pidieron un dineral.

En la fonda, Purita encargó comida para dos y fue a su habitación a lavarse las manos. Aprovechó entonces para poner tres monedas bajo el felpudo de la puerta principal, y otras cuatro en la escalera que conducía a las habitaciones: dos monedas en el primer escalón y dos en el último.

Hecho esto, bajó al comedor y esperó a que le sirvieran la cena, pero nadie la atendía porque los posaderos creían que esperaba a alguien.

—¿Es que nadie nos va a servir? —preguntó Purita.

—Pero, ¿no esperarás a tu acompañante? —preguntó, a su vez, la dueña de la fonda.

—Mi acompañante es este cuervo.

Los posaderos, intrigados, le preguntaron:

—¿Y a qué se dedica el animal?

—Es adivino —dijo Purita—. Puede adivinar cualquier cosa.

Entonces le pidieron que adivinase algo y Purita, pasando la mano por el cuerpo del cuervo, de la cabeza a la cola, ordenó:

—¡Cuervo, adivina!

Y el cuervo graznó:

—¡Gra!, ¡gra!

—¿Qué es lo que ha dicho? —inquirió intrigada la posadera.

—Ha dicho —contestó Purita— que bajo el felpudo de la puerta principal hay tres monedas de oro.

La posadera fue corriendo, levantó el felpudo y allí, donde el cuervo había dicho, encontró las tres monedas de oro.

Maravillada, volvió y le dijo a Purita:

—Véndeme el cuervo.

Pero Purita, no contestó. Volvió a pasar la mano por encima del cuerpo del cuervo y volvió a pedirle:

—¡Cuervo, adivina!

—¡Gra!, ¡gra! —repitió el cuervo.

—¿Y ahora qué ha dicho? —preguntó de nuevo la posadera— ¿Qué es lo que ha dicho ahora?

—Ha dicho —contestó Purita—, que en la escalera hay cuatro monedas. Dos en el primer escalón y dos más en el último.

Allá que se fue la posadera corriendo, las encontró enseguida y volvió aún más maravillada:

—Me tienes que vender ese cuervo. Te daré por él mil monedas de oro.

Y dicho y hecho, Purita metió las monedas en la bolsa, dejó allí el cuervo y se volvió a su pueblo.

En cuanto llegó al pueblo, avisó a todo el mundo y cuando estuvieron todos reunidos en la plaza mayor, abrió la bolsa y enseñó a sus vecinos las mil monedas de oro.

—Mirad, esto es lo que he obtenido en la capital por la piel de la vaca.

Al ver aquello, todos los vecinos mataron sus vacas y se fueron a vender las pieles a la ciudad. Pero resultó, que después de haberlas vendido, apenas si obtuvieron dinero suficiente para pagarse el viaje de vuelta, y volvieron muy enfadados al pueblo diciendo que iban a escarmentar a Purita boba.

Cuando llegaron al pueblo, se dirigieron directamente a casa de la muchacha y la destrozaron entera de arriba abajo.

Al día siguiente, Purita reunió los escombros de su casa, los metió en un saco y se fue a la capital a venderlos.

Llegó muy cansada y quiso desayunar, pero el dueño del establecimiento no quería dejarla pasar con el saco:

—Deja que lo entre, contiene cosas muy valiosas que llevo a vender al mercado. —le dijo Purita.

—¡Aquí no quiero sacos! Lo puedes dejar en el patio, con los cerdos, pero te cobraré por dejarlo ahí.

Purita aceptó y mientras tomaba su desayuno, la piara de cerdos se comió todo lo que contenía el saco.

Al ver lo ocurrido, Purita le dijo al tendero que los cerdos se habían comido lo que contenía el saco y que era muy valioso. Empezaron a discutir y ya se disponía Purita a llamar al juez, cuando el tendero le ofreció dos mil monedas de oro que ella se avino a aceptar y con ellas en la bolsa se volvió al pueblo.

Llegado que hubo al pueblo, tocó las campanas para congregar a todo el mundo y así que estuvieron todos, abrió su bolsa, mostró el oro y contó que aquel era el beneficio de vender los escombros de su casa en la capital.

Los vecinos se apresuraron entonces a destrozar sus casas, cargaron los escombros en sacos y se fueron a la ciudad a venderlos. Allí estuvieron mucho rato pregonando su mercancía, hasta que unos guardias los detuvieron y les dieron una buena paliza por estafadores.

Volvieron al pueblo jurando vengarse de Purita boba, pero ella se había escondido para que no la encontraran. Entonces, los vecinos quemaron su casa.

Purita boba recogió las cenizas y anunció que se iba a venderlas a la capital. Mezcló con las cenizas las joyas que el fuego no había quemado y cuando llegó a la ciudad se sentó en un banco.

Al poco rato, pasó un señor que le preguntó:

—Chica, ¿qué llevas en ese saco?

Y Purita boba le contó que llevaba sus joyas entre la ceniza para que no se le estropearan. El señor pensó que Purita era boba y le ofreció por el saco cinco mil monedas de oro que Purita aceptó.

De regreso al pueblo, mostró sus ganancias y contó a sus vecinos que aquello era lo que le habían dado por las cenizas.

Los vecinos quemaron sus casas y corrieron a la capital para vender las cenizas y como no vendieron nada, regresaron decididos a escarmentar a Purita de una vez por todas.

La cogieron y la metieron en un saco con la intención de tirarla al río, pero como antes tenían otras cosas que hacer, ataron el saco a un árbol, cerca de la orilla, con la idea de volver más tarde y acabar la faena.

Cuando oyó que se alejaban, Purita boba empezó a gritar:

—¡Que no me caso con él! ¡Aunque sea un príncipe, yo no me caso con él!

Acertó a pasar por allí una pastora con su rebaño y al oír las voces de Purita, le dijo que la liberaría a condición de casarse ella con el príncipe, pero que si no aceptaba, se quedaría dentro del saco. Purita aceptó y cambiaron de lugar: la pastora se metió en el saco y Purita se marchó con las ovejas.

Volvieron los vecinos y echaron el saco al río, sin sospechar que no era Purita la que estaba dentro.

Al volver al pueblo, se encontraron con Purita, que pastaba las ovejas, y le dijeron:

—¡Pero, bueno! ¿A ti no te hemos echado al río? ¿De dónde vienes, entonces, con las ovejas?

Y les respondió Purita boba:

—Es que el río está lleno de ellas. Y si más hondo me echáis, más ovejas hubiera encontrado.

Los vecinos corrieron hacia el río y empezaron a tirarse de cabeza y cada vez que uno gorgoteaba, porque tragaba agua, los demás preguntaban a Purita:

—¿Qué dice? ¿Qué dice?

Y Purita les contestaba:

—Que os tiréis, que os tiréis, que hay muchas ovejas.

Y todavía están en el río buscando ovejas, mientras Purita lleva cada mañana su rebaño a pastar.

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?rainbow_pencil_avatar_by_shirokuro_chan

28 comentarios el “Purita boba

  1. A. Losa
    26/05/2017

    A Purita la venganza se le fue de las manos. Claro, que los vecinos eran tontos de campeonato. No sé si reirme o que me entre pena por ellos, así que, como soy pez optimista, me voy a reir un rato y a buscar ovejas con ellos.

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    • Martes de cuento
      29/05/2017

      De hecho, ella no se vengó en ningún momento, solo se limitaba a sacar partido de sus desventajas y a contar cómo le iba. Los demás eran los que se metían de cuatro patas en el cubo por listillos 😀 😀 😀 😀

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  2. dehanoiabarcelona
    22/05/2017

    Qué bien me cae Purita! Muy lista ella, sí señor! 😊

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    • Martes de cuento
      22/05/2017

      🙂 Es que hay quien se cree muy listo, pero luego las cosas no salen como había imaginado y los tontos se acaban llevando el gato al agua 😀 😀 😀
      ¡Feliz día 😉

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  3. María
    19/05/2017

    Pues no era tan boba Purita. Más bien los vecinos son los que lo son porque mira que caer otra vez en lo mismo!
    Besos Nona!

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    • Martes de cuento
      21/05/2017

      😀 😀 😀 No, María, de boba no tenía nada, pero ya sabes qué dicen: «cría fama…». Los vecinos, tan convencidos de que era tonta, no fueron capaces de ver la realidad 😉
      ¡Un abrazo!

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  4. eldiariodesensi
    18/05/2017

    Estos vecinos no solo eran tontos sino que tropezaban siempre en la misma piedra. Yo con el primer ¡zasca! me habría dado por satisfecha, pero estos vecinos no. Menos mal que se ahogaron que sino todavía estarían haciendo tonterías.

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    • Martes de cuento
      21/05/2017

      😀 Tú eres una mujer muy lista, pero esos vecinos no, y la mayor parte de la gente tampoco. Generalmente, cuando a alguien se le cuelga la etiqueta de tonto, con ella se queda aunque demuestre una y mil veces que no lo es 😉

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  5. evavill
    18/05/2017

    Purita de boba no tenía nada. Se aprovechaba de algo que por desgracia abunda, la ambición y la envidia, para prosperar y salvar el pellejo.

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    • Martes de cuento
      21/05/2017

      Es frecuente ver estas actitudes en el mundo empresarial. Tal vez Purita creó la primera escuela de marketing 😀 😀 😀 😀 Porque mira que somos «vecinos» los consumidores, que sabemos que lo que nos venden es malo, pero ahí que caemos una y otra vez, empeñando hasta nuestros bienes en créditos y ahogándonos en deudas y, aun así, seguimos creyendo que somos muy listos y, en realidad, somos como los corderitos de Purita 😉
      ¡Feliz día, Eva!

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  6. juanicasco
    18/05/2017

    Vaya un puñado de tontainas ambiciosos y envidiosos los vecinos de Purita!!! Jaja…todos ahogados y ella tan ancha!!! La verdad no conocía el cuento y lo he disfrutado. Un abrazo!!!

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    • Martes de cuento
      21/05/2017

      😀 😀 😀 Es un cuento muy divertido y que creo que, aunque aparentemente parezca una tontería, da mucho en lo que pensar, porque la sociedad actual tiene mucho de «vecino» 😉
      ¡Un abrazo, Juani!

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  7. #Jerby
    17/05/2017

    Podría parecer que esto no pasa en la vida real. Pero basta ver todos los cursos de Internet que te prometen que te harás rico con ellos. Y el único que se hace rico es quien los da. 😀

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  8. Julie Sopetrán
    17/05/2017

    El cuento me ha encantado, y de él podemos sacar bastantes enseñanzas. Si alguien es diferente o hace cosas diferentes, critican, toman envidias, ponen motes… Se fijan en lo que hace esa persona. Y así nace la envidia, y así todos quieren imitar o ser como no son y ahí está Purita con su ingenio dándoles sopapos a todos los que miran y remiran lo que ella hace… y en fin podríamos hablar tanto del cuento que no tendría fin. Por eso te dejo la décima que resume lo que pienso del cuento… Decirte que e ha encantado, es poco. Mil gracias y mi fuerte abrazo con décima…

    No te rías de lo ajeno
    no imites a los demás,
    porque quedarás detrás
    de lo malo y de lo bueno.
    Sentir envidia es obsceno
    Presumir es dar la coba,
    nunca desprecies tu escoba
    aunque te traten de esclava,
    el que imita… mal acaba
    mejor ser: Puri la boba.

    Julie

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    • Martes de cuento
      17/05/2017

      Me gusta, en especial, de la décima esta frase:
      «no imites a los demás,
      porque quedarás detrás
      de lo malo y de lo bueno».
      Y es que, ciertamente, lo mejor es ser uno mismo e intentar hacer las cosas lo mejor posible, porque cualquier imitación, por buena que sea siempre será menos buena que el original y si el modelo es malo, lo imitado será peor. Así que, sea como sea, siempre lo haremos peor.
      Definitivamente… ¡me quedo con mi escoba! 😀 😀 😀
      Gracias, porque siempre me haces ir un poco más allá con tus versos.
      Mil abrazos, Julie.

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  9. Caramba con la niña boba, se necesita ser bobo -como lo demostró cada uno de los habitantes del pueblo- para no darse cuenta de la listura de la pequeña.
    Me ha encantado el cuento, tiene dinamismo, imaginación y moraleja.
    Un fuerte abrazo.

    Le gusta a 1 persona

    • Martes de cuento
      17/05/2017

      😀 😀 😀 Ya sabes, Isabel, en ocasiones los humanos estamos tan convencidos de la tontería ajena, que no podemos creer que sean más listos que nosotros.
      Un abrazo.

      Le gusta a 1 persona

  10. Óscar
    16/05/2017

    Me ha encantado el cuento. De boba no tenía un pelo. Vaya pueblo de borregos… Besitos!

    Le gusta a 1 persona

    • Martes de cuento
      17/05/2017

      😀 😀 😀 Cualquier día, se lleva Purita a todos los vecinos a pastar con sus ovejas.
      ¡Un abrazo, Óscar!

      Me gusta

  11. Toni
    16/05/2017

    Purita es GENIAL!!!! no tanto como vosotr@s que nos alegráis la vida 🙂

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    • Martes de cuento
      16/05/2017

      😀 😀 😀 A mí también me cae muy bien. A lo tonto, a lo tonto… ¡es la más lista!
      Un gran abrazo, Toni.

      Me gusta

  12. magailustra
    16/05/2017

    Jajaja, que ingeniosa Purita. Me gustó. hay gente que le saca el jugo a todo 😉

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  13. Borgeano
    16/05/2017

    Como ya te he dicho, has logrado que vuelva a leer cuentos infantiles con la misma satisfacción de cuando era niño. Este tipo de relatos, además, que llevan un ritmo de “ida y vuelta” constante, tienen el encanto de que uno, sabiendo más o menos lo que continuará, lo sigue leyendo porque simplemente suenan estupendos.
    Gracias por llevarnos a la infancia nuevamente, aunque sea por un ratito.

    Un abrazo.

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    • Martes de cuento
      16/05/2017

      🙂 Pues no sabes cuánto me alegro. Estoy convencida de que la mejor forma de olvidarse de lo prosaico y de lo rutinario, es rescatar en nosotros la parte infantil que tan a menudo olvidamos, porque nos parece superficial o porque nos parece inmadura.
      Unas gotitas de Peter Pan en la personalidad son un gran remedio para muchos males.
      ¡Un abrazo kilométrico! 😉

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