Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

Seis tontos

Hace mucho tiempo, en un pequeño pueblo al norte de Europa, vivió un matrimonio que tenía una única hija que acababa de cumplir treinta y siete años y nunca había tenido novio. En realidad, no había tenido ni un solo pretendiente en toda su vida.

Por fin un día, se presentó un caballero para cortejarla. Los padres estaban tan encantados, que prepararon una suculenta cena para agasajarlo. Al llegar el invitado, enviaron a la hija a la bodega a buscar sidra para brindar.

Bajó la joven la empinada escalera que conducía a la bodega con una gran jarra en la mano derecha y una vela en la izquierda y al llegar abajo empezó a escanciar la sidra de un tonel. Mientras esperaba a que se llenara la jarra, levantó la vista y frente a ella vio un pico clavado en la pared. El pico debía llevar allí una eternidad, porque el hierro estaba lleno de orín y el mango de madera completamente enmohecido.

Muy alterada, la muchacha pensó para sí: «¡Ay, madre mía!, si llegara a casarme con este caballero y tuviéramos un hijo y si al crecer lo enviara a esta misma bodega a sacar sidra de este barril, como estoy haciendo yo ahora mismo, y se le cayera el pico encima y lo matara… ¡Qué horrible sería!».

Se olvidó por completo de la sidra y se puso a llorar desconsoladamente, pensando en todas esas posibilidades, hasta que su madre bajó a averiguar el motivo de su tardanza.

—¿Qué haces? —preguntó la mujer a su hija—. ¿Por qué lloras y dejas que se derrame así la sidra?

—¡Ay, mamá! —sollozó la joven—, piensa, por un momento, que me caso con ese caballero, que tenemos un hijo, que crece, que baja a la bodega a sacar sidra y que ese pico que hay en la pared le cae encima y lo mata… ¡Eso sería horrible!

—¡Verdaderamente horrible! —contestó la madre horrorizada y también ella se puso a llorar.

El granjero, cansado de esperar, bajó a ver por qué tardaban tanto su hija y su esposa en llenar una jarra de sidra. Pero al escuchar sus razones, se sentó también, y se unió a sus llantos.

Por fin, fue el propio caballero el que bajó a la bodega para averiguar lo que pasaba con aquella familia tan extraña y se encontró al granjero, a la mujer y a la hija, sentados en las escaleras de la bodega sollozando desconsoladamente mientras la sidra inundaba todo el suelo.

—¿Qué pasa? —se interesó el caballero—, ¿por qué estáis ahí sentados llorando mientras se desperdicia esa magnífica sidra?

— ¡Ay, caballero! —contestó el granjero—. Pensad por un momento que mi hija y vos os casáis; que tenéis un hijo, que ese hijo crece y viene a esta bodega a sacar sidra, y que el pico que veis en la pared, cae sobre su cabeza y lo mata… ¡Qué horrible sería!

Y los tres, aún más ruidosamente si cabe, siguieron gimoteando inconsolablemente mientras la sidra seguía formando un gran lago en el suelo.

El caballero no pudo menos que soltar una ruidosa carcajada. A continuación, arrancó el pico de la pared y dijo:

—He viajado por todo el mundo, y nunca antes me había tropezado con tres tontos tan tontos como vosotros. Así que, con vuestro permiso, me marcho para seguir viajando. Pero os prometo que, si algún día me encuentro por el mundo a tres tontos más tontos que vosotros, regresaré y me casaré con vuestra hija.

Y se fue, dejando a los tres en la bodega con sus lamentos.

Poco tiempo después, al cruzar un frondoso bosque de robles, encontró a un hombre que trataba de enseñarle a un cerdo cómo trepar a un árbol.

—¿Para qué quieres que suba el cerdo al roble? —le preguntó el caballero.

—Para que coma bellotas —contestó el hombre—; pero aunque tiene mucha hambre, no consigo que suba, ¡y eso que llevo el día entero tratando de enseñarlo!

—¿Y por qué no subes tú y sacudes el árbol para que caigan las bellotas? Para el cerdo será más sencillo comerlas del suelo —propuso el caballero.

—¡Qué buena idea!, ¡No se me había ocurrido! —se entusiasmó el dueño del cerdo.

«Parece que he encontrado a un tipo más tonto que los tres de la bodega», pensó el caballero. Y siguió su camino hasta llegar a una posada, en la que decidió pasar la noche.

A la mañana siguiente lo despertó el ruido que hacía su compañero de cuarto al vestirse. Se había abotonado la camisa y había colgado los pantalones entre dos sillas, sujetándolos por las trabillas; y ahora corría por la habitación dando saltos, tratando de caer dentro de los pantalones. Lo intentó una vez y otra, pero, o no saltaba a suficiente altura, o no atinaba a caer dentro de los pantalones. Rendido, se sentó en la cama y se secó el sudor que le corría por la frente.

—Los pantalones son una gran prenda, no lo dudo —explicó con la respiración entrecortada—, pero es muy difícil ponérselos. Cada mañana me paso más de una hora tratando de meterme en ellos y cada mañana termino igual de acalorado y rendido. ¿Tú cómo te las arreglas para vestirte? —añadió digiriéndose al caballero.

Y el caballero le enseñó cómo debía ponerse los pantalones.

— ¡Vaya! —exclamó con asombro el hombre—, no se me había ocurrido que fuera así de fácil.

«Bien, he aquí otro gran tonto —pensó el caballero, mientras se sentaba a desayunar—. Parece que no va a ser tan difícil como pensaba encontrar a un tercero».

Era ya noche cerrada cuando llegó a un pequeño pueblo. Vio asombrado que todas las casas tenían las puertas abiertas de par en par, pero en su interior no había ni un alma. Todas estaban vacías.

Ya estaba acabando de recorrer el pueblo, cuando fuertes gritos y voces atrajeron su atención y se dirigió al lugar del que provenían y allí encontró a los habitantes de la aldea muy excitados. Estaban todos alrededor de un estanque, tratando de sacar algo de él; unos llevaban rastrillos, otros cazamoscas y otros más cañas de pescar.

— ¿Qué sucede? —preguntó el caballero.

—¿Pero es que acaso no lo ves? —gritaron extrañados—. La Luna se ha caído al estanque y tratamos de rescatarla para colgarla otra vez en el cielo. Pero por muchos esfuerzos que hacemos, no hay forma de sacarla del agua. ¡Todo es inútil!

El caballero, sin poder contener su asombro, les señaló el cielo, donde brillaba la Luna y les aclaró:

—La Luna no se ha caído; está en el cielo; lo que veis en el estanque, es solo su reflejo -Pero la gente del pueblo no lo creyó y lo echaron entre gritos y silbidos.

Después de esto, no tuvo otro remedio que cumplir la promesa que había hecho tiempo atrás. Regresó a casa de los granjeros, se casó con la hija y fueron muy felices. Con ella tuvo muchos hijos y cada hijo que les nació fue más tonto que el anterior.

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

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Si quieres, también puedes escuchar “Seis tontos” con la voz de Angie Bello Albelda

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Santornem’hi Monrelat

66 comentarios el “Seis tontos

  1. Óscar
    12/03/2017

    Con estos personajes hasta top parezco listo. Besitos

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  2. Carmen Cifuentes
    16/10/2016

    Jajajajaja cuánto tonto hay por la vida!! Gracias por sacarme unas carcajadas. 😉

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  3. Anónimo
    15/10/2016

    Es una verdad,como un templo,desperdiciamos nuestra vida,como la sidra,del granjero,
    En vez de disfrutarla,seguimos siendo Tontos,
    Me encanta el Audio,porque me transmite,la situación agradablemente,gracias,,

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    • Martes de cuento
      15/10/2016

      No se te ha pasado por alto ese detalle de la sidra derramada inútilmente 🙂 Como decía Oscar Wilde, esto no es un ensayo general, señores, esto es la vida, y no debemos “derramarla”, sino beberla y celebrarla.
      La voz del audio es la de Angie, gran actriz y mejor persona 😉

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  4. María
    14/10/2016

    Vaya tontería preocuparse por aquello que puede pasar ¡Sí que eran tontos muy tontos! Hay que disfrutar de todo lo que tenemos ahora y lo que tenga que ser, pues… ya será.
    Muy gracioso el cuento.
    Besazos

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    • Martes de cuento
      15/10/2016

      ¿Verdad, María? No hace falta preocuarse por adelantado, porque si no llega habrás perdido el tiempo y si llega, te habrás preocupado dos veces 😉 Como tú, yo también soy una forofa incondicional del carpe diem. ¡Un abrazo!

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  5. Juani Casco
    13/10/2016

    Que divertido!!!! Uno que conozco dice que hay más tontos que botellines y será verdad!!! Has hecho una preciosa versión. Saludos amiga!!!

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    • Martes de cuento
      14/10/2016

      😀 😀 😀 Pues estoy por darle la razón, porque en ocasiones hay actitudes que claman al cielo… ¡Y conste que no me quedo al margen! 😀

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  6. Julie Sopetrán
    13/10/2016

    Pensar en lo que va a pasar sin que haya pasado es ya de por sí una idiotez o como aquel que dice llamar al mal para que venga… Pero el cuento tiene tantas lecturas y el final es genial pues la descendencia nos afecta en lo que está pasando. Bueno tu versión es extraordinaria y como da para tanto este cuento ni sé por donde empezar… ahí va lo que me inspira.

    Tal para cual novio y novia
    bajaron a la bodega
    en acuerdo y sin refriega
    eran causa de su fobia
    y libres sin claustrofobia
    salieron de su agujero
    y no le pusieron pero
    a proclamar su embriaguez
    procreando estupidez
    él después y ella primero.

    Julie

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  7. edda diaz
    13/10/2016

    Genial , muy gracioso

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  8. paginasdenieve
    12/10/2016

    No me esperaba ese final para nada Jajaja Un buen cuento que tiene sus reflexiones como siempre; respecto a la primera familia, dejar de pensar en el futuro y disfrutar del presente. El resto, bueno… son casos aparte… Jajaja

    Un gran abrazo.

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    • Martes de cuento
      13/10/2016

      😀 😀 😀 Pues sí, carpe diem, que preocuparse por lo que aún no ha sucedido y tal vez no suceda jamás es gastar energías inútilmente. ¡Un abrazo bien grande también para ti! 😉

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  9. Susana Molina
    12/10/2016

    Me has hecho reír con ese final. Besos!

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    • Martes de cuento
      13/10/2016

      😀 😀 😀 ¡Pues objetivo logrado! Si los cuentos consiguen una sonrisa, una risa o un ratito de olvidarse de todo y todos, han cumplido su razón de ser 😉

      Le gusta a 1 persona

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Esta entrada fue publicada en 11/10/2016 por en Cuento popular y etiquetada con , , , , , , .
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