Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

El granjero valiente  

Ilustración: NicoleNoe

Un día, en la lejana India, un tigre estaba paseando cerca de una pequeña aldea cuando, de pronto, se desencadenó una violenta tormenta de truenos, relámpagos, viento huracanado y lluvia torrencial. Para cobijarse, el tigre se acercó a la pared de una pequeña cabaña.

En el interior de la choza, la viejecita que vivía en ella también estaba muy preocupada por la tormenta, pues en el techo de su casa había un gran agujero y la lluvia se colaba por él.

Como la gotera era tan grande, la anciana corría de un lado a otro, empujando los muebles de aquí para allá para que no se mojaran y poniendo debajo del torrente de agua que caía de la techumbre cacharros y cubos.

El tigre, que tenía apoyada la oreja en la pared, oía todo el jaleo que hacía la mujer en el interior: oía cómo se arrastraban cosas, oía el entrechocar de los cacharros y cubos y oía cómo la anciana se quejaba y se lamentaba, hablando sola:

—¡Oh, es terrible! ¡Esta eterna gotera! ¿No habrá manera de evitarla? ¡Por un ratito parece que se calma, pero enseguida la tengo de nuevo cayendo con toda su fuerza sobre mí! ¡Esto es horrible y terrible!

Entonces se oyeron más ruidos, mientras la mujer exclamaba:

—¡Basta, basta, eterna gotera maldita, me estás matando!

El tigre se quedó muy impresionado por todo lo que oía:

—¿Qué clase de animal será la Eterna Gotera del que jamás antes había oído hablar? —murmuró—. Debe de ser un ser espantoso. Prefiero no cruzarme con él.

Y al oír de nuevo el estrépito producido por el arrastrar de muebles exclamó:

—¡Qué ruido más pavoroso! ¡Debe producirlo el terrible ser llamado Eterna Gotera!

El tigre, muerto de miedo, se quedó temblando apoyado contra la pared, muy preocupado por lo que pasaba, y aguantando la respiración. Solo quería que cesara la lluvia para poder alejarse de allí rápidamente.

Justo en ese momento, apareció caminando por la oscura carretera un granjero que buscaba su burro. El animal había escapado despavorido del establo al oír los primeros truenos.

A la luz de un relámpago, el hombre vio la silueta de un gran animal apoyado contra la pared de la choza de la viejecita y convencido de que se trataba de su burro, corrió hasta el tigre y lo agarró de una oreja:

—¡Animal miserable! —gritaba furioso–. ¡He tenido que salir a buscarte bajo esta lluvia torrencial!

Sin dejar de gritarle improperios arrastraba por el pescuezo al pobre tigre.

—¡Levántate inmediatamente, bicho tonto, no me obligues a enfadarme aún más de lo que ya estoy! —Y al ver que el animal ni se movía, crecía su furia.

Pero es que el tigre estaba atónito. Nunca jamás nadie se había atrevido a tratarlo así y tampoco tenía noticia de que ningún ser vivo hubiera tratado de ese modo a uno de su especie.

Se asustó y comenzó a pensar que aquel ser horripilante que lo maltrataba de aquel modo debía de ser la Eterna Gotera de la que tanto se quejaba la vieja. «No me extraña que la pobre anciana se preocupara tanto», pensó.

Por fin, el tigre se levantó dócilmente y el granjero, que todavía creía que aquel animal era su burro, le dio una palmada en el trasero, montó sobre él, y lo condujo a su casa bajó la lluvia torrencial. Durante el camino fue dándole golpes con los talones para que corriera más y no dejó de dirigirle insultos durante todo el recorrido.

Al llegar a la granja y para impedir que escapara de nuevo, lo ató del pescuezo y de las patas a un gran poste que había frente a la puerta y después, agotado y mojado, se acostó.

A la mañana siguiente, la granjera salió a ordeñar la vaca y no podía dar crédito a lo que veían sus ojos: un tigre atado al poste.

Muy asustada, corrió a despertar a su marido y le dijo:

—¿Pero tú estás loco? ¿Sabes qué animal trajiste anoche durante la tormenta?

—Claro –contestó él, enojándose al recordar lo que había pasado–, ¡ese burro miserable!

—Ven a verlo –le dijo su mujer.

El hombre salió y al ver de qué animal se trataba, empezó a temblar y temió que sus piernas no lo sostuvieran. Se palpó todo el cuerpo para comprobar si tenía alguna herida, pero no encontró ni un rasguño.

La hazaña del granjero se extendió con rapidez por todo el pueblo y todo el mundo acudió a ver al tigre cautivo y a escuchar cómo había sido capturado y domesticado.

La historia corrió de boca en boca y pronto se extendió a otros pueblos, y finalmente, llegó a oídos del Rajá y la Ráni. Ambos quedaron tan admirados al oír aquel relato del hombre que cabalgaba tigres, que les faltó tiempo para ir a conocerlo personalmente.

Al llegar con su séquito a casa del granjero, comprobaron que la historia era cierta. Y todavía quedaron más impresionados al saber que aquel feroz tigre atado al poste, que ahora se comportaba como un dócil gatito, había sido el pavoroso animal que había sembrado el terror por toda la región.

El Rajá y la Ráni quisieron recompensar al granjero por la valentía demostrada y, sin pensarlo dos veces, le otorgaron un título nobiliario, le regalaron vastas tierras, una gran mansión en el campo y riquezas sin fin.

Y todo esto no me lo contaron, que yo lo vi.

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?rainbow_pencil_avatar_by_shirokuro_chan

16 comentarios el “El granjero valiente  

  1. A. Losa
    21/04/2017

    Pobre tigre. La ignorancia y los malos entendidos, cuánto daño hacen.
    Cuando era pequeña, en casa de mi abuela, había un libro para niños y, entre las muchas historias, tenía un fábula muy breve que me ha venido a la memoria con este cuento.
    Decía más o menos así:

    Unos científicos llegaron a La India para estudiar sus bosques; como, para hacer su trabajo, tenían que internarse en la selva, no les quedó más remedio que dormir en ella. Los lugareños les advirtieron de que, por aquella zona, vagaban tigres terribles que se comían a todo bicho viviente que encontraban en el camino.
    Como una tienda de campaña no es muy fiable en lo que a ataques de tigres se refiere, decidieron atar fuera una cabra, pues pensaron que si la fiera aparecía, se comería a la cabra y les dejaría tranquilos.
    Llegó la noche y, con ella, el tigre. Se acercó sigiloso entre los árboles y se paró justo delante de la cabra.
    La pobre no se movía. ¿Cómo iba a hacerlo si estaba atada de cuello y patas?
    El tigre rugió tres veces. Y la cabra siguió allí, quietecita.
    “Qué animal tan peligroso debe ser este” pensó el tigre “que no sale huyendo de mí. Mejor será dejarlo tranquilo”
    Y se marchó entre la espesura.

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    • Martes de cuento
      21/04/2017

      😀 😀 😀 ¡Qué buena la fábula! Sin duda, la imaginación de los tigres hace que pierdan grandes oportunidades 😉
      Gracias por tu aportación, Aurora.

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  2. evavill
    13/04/2017

    Los miedos, que muchas veces están más en nuestra imaginación que en la realidad ¡Cómo los agrandamos!
    Pero el horrible ser Tremenda Gotera me ha encantado 🙂
    Besos y feliz Semana Santa.

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    • Martes de cuento
      18/04/2017

      😀 😀 😀 Tremenda Gotera es un monstruo espantoso. Yo, como el tigre, pensé que me iba a comer.
      Un abrazo inmenso, Eva.

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  3. Julie Sopetrán
    12/04/2017

    Creo que es una buena adaptación y que el cuento nos habla de los miedos en general por los que todos pasamos. Me ha gustado y lo de las goteras lo he vivido. Hoy te mando unas estrofas romance o llámalas como quieras. Pero es el cuento quien me ha inspirado. Un abrazo fuerte.

    EL GRANJERO VALIENTE

    A veces somos valientes
    porque nos acosa el MIEDO,
    y todos nos refugiamos
    en lo que llega primero.
    Una pared, un remanso
    goteos, amor perdido,
    mientras dura la tormenta
    no somos nosotros mismos.
    El granjero fue valiente
    debido a la tempestad,
    su burro huyendo del trueno…
    ¡A saber adónde está!
    Todo confuso y mezclado
    por culpa de la tormenta;
    la gente se aglomeraba
    con el “cuenta, cuenta, cuenta”
    Y a la luz del día claro
    el burro de aquel granjero,
    resultaba ser un tigre
    sacado del mismo MIEDO.

    Julie Sopetrán

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  4. No hay nada más irracional que un cuento, por eso, el de hoy, es un estupendo relato. ¡Imaginación al poder!
    Feliz semana y un fuerte abrazo.

    Le gusta a 2 personas

  5. Toni
    11/04/2017

    Pues en casa, cada vez que llueve torrencialmente, tengo unas cuantas “terribles goteras” 😀 Buen martes…. de cuento 🙂

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  6. #Jerby
    11/04/2017

    Martes, yo suelo transformar los errores en serendipias.

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  7. Marieta
    11/04/2017

    Ves? mi tendencia natural es ponerme de parte del pobre tigre, jejeje
    Me ha gustado mucho el relato, un abrazo! 🙂

    Le gusta a 1 persona

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Esta entrada fue publicada en 11/04/2017 por en Cuento popular y etiquetada con , , , , , , , , , , , , .
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