Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

Lobo y el Pedro

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Ilustración: Elena Gromaz

Lobo se sentía solo; era triste vagar por los bosques sin nadie con quien hablar o reír, nadie a quien contar lo que le había pasado durante el día. El psicólogo le insistió en que buscara un trabajo y se puso patas a la obra.

Intentó hacer de albañil para tres cerdos que vivían cerca; tres hermanos que resultaron ser unos desconfiados y que no le dejaron ni explicarse; incluso se atrevieron a quemarle el culo en un caldero.

Decepcionado, miró en el periódico y encontró el anuncio de un matrimonio que buscaba niñera para sus cabritas; pero la madre no quiso contratarlo porque, según ella, no daba el perfil. Lobo aceptó la excusa, aunque sabía que se debía a sus prejuicios: los lobos tienen fama de comerse a las crías de cabras y ovejas.

Cuando ya se estaba dando por vencido, se encontró a una niña que cantaba sobre su abuelita, que estaba enferma. Lobo esperó junto a un árbol a que la niña se acercara y cuando llegó hasta él, sonrió abriendo su amplia boca. No solía sonreír, pero le pareció que así demostraría que podía ser amable. Tanto, como para cuidar de una anciana. La niña, al ver todos aquellos dientes, creyó que se la iba a comer, le dio una patada en la espinilla —con lo que duele eso— y se marchó corriendo.

Triste y cojo, Lobo empezó a preguntarse por qué nadie se le acercaba, si él nunca había hecho nada malo y solo buscaba trabajo.

Estaba a la orilla del río, lamentándose de su mala suerte cuando escuchó a dos liebres hablando.

—Yo no lo he visto, pero dicen que el niño corría calle abajo, gritando: ¡Qué viene el lobo, qué viene el lobo!

—No hagas caso. La semana pasada hizo lo mismo, y la anterior, y la otra. Por lo visto no quiere ir al colegio y ya no sabe qué inventar.

Convencido de que aquel niño tenía algo que ver con que a él no lo contratara nadie, decidió hacerle una visita. Se acercó a la entrada del pueblo y esperó tras un muro de pizarra a que el tal Pedro apareciera.

Al poco tiempo, un niño regordete y pecoso pasó junto a su escondite cantando: «Hoy no iré al colegio, porque el lobo me asaltó. Hoy no iré al colegio y mañana tampoco».

Lobo no necesitó más pistas para saber que se trataba del niño que buscaba y lo siguió al interior del bosque. El chico canturreaba sin prestar atención ni a los conejos que huían a su paso, ni a los búhos que giraban la cabeza, molestos por su presencia. Cuando llegó tan lejos que nadie podía verlo, se sentó en las raíces de un avellano y sacó de su zurrón un mendrugo de pan y un trozo de queso. A Lobo se le hacía la boca agua viendo cada lasca de rico queso y cada pedazo de pan que aquel niño insolente, causante de sus desgracias, se metía en la boca.

Pedro se hartó de comer hasta que solo quedó la costra del queso y nada del pan, cerró los ojos y se puso a dormir. Entonces, Lobo se acercó sigiloso y se recostó a su lado. Sería maravilloso ver su cara cuando despertara y lo viera de cerca. ¿No iba contando por ahí maldades de los lobos? Pues ahora iba a contarlas con razón.

El vuelo de una mariposa despertó a Pedro. Intentó espantarla de un manotazo, pero con tan mala puntería, que el golpe aterrizó en el hocico de Lobo, y este se levantó sobre sus cuatro patas con un gruñido que helaba la sangre.

Durante un rato largo se quedaron los dos allí, uno frente al otro. Pedro rezando para que no se lo comiera y Lobo pensando en cómo darle un escarmiento al muchacho sin dañar aún más su reputación.

—Eres un lobo muy grande —dijo Pedro, repuesto del susto—, pero parece que hoy no has comido. Se te marcan las costillas.

Acercó la mano a su zurrón, sacó medio chorizo y se lo ofreció a Lobo.

—Gracias —respondió antes de echarse junto al chico devorando la pieza— ¿Sabes?, tú eres el culpable de que esté famélico.

—¿Yo? ¿Cómo puede ser?

—Has ido contando mentiras, metiendo miedo a todo el mundo y nadie me da trabajo.

—Lo siento. Yo solo quería librarme de ir al colegio y de sacar a pastar a las ovejas. Además, ya casi nadie me cree.

—¿Y eso?

—No sirve de mucho gritar: ¡Qué viene el lobo! si luego el lobo no aparece.

—Yo puedo ayudarte con eso si, a cambio, me das comida y conversación.

Y, desde entonces, todos los días, a la hora de ir a la escuela, Lobo se cruza en el camino de Pedro, a la vista de todos sus compañeros de clase, y luego huyen juntos al bosque para comer pan, queso y chorizo y contarse sus cosas.

a

Por el bosque se escondía
sin dinero y sin trabajo;
y siempre iba cabizbajo
porque nadie lo quería.
Así pasó noche y día
era afable, tierno, honesto
siempre a los vetos expuesto…
¡Tan solo, tan abatido!
Era un lobo incomprendido
a los humanos expuesto.
Julie Sopetrán

a

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

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Si quieres, también puedes escuchar “Lobo y el Pedro”

122 comentarios el “Lobo y el Pedro

  1. Pingback: ILUSTRADORES: ELENA GROMAZ BALLESTEROS | La desdicha de ser salmón

  2. capicuentos
    07/01/2017

    Me encantó, muy original. Los cuentos y fábulas clásicas se van metiendo en la historia, que de por sí, rompe con algunos estereotipos.

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    • Martes de cuento
      08/01/2017

      🙂 Al leer los cuentos de siempre, (re)creamos mundos nuevos y, en ocasiones, hay quien se atreve a escribir lo que ve. Eso ha hecho Aurora 🙂

      Le gusta a 1 persona

  3. Maribel
    02/12/2016

    Que pillos, todo se arregla para los dos, uff casi pensé que terminaría mal pero se ve que los dos son mas buenos que el pan, besss

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  4. Julie Sopetrán
    01/12/2016

    Me parece un cuento muy original, y por eso que dicen de “coge fama y échate a dormir” , pero sin duda, hay lobos buenos… y corderos muy malos; estos lobos ayudan y salvan a los humanos en apuros. Este es un cuento de cuentos, bien estructurado, muy sentido y aleccionador. Lo he disfrutado mucho, Aurora, y te felicito. También a Elena Gromaz por la magnífica ilustración. Una delicia siempre venir a leer cuentos que conmueven el alma y son a la vez, ejemplo de esta sociedad en la que vivimos. Muchas gracias.
    Por el bosque se escondía
    sin dinero y sin trabajo;
    y siempre iba cabizbajo
    porque nadie lo quería.
    Así pasó noche y día
    era afable, tierno, honesto
    siempre a los vetos expuesto…
    ¡Tan solo, tan abatido!
    Era un lobo incomprendido
    a los humanos expuesto.
    Julie Sopetrán

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    • María Elena
      02/12/2016

      Muchísimas gracias Julie. Saber que nuestro trabajo llega a la gente es una gran recompensa y si, además, gusta es el mejor regalo que podemos recibir.
      Mil gracias.

      Le gusta a 3 personas

    • Martes de cuento
      03/12/2016

      Siempre es un lujo tener tus poemas en este rincón pero, en ocasiones, como en tu composición de hoy, hay un no sé qué más especial que me enamora tanto, que no puedo dejar pasar incluirla como colofón del cuento. Con tu permiso, copio tu poema y pongo la referencia a tu blog. ¡Un abrazo, Julie! 🙂

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    • A. Losa
      11/12/2016

      Madre mía, Julie, qué poema tan bonito. Gracias por completar la historia con versos. Sin duda este será uno de mis cuentos más queridos, pues ahora ya no lo concibo sin la ilustración de Elena y sin tu poesía. Una muestra más de cómo la colaboración de creadores engrandece una obra. Este tipo de cosas solo pueden pasar en las orillas de Isla Imaginaria, bajo el amparo de Martes de Cuento.

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  5. BEGOÑA
    01/12/2016

    Me ha gustado mucho, un lobo bueno. Un abrazo

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  6. magailustra
    30/11/2016

    Claro que hay lobos buenos, siempre los hay.
    Viene el lobo, viene el lobo. Para mí es la gran metáfora de las fechas de entrega: Siempre llegan, pero mientras tanto procrastinamos. FELIZ MARTES DE CUENTO

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  7. Gracias a tu imaginación y a la libertad que ella aporta, hoy, Aurora, has dado la vuelta a la mala y macabra fama del lobo de los cuentos clásicos en los que te has basado, y que personalmente no me gustaban nada porque me parecían macabros sus finales.
    El lobo no es mejor ni peor que cualquier otro animal, pero cuando el ser humano deshace el equilibrio de la Naturaleza, todo cambia. Actualmente vemos exceso de poblaciones de lobos, jabalíes, gaviotas, zorros, etc., el falso proteccionismo, la eliminación de algunas especies que favorecen el crecimiento de otras, hacen que la pirámide alimentaria falle; por otro lado, si les falta sustento para sobrevivir, abandonan sus territorios e invaden los lugares de asentamiento humano. Todos nos preocupamos por ello, pero quienes tienen en su mano el poder tomar medidas no lo hacen, y así nos va.
    Y disculpa que me haya alargado en esto, pero el cuento tiene mucho de reivindicación, y yo me sumo muy gustosa a ella.
    Enhorabuena, un fuerte abrazo.

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    • Martes de cuento
      30/11/2016

      🙂 no sé a Aurora, pero a mí tu comentario no me ha parecido largo, sino muy lúcido y acertado.
      Estamos destruyendo la naturaleza y, encima, la culpamos cuando para sobrevivir actúa.
      Si fuéramos más conscientes de que el equilibrio es necesario, podríamos actuar de forma más consciente y responsable. ¡No pierdo la esperanza de que algún día se logre!
      Un abrazo, Isabel.

      Le gusta a 2 personas

    • A. Losa
      30/11/2016

      Desde luego, Isabel.
      Desde pequeña me incomodaba que el lobo del cuento pagara el pato solo por comportarse, simplemente, como lo que es: un depredador.
      Su conservación debería ser una prioridad, en realidad el conservacionismo debería ser en sí, una base de la política en todas sus vertientes. Quizá por eso tenía tanto empeño en darle la vuelta a esta historia (y con ella, como ves, a casi todos los cuentos en los que el lobo es el malo). Casi se trata de una obsesión desde niña que Martes de cuento me ha dejado hacer pública y que Elena ha ilustrado a la perfección.

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      • Martes de cuento
        01/12/2016

        😀 😀 😀 Vale, el lobo no tiene la culpa, pero es necesaria la figura de un malo muy malo y en el tiempo en que se escribían los cuentos los lobos eran vistos como una amenaza. Pero que caray… ¡reivindiquemos a los lobos buenos!

        Le gusta a 2 personas

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Esta entrada fue publicada en 29/11/2016 por en Cuento amigo y etiquetada con , , , , , .
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