Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

La Pequeña Hada y las magdalenas flotantes

Ilustración: nicolas-gouny-art

La Pequeña Hada estaba muy contenta, había terminado su tercer año en la Academia de Hadas Buenas y le habían entregado una nueva varita mágica.

Por supuesto que no había terminado sus estudios, así que, aunque su varita no tenía un poder infinito, sí podía efectuar pequeños encantamientos con ella, siempre y cuando fueran para aliviar tristezas y penares; mejorar la vida de algún ser; facilitar entuertos o causar divertimentos inocentes.

Era tan bonita, que no se cansaba de mirarla. Estaba coronada por una estrella y cuando el sol la tocaba, despedía miles de resplandecientes rayos de colores, como si estuviera hecha de diminutos espejos.

Así iba nuestra amiguita, saltando de alegría y feliz, dibujando figuras en el aire con su varita, como si fuera una imaginaria batuta. Dirigiendo una orquesta de mariposas, pajarillos y abejas en una brillante sinfonía inventada.

Tanta emoción había llegado hasta su tripa, que empezaba a reclamar la merienda. Por lo que nada más llegar a casa, se puso manos a la obra y en un plis plas tenía una bandeja de magdalenas dorándose en el horno:

—¡Mmmm! ¡Estoy deseando que se enfríen para comérmelas todas! —se decía relamiéndose al pensar en lo ricas que estarían con esa costra azucarada por encima, cuando, «toc, toc, toc», una llamada en su puerta la interrumpió:

—Hada, soy Osito, ¡abre!

—Hola Osito, ¿qué haces por aquí?

—Mamá, papá y yo perseguíamos a Ricitos de Oro, que se ha comido toda nuestra sopa, cuando me ha traído hasta aquí un aroma delicioso.

—Es de las magdalenas que se están horneando. Si te esperas, te regalaré una.

—Sí, muchas gracias, Pequeña Hada, ¡tengo tanta hambre! ¿Y podrías también regalarme una para mamá y otra para papá?

—¡Por supuesto!

La Pequeña Hada era generosa y como Osito había sido muchas veces su compañero de juegos, estaba encantada de compartir con él sus magdalenas.

De pronto, les llegó desde la calle un pequeño alboroto; un elefante y una vaca porfiaban.

—¡Te digo que es pastel!, vaca ignorante.

—¡Y yo te digo que es bizcocho!, elefante tragón.

—¿Crees que tu nariz chata puede competir con mi trompa?

—¡Pues claro!, porque en tu larga trompa el olor se pierde.

La Pequeña Hada y Osito se miraban asombrados ante tan absurda discusión.

—A ver, a ver, ¿por qué discutís? —preguntó La Pequeña Hada.

—Venimos siguiendo el rastro de un aroma dulce y delicioso, pero no nos ponemos de acuerdo en si es pastel de limón o bizcocho de chocolate. En lo que sí estamos de acuerdo es en que proviene de tu cocina. ¿Puedes decirnos qué estás cocinando y así saldremos de dudas?

De este modo hablaron el elefante y la vaca, y se quedaron aguardando la respuesta.

—Pues ya podéis dejar de reñir porque ninguno de los dos ha acertado ¡Son magdalenas! —dijo la Pequeña Hada.

—¡Ohhhhhh! —exclamaron al unísono los dos animales— ¡Magdalenas! ¿Nos dejarás probar una? —rogaron.

La Pequeña Hada no podía negarse.

—¡Claro!, en cuanto salgan del horno.

La vaca le pidió también una para su ternerito y el elefante otra para una leona desdentada, a la que el dulce le encantaba.

El barullo atrajo a más vecinos, que también querían magdalenas para ellos mismos, para sus hermanos, vecinos, compañeros… Y a todos, la Pequeña Hada dijo que sí. ¿Qué otra cosa podía hacer? Les pidió que regresaran al cabo de una hora y se encerró en su cocina.

—¡Menudo lío! ¡No hay magdalenas para todos! ¿Qué haré? ¡No tengo tiempo de hornear más! Y, para colmo, se me ha terminado la harina. Tengo que pensar en algo rápido…

En estas cavilaciones andaba, cuando vio sobre la mesa de la cocina su varita nueva y decidió que era la ocasión perfecta para estrenarla. Inventaría un encantamiento y multiplicaría las magdalenas para que todos sus amigos tuvieran la suya ¡Qué magnífica idea!

Sin perder ni un instante, empuñó la varita y, al mismo tiempo que pronunciaba las palabras mágicas, dio unos golpecitos con ella en la puerta del horno:

¡Magdalín, magdalán!,
pocas magdalenas en el horno hay.
Varita, me has de ayudar y por cien multiplicar.
Una, dos y tres, ¡magdalenas por doquier!
¡Que todos puedan comer!

Se quedó mirando el horno esperando a que el hechizo surtiera efecto.

Pasaron dos minutos y nada.

Impaciente, pensó que no había pronunciado las palabras mágicas con suficiente fuerza y entonación, así que repitió el encantamiento con voz más grave y potente y golpeó de nuevo la puerta del horno con su varita:

¡Magdalín, magdalán!,
pocas magdalenas en el horno hay.
Varita, me has de ayudar y por cien multiplicar.
Una, dos y tres, ¡magdalenas por doquier!
¡Que todos puedan comer!

¡No pasaba nada! Habían trascurrido tres minutos más y empezaba a desesperarse, cuando se oyó un extraño ruido. Era como si mil pompas de jabón explotaran una tras otra, ¡plaf! ¡plaf! ¡plaf!

¡Zooooommmm!, la puerta del horno salió disparada y de su interior empezaron a salir magdalenas ¡Cientos de magdalenas! Flotaban por la cocina y escapaban por la ventana, como si de una bandada de parajillos se tratara.

La Pequeña Hada, del susto, se cayó al suelo y al instante las magdalenas la rodearon. ¡Vaya si había funcionado la varita!

Se abrió paso como pudo entre los apetitosos proyectiles y salió a la calle, donde cientos de magdalenas flotaban por el aire, como si la tierra hubiera perdido su gravedad.

Los habitantes de Isla Imaginada se afanaban tras ellas intentando atraparlas. Unos con cazamariposas, otros con capazos o cestas y los más, con las manos. Llenaban bolsillos y sombreros y el elefante tragón corrió a buscar una sábana de su cama —de tamaño elefante, claro— para recoger más magdalenas que nadie.

La calle era una fiesta. Todos reían, corrían y saltaban, tropezando unos con otros intentaban alcanzar el esponjoso dulce, pero a nadie le preocupaba, porque desde la ventana de la casita de la Pequeña Hada seguían saliendo más y más magdalenas ¡Habría rica merienda para todos durante muchos días!

Poquito a poco, el hechizo se deshizo y la Pequeña Hada fue felicitada por sus vecinos, que empezaban a marcharse a sus casas:

—¡Que idea tan bonita has tenido, hadita! —le dijo El Patito Feo.

—¡Otro día puedes hacer pastel de chocolate! —le pidieron Hansel y Gretel.

—No, no, ¡fresas con nata! —le rogó una Princesa encantada.

—¿Os imagináis miles de fresas envueltas en nubes de nata? ¡Mmmmmm! —Se relamió Osito.

Todos tenían la tripa llena, los cestos y bolsillos repletos y, lo mejor de todo, habían pasado una tarde estupenda disfrutado juntos, que era lo que más les gustaba.

Cuando todos se fueron, la Pequeña Hada se quedó pensativa. Sabía que algo en su encantamiento no había salido bien. Volvió a coger su varita y mirándola fijamente le preguntó:

—Dime, varita maravillosa, ¿qué hice mal? ¿Qué pasó?

—Yo te diré lo que pasó, Pequeña Hada —La interrumpió la Gran Hada Buena, que había presenciado en silencio todo el espectáculo—. Debes aprender a ser paciente. La varita es mágica, pero necesita tiempo para que el encantamiento se produzca. Cinco minutos son suficientes, pero tú no has sabido esperar y con cada golpe de tu varita, el hechizo ha comenzado de nuevo, así que se ha multiplicado cientos de veces.

—¡Vaya! Siento muchísimo todo este embrollo de magdalenas flotando ¡Estoy muy arrepentida! –Trató de disculparse.

—Bueno, no ha sido tan grave. Gracias a ti hemos pasado un rato memorable. Se hablará durante mucho tiempo de la tarde en la que flotaron las magdalenas, Y además, ¡qué caramba!, ha sido tan divertido… Aunque te daré un consejo: cuando cocines, cierra la ventana, no me gustaría que escaparan por ella fideos, garbanzos o calabacines.

Y sonriendo, la Gran Hada Buena enfiló camino adelante con un gran cesto repleto de magdalenas colgando de su brazo.

Más tranquila, la Pequeña Hada guardó la varita en un cajón. Pero se cuidó mucho, ¡muchísimo!, de no golpearla para evitar un nuevo tropiezo…  ¡Al menos de momento!

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?rainbow_pencil_avatar_by_shirokuro_chan

44 comentarios el “La Pequeña Hada y las magdalenas flotantes

  1. A. Losa
    26/05/2017

    Y bien ricas las magdalenas, que yo me las comí, a pesar de ser salmón. jajajaja

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  2. Óscar
    18/05/2017

    Qué cuento más bonito y divertido. Y dulce! Miles de magdalenas para todos. Besitos

    Le gusta a 1 persona

    • Martes de cuento
      21/05/2017

      🙂 Me alegra que te haya gustado, Óscar. Está escrito por Juani, una gran persona y una gran amiga, que en sus cuentos pone mucho de lo dulce y tierna que es ella misma 😉

      Le gusta a 1 persona

  3. dehanoiabarcelona
    08/05/2017

    Jajaja… tu pequeña hada me recuerda mucho a mi nena!!!
    Seguro que las magdalenas mágicas estaban de vicio!!! 😋😍

    Le gusta a 1 persona

    • Martes de cuento
      08/05/2017

      😀 😀 la impaciencia es característica intrínseca a los niños. Como la curiosidad. Sin ambas no habría desarrollo.
      Un beso para tu hada princesa 🙂

      Me gusta

  4. magailustra
    07/05/2017

    Me ha dado mucha hambre esta historia, de verdad. Creo que tengo un chocolate en la nevera y voy por él. Mi gratitud Martes de Cuento.

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  5. #Jerby
    03/05/2017

    Raudo parto a mi laboratorio a construir un cazamagdalenas. No tengo cazamariposas porque me gusta que las mariposas vuelen libres.

    Pero las magdalenas… prefiero que vuelen en mi barriguita. 😀

    Le gusta a 2 personas

  6. Realmente me encantaría conocer la casa donde habita esta pequeña hada para darme un paseo por allí y sumarme a todos cuantos se sintieron atraídos por el exquisito olor de sus magdalenas. Y por un momento coger su varita mágica y dar sobre la mesa un golpecito cada día para hacer a mucha gente feliz.
    Mucha gracias Nona por este delicioso cuento.
    Un fuerte abrazo.

    Le gusta a 2 personas

    • juanicasco
      03/05/2017

      Tendrás que hacer una excursión a Isla Imaginada en busca de la casa de la Pequeña Hada. Avísanos si la encuentras!! Saludos!!

      Le gusta a 1 persona

    • Martes de cuento
      03/05/2017

      🙂 Las varitas mágicas que hacen felices a las personas existen, Isabel, pero se disfrazan de besos, abrazos, mimos y de capacidad de escuchar, comprender y ofrecer un poco de nuestro tiempo a los demás 😉
      ¡Y sé que tú tienes varias de esas varitas!

      Me gusta

  7. capicuentos
    02/05/2017

    ¡Si hubiese estado en Isla Imaginada en ese momento! Por supuesto hubiese estado cazando magdalenas con un “mediomundo” (esos redondos que se utilizan para pescar en el mar). ¡Amo las cosas dulces!

    Le gusta a 2 personas

  8. Julie Sopetrán
    02/05/2017

    Tengo que felicitar a Juani Casco, por este magnífico cuento, donde podemos oler las magdalenas cuando terminamos de leerlo. Delicioso! Felicitaciones por hacerlos flotar y sentir esa fantasía que tanto necesitamos para vivir. Gracias Juani, Nona, por darnos tan jugosa historia. Os dejo mi décima inspirada en el cuento y os mando mi cariño.

    La fantasía sorprende
    porque es un Hada Madrina;
    que se mete en la cocina
    y sin pedernal, la enciende.
    Nada en ella me sorprende
    su destreza y su donaire
    nunca te dará un desaire
    porque es generosa y buena.
    ¡Ay! Quien fuera magdalena
    en el paladar del aire.

    Julie

    Le gusta a 4 personas

  9. evavill
    02/05/2017

    Ummmmm, estaba buenísima. Hasta aquí ha llegado una con su costra de azúcar por encima.
    Un cuento muy lindo y gracioso.
    Besos, Martes.

    Le gusta a 2 personas

    • Martes de cuento
      02/05/2017

      😉 En este cuento los sentidos se nos despiertan, sobre todo el olfato y el gusto. Y como no, tenían que ser las míticas magdalenas las que lo hicieran posible, como aquella que Proust degustó con tanto placer.

      Me gusta

    • juanicasco
      02/05/2017

      Esa costra crujiente es una delicia!! Me alegro de que te guste!!!

      Le gusta a 2 personas

      • Martes de cuento
        03/05/2017

        Yo conozco a alguien que después de comerse esa costra dulce regala «generosamente» su magdalena 😀 😀 😀 😀

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  10. Toni
    02/05/2017

    Necesito con urgencia una varita en mi cocina 🙂 Gracias por endulzarnos el martes 🙂

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    • Martes de cuento
      02/05/2017

      Si la consigo, te la prestaré los meses pares y yo me la quedaré los impares 😉 Esto de cocinar con unos golpecitos en el horno y unas palabras mágicas es de lo más cómodo, Toni 😀 😀 😀

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    • juanicasco
      02/05/2017

      Gracias a ti por leer el cuento!!!

      Le gusta a 1 persona

  11. Ricardo Ruiz
    02/05/2017

    lindo cuento, gracias por compartir

    Le gusta a 2 personas

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Esta entrada fue publicada en 02/05/2017 por en Cuento amigo y etiquetada con , , , , , , , , .
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