Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

La historia de Kaguya-Hime

miyabi_by_aruarian_dancer

Ilustración: aruarian-dancer

Vivió una vez en Japón un viejecito llamado Taketori no Okina que se ganaba la vida cortando bambú. Un día, mientras faenaba en el bosque, un extraño resplandor proveniente de la espesura llamó su atención.

El anciano, empujado por la curiosidad, se internó en la floresta para descubrir asombrado que aquella misteriosa luz provenía de una caña de bambú muy alta, que parecía toda ella de plata pura.

—Venderé este tallo y con lo que me paguen por él, mi esposa y yo tendremos una vida mejor. Ya somos viejos y estamos cansados.

Golpeó la planta con todas sus fuerzas y la partió en dos, pero cuál no sería su sorpresa, al encontrar en su interior a un diminuto bebé que dormía apaciblemente. Era una hermosa niñita de piel blanquísima y cabello negro, envuelta en finas sedas. El anciano, procurando no turbar el sueño de la pequeña, la  tomó con delicadeza entre sus manos y se la llevó a su casa.

—¡Mira lo que he encontrado! —le dijo a su esposa mostrándole su hallazgo.

A la anciana se le iluminaron los ojos y respondió con una sonrisa:

—El cielo nos envía este precioso regalo.

Como el destino los había privado de la fortuna de tener hijos, decidieron adoptar a la niña, a la que pusieron por nombre Kaguya-Hime, Princesa Luz Radiante, y criarla como si se tratara de su propia hija.

La pequeña creció feliz junto a sus padres adoptivos y pronto alcanzó las proporciones de una niña normal. Después, siguió desarrollándose hasta convertirse en la muchacha más deslumbrante que ojos humanos hubieran contemplado jamás.

Cuando corrió la voz de lo especial que era, no tardó en formarse una larga cola de pretendientes frente a su casa, que esperaron pacientemente su turno frente a la puerta para pedir a Taketori no Okina la mano de su hija, no obstante, este dejó la elección en manos de la joven que, finalmente, tuvo que decidir entre los cinco finalistas.

Después de hablar con cada uno de ellos, Kaguya-Hime los envió a retos imposibles para ponerlos a prueba.

Al primero le dijo:

—Encuentra el cuenco en el cual Buda comió durante su viaje a Varanasi.

Al segundo le solicitó:

—Corta una rama de plata y oro de los árboles que crecen en Penglai.

La petición para el tercero fue:

—Tráeme el abrigo hecho con el pelo de la Rata de Fuego de Xianyang.

El requerimiento para el cuarto:

—Arrebata la piedra de mil colores que pende del cuello del dragón de Baoji.

Y, finalmente, al quinto le indicó:

—Recupera la concha de cauri que guardan las golondrinas de Nankín.

Los cinco jóvenes partieron en busca de los tesoros que Kaguya-Hime había solicitado.

El primero regresó e intento engañar a Kaguya-Hime entregándole un valioso cuenco de oro, engastado con ricas joyas que quiso hacer pasar por el auténtico.

—Esta que me presentas es una simple escudilla adornada, no es el cuenco de Buda, puesto que no desprende su luz.

El segundo no tenía idea de dónde buscar la rama de plata y oro, así que decidió encargársela a un orfebre y después se la llevó a la muchacha. La rama era tan idéntica a la original, que ella creyó que debería dar su consentimiento. Pero entonces, apareció el joyero reclamando a gritos el pago de su trabajo y se descubrió el engaño.

El tercer pretendiente pagó una cuantiosa fortuna a unos comerciantes que se dirigían a Xianyang para que le consiguieran el abrigo hecho con el pelo de la Rata de Fuego. Los mercaderes regresaron con un sobretodo que juraron y perjuraron que era auténtico y el crédulo comprador los creyó.

Cuando la muchacha lo tuvo entre las manos, dijo:

—Ciertamente esta prenda es extraordinariamente delicada. Probemos si su pelo es de verdad de la Rata de Fuego, el que no arde en ningún fuego.

Y dicho esto, Kaguya-Hime lanzó el abrigo a la hoguera, donde ardió hasta convertirse en ceniza.

El cuarto pretendiente, el más valiente de todos, intentó encontrar él mismo al dragón, pero en una de sus expediciones por mar, fue sorprendido por una terrible tormenta y jamás se volvió a saber de él.

El quinto muchacho escudriñó todos los nidos de golondrina de Nankín sin hallar la concha de cauri y, según se cuenta, casi se mata al caerse de bruces de la escalera en la cual se encaramaba para buscarla.

Entretanto, la fama de Kaguya-Hime seguía creciendo y llegó el día en el que el mismísimo Emperador del Japón la quiso conocer.

En cuanto la vio, quedó prendado de la extraordinaria joven y le propuso matrimonio. Sin embargo, ella rechazó la propuesta:

—Nuestro amor es imposible, provengo de un lejano lugar y algún día debo regresar a él. Cuando eso ocurra, no quiero verte sufrir.

A pesar de su negativa, el Emperador no cejaba en su empeño y continuamente le enviaba valiosos regalos para ablandar el corazón de la muchacha de los cabellos de ébano y conseguir que accediera a convertirse en su esposa. Pero Kaguya-Hime no aceptaba ninguno, se limitaba a mirar la Luna y, cada vez que lo hacía, sus ojos se anegaban de lágrimas. Sus padres adoptivos estaban muy preocupados e intentaban averiguar el motivo de tanta tristeza, pero ella no despegaba los labios.

Un día, poco antes de la luna llena de agosto, la princesa les explicó, por fin, el motivo de tanta tristeza:

—Estoy triste porque me visitó un mensajero de Tsuki no Miyako, la Ciudad de la Luna, y me comunicó que un cortejo vendrá a buscarme durante la luna llena de agosto para conducirme de regreso a mi reino.

La triste noticia de la inminente partida llegó a oídos del Emperador, el cual envió un ejército entero a custodiar la casa de su amada. Pero fue en vano, porque cuando la luna llena de agosto asomó, los soldados quedaron cegados por el intenso resplandor que desprendía el cortejo que llegaba en busca de la joven princesa y nada pudieron hacer para impedir su marcha.

La embajada celestial vistió a Kaguya-Hime con un radiante vestido confeccionado con plumas de plata y la condujeron hacia Tsuki no Miyako, dejando atrás a sus padres deshechos en llanto.

El Emperador no se resignó a su pérdida y, aunque no sabía cómo hacérselas llegar, le escribía interminables cartas a Kaguya-Hime.

Se le ocurrió entonces una idea y mandó emisarios por todo Japón para descubrir cuál era la montaña más alta de su imperio:

—¡Hallad la montaña que esté más cerca del cielo!

Volvieron los expedicionarios y le comunicaron al soberano que habían encontrado un monte llamado Fuji cuyo pico nevado apenas se distinguía y que, sin duda, era porque tocaba el cielo.

Allí se dirigió el Emperador y allí quemó todas las cartas para que el humo llevara su mensaje a la lejana princesa.

Cuenta la leyenda, que todavía hoy, de vez en cuando, del monte Fuji se eleva hacia el cielo un humo blanco. Algunos afirman que es el Emperador, que sigue quemando sus cartas con la esperanza de que la princesa reciba algún día su mensaje de amor y decida regresar a la Tierra junto al él.

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

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Si quieres, también puedes escuchar “La historia de Kaguya-Hime” con la voz de Angie Bello Albelda

logoAngie

Santornem’hi Monrelat

64 comentarios el “La historia de Kaguya-Hime

  1. Qamar
    08/02/2017

    Por ser un amor imposible es bello, intenso, más late…
    Me encanta… Siempre hay mucha mitología en historia japones.
    Muy bello.
    Besos.

    Le gusta a 1 persona

    • Martes de cuento
      08/02/2017

      Gracias por comentar, Qamar. Seguro que previniendo de la Luna, te ha gustado todavía más.
      Un gran abrazo.

      Me gusta

  2. Pingback: El Oni Azul | A Los 4 Vientos

  3. anaorganic
    06/12/2016

    Me encanta la literatura japonesa, el cine japonés tiene también grandes películas (In the mood for love, me encanta), y cómo no, este cuento está lleno de amor y de pasión, me encanta. Es que lo visualizo mucho, en otra vida, ¿habré sido japo?
    Besotes!!

    Le gusta a 1 persona

    • Martes de cuento
      06/12/2016

      😀 😀 😀 Puede que en una vida anterior fueras geisha o samurai… ¡quién sabe! Pero no es extraño que te guste la cultura japonesa, porque es fascinante 😉 Tendremos que investigar más, sobre todo esas películas que citas. ¡Un abrazo!

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      • anaorganic
        06/12/2016

        Jajajaja, eso lo he soñado alguna vez (despierta), me encantaría.
        Gracias por tu maravilloso cuento, por compartirlo y por tus palabras, 😊.
        Esa película…esta noche la veo otra vez, hace mucho que no lo hago. Intuyo que os gustará.
        Otro abrazo!

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  4. magailustra
    23/11/2016

    Cuanta pasión, cuanto amor, me derrito me encantó. Feliz Martes de Cuento

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    • Martes de cuento
      23/11/2016

      ¡Ay, magailustra!, cierto que hay mucho amor encerrado en este cuento, pero se trata de un amor trágico e imposible. Quizá son esos amores los que en la literatura y en la música producen las obras más grandiosas, ¿no crees? 

      Le gusta a 1 persona

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