Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

El rey y el dragón

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Ilustración: Taluns

Refieren las leyendas que, en un lejano país rodeado de altas montañas coronadas de nieve sempiterna, vivió un rey muy, muy sabio al que lo que más le gustaba en el mundo eran los dragones.

Desde muy joven, empezó a recopilar libros que, en cualquier idioma, hablaran sobre ellos; los estudiaba con ahínco, los clasificaba y, con el tiempo, consiguió reunir la más completa y docta colección de obras sobre la materia. Tan magna era, que sabios de todo el planeta hacían cola para poder consultar los innumerables tratados, prontuarios, opúsculos, epítomes, ensayos, compendios y monografías que se alineaban en las largas estanterías de la egregia biblioteca de palacio.

A fuerza de leer, estudiar e investigar, aquel rey se convirtió en el erudito de dragones más destacado que ha existido —e incluso nos atrevemos a afirmar que existirá jamás— sobre la Tierra. Conocía a la perfección la naturaleza y el carácter de esos seres. Podía recitar de carrerilla, al derecho y al revés, los alimentos que preferían y cuáles detestaban; en qué postura dormían; qué tierras habitaban; cómo se rascaban o qué los hacía reír o estornudar… En fin, cualquier hábito, rareza, costumbre o manía que tuviera que ver con los dragones, lo dominaba aquel rey, para el que la «ciencia dragonística» no guardaba secretos.

Tal era el entusiasmo que sentía por los dragones, que publicó un bando en el que ofrecía la mitad de su reino a la persona que le llevara uno vivo. Algo que, sin duda, habría solucionado la vida del afortunado en cuestión y la de todos sus descendientes si hubiera sabido cómo viajar hasta Imaginación, apresar a una de esas criaturas y volver vivo para conducirla a la presencia de aquel extravagante monarca.

Su pasión lo llevó a contratar a los mejores arquitectos para que le construyeran un gran palacio en forma de dragón y en sus paredes colgó cuadros, tapices y esmaltes de dragones firmados por los más afamados artistas del orbe.

También mandó pintar frescos en cada una de las tres mil cuatro habitaciones del castillo, con dragones de todo tipo y en todas las posturas imaginables: dragones llameantes, verdes, de río, de tierra. Dragones azules, dormidos, despiertos, voladores, sibilantes. Dragones de lustrosa piel rosa clarito durmiendo la siesta… En fin, que se mirara hacia donde se mirara, no había rincón en el que no hubiera un dragón.

El escudo real, un lebrel sobre campo de gules, también fue modificado. El can que desde hacía generaciones custodiaba fielmente el apellido familiar, fue confinado al desván de palacio y en su lugar, se colocó un dragón rampante de aspecto imponente y fiero, que arrojaba fuego amarillo por sus fauces.

El anillo del monarca fue fundido y el mejor orfebre de la comarca esculpió la silueta del mismo dragón que exhibía el escudo. Cada vez que el rey sellaba sus cartas, era como si el dragón cobrara vida y escupiera cera roja por aquella bocaza amenazante.

Se confeccionó ropa nueva para todos los nobles de la corte con telas estampadas con dragones. Los uniformes de los sirvientes lucían, asimismo, dragones bordados con hilos de colores y en las cofias y gorros se cosieron alas que asemejaban las del dragón volador de Changchun.

En los amplios jardines que rodeaban el palacio, los setos de los parterres se podaron en forma de dragón. Se instalaron fuentes de dragones esculpidos en piedra que arrojaban agua por sus fauces y se plantaron macizos de flores rojas y verdes, que recordaban los colores de la piel y del fuego de los dragones llameantes de Transnistria. En ese mismo jardín, el jardinero cortaba cada mañana flores de dragonaria, con las que llenaba los jarrones de palacio para que sirvieran de vegetal adorno.

La «Fiesta Anual», que coincidía con el cumpleaños del rey, pasó a denominarse «Gran Festival del Dragón» y en él actuaban famosos tragafuegos, con sus sables y antorchas envueltos en llamas.

Durante los festejos, mucha gente se disfrazaba de dragón y el primer chambelán repartía farolillos entre los asistentes, que formaban una alegre comitiva ardiente hasta el palacio para desearle al rey feliz cumpleaños. El monarca observaba el espectáculo desde el torreón más alto, imaginando que aquella estela de fuego pertenecía a un auténtico dragón —al parecer, este es el origen de las velas que hoy encendemos en las tartas de cumpleaños.

La vida transcurría apacible en aquel lejano reino rodeado de montañas hasta que en una fría noche de invierno el aire se llenó de un penetrante olor de azufre y un ensordecedor ruido despertó al apacible pueblo. Nadie osaba asomarse a la ventana para saber qué ocurría.

En el palacio real, el sueño del soberano se vio interrumpido cuando la cabeza de un enorme monstruo se asomó por una de las ventanas de sus aposentos. La furibunda bestia miró fijamente al adormilado monarca y lanzó sobre él una terrible llamarada. Por fortuna, el rey pudo apartarse antes de que aquel fuego devorador churruscara por completo su peluca.

Al darse cuenta de que no soñaba, el aterrorizado monarca pidió ayuda a gritos:

—¡Auxilio! ¡Socorro! ¡A mí la guardia! ¡Matad a esa bestia! ¡Libradme de este engendro del abismo! —clamaba el rey completamente histérico y fuera de control.

En singular y desigual batalla, los caballeros se batieron con el espeluznante bicho hasta que consiguieron ahuyentarlo.

Nadie sabe el motivo pero, según cuentan, al rey le dejaron de gustar los dragones después de aquella noche.

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

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89 comentarios el “El rey y el dragón

  1. Lo raro es que la guardia hiciera caso al rey cuando pidió auxilio después de todo lo sucedido,jajajja
    ¡Muy bonito!
    Un beso martes de cuento

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    • Martes de cuento
      01/02/2017

      😀 😀 😀 😀 A los reyes, y más si son de cuento, siempre se les hace caso, para eso son reyes.
      ¡Un abrazo, Marisa!

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  2. Pingback: Leyendas y narración oral | Lapizázulix, la galaxia del cuento

  3. Óscar
    03/01/2017

    No hay nada como un disgusto para aborrecer algo. Tenía que haberse leído el libro de cómo matar un dragón el primero de todos y memorizarlo bien. Se habría ahorrado pasarlo mal… Besitos

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    • Martes de cuento
      03/01/2017

      😀 😀 😀 😀 Yo creo que, en el fondo, pensaba que no existían. ¿O acaso has visto tú algún rey que vaya regalando tan alegremente la mitad de su reino? 😉

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      • Óscar
        05/01/2017

        Bueno, depende de lo loco que esté, o lo que piense sacar vendiendo el dragón…

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        • Martes de cuento
          08/01/2017

          Pues es verdad… Un dragón puede ser una inagotable fuente de ingresos. ¡No había pensado en eso! En nada, el rey puede recuperar todo el reino y ganar mucho más de lo que ha regalado si su campaña de marketing es buena 😀 😀

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          • Óscar
            09/01/2017

            Soy un visionario. No comprendo cómo sigo siendo pobre… 😛

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            • Martes de cuento
              11/01/2017

              😀 😀 😀 Dicen que los que de verdad tienen poderes no cobran nunca, así que cuanto más pobre, más poderoso.

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              • Óscar
                11/01/2017

                Algo así le expliqué a mi hijo el otro día. Que no tener mucho dinero no significa ser pobre, porque la riqueza de mide en otras cosas como la bondad. Pero creo que aún es demasiado pequeño para entenderlo bien

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                • Martes de cuento
                  11/01/2017

                  Seguramente aprenderá más con la práctica que con mil explicaciones y eso se adquiere tomando como ejemplo a las personas queridas. A tu lado, comprenderá el significado y no harán falta demasiadas charlas 😉
                  No es más rico el que tiene más, sino el que necesita menos para ser feliz. Un abrazo, Óscar.

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                  • Óscar
                    11/01/2017

                    Exacto, es lo que quiero transmitirle en el día a día. Pero no es fácil, je je je je je

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                    • Martes de cuento
                      14/01/2017

                      No es fácil, y creerás que no aprende o que no sabes transmitírselo bien, pero seguro que, cuando le haga falta, sabrá rescatarlo de su subconsciente. Ya sabes lo que dicen: «Dímelo y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo». ¡Un abrazo, Óscar!

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  4. felicitasrebaque
    18/12/2016

    Nada bueno sale de una obsesión. Enajenan la mente y el corazón. Un beso grande

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  5. magailustra
    16/12/2016

    A todos nos ha pasado: ¡ cuidado con lo que deseas ! Que se puede convertir en realidad

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  6. Chelo Puente
    15/12/2016

    ¡Pordiosdelospordioses, qué malas son las obsesiones! En muchas ocasiones, como le ocurrió al rey de tu cuento, se vuelven en nuestra contra.
    Besos y cuentos.

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    • Martes de cuento
      15/12/2016

      De verdad que sí, Chelo, que las obsesiones son el umbral de la puerta que nos lleva a la locura. Lo mejor es tomar todas las cosas en su justa medida 😉
      Un abrazo.

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  7. Maribel
    15/12/2016

    Me encanta el cuento y como la realidad le superó al pobre rey, con lo feliz que era en su mundo ummm tenemos que busca otro entrenamiento para nuestro rey ,le voy a meter en los fogones a ver que pasa 😂😂😂😂

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  8. María Elena
    14/12/2016

    Ayer, mientras cenaba, le leí esta historia a mi peque de cuatro años. Le gustan mucho los dragones y pensé que le haría gracia. Tengo que decir que el vocubalario es tan rico que dudé si Leo lo entendería, pero creo que es bueno que le vayan sonando palabras nuevas y de paso las aprende. Le encantó el cuento y acabamos escenificando la cara del rey al ver al dragón. Fue muy divertido. Así que me hace muy feliz transmitiros el placer de la lectura que experimentamos juntos y gracias a “martes de cuento”. Una vez más, ¡enhorabuena Nona!

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    • Martes de cuento
      15/12/2016

      Elena, me alegra muchísimo saber que le encantó el cuento. En cuanto al vocabulario, no sufras, los pequeños son mucho más inteligentes de lo que nos quieren hacer creer. Quizá no entiendan una palabra, pero entienden el contexto y, sobre todo, entienden que en ese momento mágico del cuento mamá o papá son solo para ellos y que el resto del mundo desaparece 🙂 Yo recuerdo haber crecido con libros en los que aparecían palabras como “ruibarbo” o “jengibre” 😀 😀 😀 , y a pesar de no tener ni idea de lo que era eso, devorarlos con avidez.

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Esta entrada fue publicada en 13/12/2016 por en Cuento de Martes de cuento y etiquetada con , , , , , .
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