Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

La niña y el manzano

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Ilustración: Reowyn

Esta historia pasó en un tiempo en el que los árboles eran universos y la humanidad aún los respetaba. Un tiempo en el que los hombres se sentaban bajo sus frondosas copas y escuchaban las historias que les contaban.

Pasó en un país en el que los árboles saludaban, agitando sus ramas, a la Luna que se escondía y al Sol que se asomaba. Se desperezaban lavando sus hojas somnolientas en ríos cristalinos y ofrecían sus frutos a todo aquel que tuviera hambre, sin pedir nada a cambio.

En ese tiempo y en ese lugar, vivió un árbol enorme. Era un manzano y su mejor amiga era una niña. Ambos, el árbol y la niña, se querían con locura.

Cada día, sin faltar jamás a su cita, la pequeña visitaba a su amigo y él la mecía en sus ramas, susurrándole al oído cuentos de piratas y ogros; de príncipes y princesas; de brujos, hechiceras y fantasmas.

La niña escuchaba embelesada y con su imaginación volaba hacia lejanos países, en los que vivía fascinantes aventuras.

Trepaba por el tronco del manzano y, acurrucada entre su fronda, se protegía de la lluvia si llovía o del calor del sol cuando abrasaba.

Pero un buen día, la niña no acudió a su cita. Dejó de ir a jugar con el árbol y olvidó sus historias.

Paciente, el manzano aguardó mucho tiempo su regreso, mientras en su tronco la tristeza iba formando arrugas.

Una mañana de primavera, la niña regresó. El árbol la saludó contento moviendo sus ramas:

—Te he echado de menos. ¿Vienes a jugar conmigo?

—No. He crecido. Ya no soy una niña para jugar con árboles. Te vengo a ver porque ahora me gustan otros juegos y necesito dinero para comprarlos.

—Lo siento, pero yo no tengo dinero.

—No, pero tienes manzanas. Si me las das, puedo venderlas y con lo que obtenga por ellas, podré comprar lo que quiero y seré feliz.

—Si vendiendo mis manzanas consigues la felicidad, tómalas, amiga mía.

La muchachada despojó al árbol de todos sus frutos y, sin mirar atrás, se alejó de allí. Vendió las manzanas y, durante un tiempo, fue feliz.

Se olvidó de su amigo y en el tronco del árbol, la tristeza dibujó más arrugas.

Pasaron algunos años, y un cálido día de verano la muchacha regresó junto al manzano. Al verla, el árbol se agitó y sus ramas crujieron de alegría:

—Te he echado mucho de menos. ¿Vienes a jugar conmigo?

—No tengo tiempo para juegos. Soy adulta, he formado una familia y debo trabajar duro para sacarlos adelante. Te vengo a ver porque necesito un lugar en el que vivir con comodidad.

—Lo siento, pero yo no tengo una casa.

—No, pero tienes muchas ramas. Si me das permiso para cortarlas, con ellas construiré mi hogar y seré feliz.

—Si cortando mis ramas consigues la felicidad, tómalas, amiga mía.

La mujer cortó todas las ramas del árbol y se marchó sin dar las gracias. Con ellas construyó una morada para albergar a su familia y, durante un tiempo, fue feliz.

La mujer, como antes, olvidó a su amigo y en la corteza del árbol la tristeza hundió nuevamente sus garras.

Un otoño la mujer regresó junto al árbol y él, al verla, se estremeció hasta las raíces:

—Te he echado mucho de menos. ¿Vienes a jugar conmigo?

—No puedo jugar, estoy envejeciendo y quisiera viajar antes de que sea tarde. Te vengo a ver porque necesito un barco.

—Lo siento, pero yo no tengo un barco.

—No, pero con tu tronco podría construir uno. Si me das permiso para serrarlo, con tu madera construiré una barca para surcar mares y ríos. Así seré feliz.

—Si serrando mi tronco consigues la felicidad, tómalo, amiga mía.

La mujer serró el tronco del viejo manzano y, sin despedirse, se alejó. Con la madera construyó una barca y, durante un tiempo, fue feliz.

Navegando los siete mares olvidó a su amigo y en el tocón del manzano se abrió una honda grieta de tristeza.

Se persiguieron las estaciones; se sucedieron muchas lunas; y un helado día de invierno, una anciana se acercó al lugar donde, tiempo atrás, floreciera el manzano:

—Si vienes a jugar conmigo, lo siento, pero ya no puedo ofrecerte nada, amiga mía. Ya no tengo tronco, ni ramas, ni manzanas.

—Ya soy muy vieja. No podría trepar por tu tronco, ni jugar entre tus ramas, ni morder tus frutos. Estoy muy cansada. Solo necesito un lugar en el que descansar.

—Entonces ven. Aún me quedan mis viejas raíces. Reposa tu cabeza sobre ellas y cierra los ojos, te contaré la historia de una niña y un manzano que un día…

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

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63 comentarios el “La niña y el manzano

  1. Óscar
    26/02/2017

    Como siempre, muchas lecturas para este maravilloso cuento. Me quedo con el interés de la gente por su propio beneficio, sin agradecer siquiera. Besitos

    Le gusta a 1 persona

  2. Maribel
    13/02/2017

    Me ha emocionado mucho la amistad incondicional que demostró el árbol 😊😊😘😘😘😘

    Le gusta a 1 persona

  3. antoncaes
    09/02/2017

    Muy bonito este cuento. Lastima la ceguera de la gente que explota la amistad sin pensar en la consecuencias.

    Le gusta a 1 persona

  4. alpolvovamos
    09/02/2017

    Es una hermosa que nos lleva mucho a reflexionar sobre la vida y el comportamiento de cada uno! Gracias por compartirla con nosotros

    Le gusta a 1 persona

  5. Preciosa historia y precioso el dibujo que la ilustra. Gracias

    Le gusta a 1 persona

  6. garabatos56com
    08/02/2017

    Reblogueó esto en DISFRUTANDO DE LAS LETRASy comentado:
    COMPARTO ESTA HISTORIA QUE ME GUSTO MUCHO POR SU MENSAJE, DE QUE NO TODO ES MATERIAL

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  7. garabatos56com
    08/02/2017

    sutil hermoso y aleccionador especial para dar a conocer a jóvenes en que todo es material, y yo me siento como el manzano estoy en la etapa que todavía tengo el tronco y lo demás ya lo he dado y no valoran solo les interesa sus necesidades

    Le gusta a 1 persona

    • Martes de cuento
      08/02/2017

      La juventud, en general, lleva en sí el egoísmo, pero todo lo que ahora das, lo recordarán con cariño toda la vida.
      Un abrazo 🙂

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  8. Julie Sopetrán
    08/02/2017

    Nos enseña tantas cosas este cuento! Me hiciste recordar un peral que tenía frente a mi casa y me subía a él a inventarme historias, y curioso, a veces miraba al cielo y pensaba que el cielo era el mar y el peral mi barco… Tal vez porque vivía tierra adentro y no conocía el mar y cuando un cuento te hace recordar tu infancia es, sin duda, un buen cuento. El peral todavía existe y lo abrazo recordando los sueños… Gracias por la adaptación. De lujo.

    La niña tuvo un manzano
    y con él se hizo mujer;
    más, no supo agradecer
    a un amigo tan cercano
    que siempre le dio su mano
    sus frutos y su madera,
    esperaba que volviera…
    ya le había dado todo
    y hasta le buscó acomodo
    para enraizar su manera.

    Julie Sopetrán

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    • Martes de cuento
      08/02/2017

      Te imagino, como la pequeña de la ilustración, con la cara llena de asombro volando muy lejos. Y llegaste lejos, Julie, pero tu regresaste junto a tu árbol, junto a tus raíces y tu generosidad es como la del manzano, ofreciéndonos el fruto de tus poemas semana a semana.
      Un beso grande.

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  9. magailustra
    07/02/2017

    Mucho llorar con este cuento :’-( … Ella pudo sembrar otros manzanos, haber traído a sus hijos y a su esposo a pasar tardes de juegos y comer manzanas, haber hecho una casita cerca del Manzano … árbol noble, mujer ingrata.

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    • Martes de cuento
      07/02/2017

      La naturaleza nos ofrece mucho y los humanos abusamos de ella sin medida.
      En general, los hombres explotan los recursos sin pensar en nada más que en su conveniencia 😦

      Le gusta a 1 persona

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Esta entrada fue publicada en 07/02/2017 por en Cuento clásico y etiquetada con , , , , , , , , , , , , , .
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