Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

Mediopollo

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Ilustración: Yolanda Cabrera

Había una vez una robusta gallina española que empolló una bonita y numerosa familia. Todos sus pollitos eran graciosos y finos, excepto uno, que resultó ser solo un medio pollo. Tenía un solo ojo, un ala, una pata, media cabeza y medio pico.

—¡Qué atrocidad! —cloqueó mamá gallina—. ¡Mi benjamín es solo un medio pollo! ¡Jamás servirá para nada!

Pero por raro que parezca, Mediopollo estaba muy lejos de ser un inútil; brincaba de un lado para otro sobre su única patita y se mostraba mucho más valiente y audaz que sus hermanos. Pero era también muy orgulloso y difícil de complacer, por lo que mamá gallina no se sintió excesivamente triste, cuando, un día, Mediopollo le dijo:

—Estoy hasta la media cresta de este viejo corral. ¡Me voy a Madrid a ver al rey!

—Solo eres un medio polluelo tonto —lo regañó mamá gallina—. Incluso un gallo hecho y derecho lo pensaría dos veces antes de emprender un viaje como ese.

—De todas maneras, voy —se obstinó Mediopollo—. Nada gano quedándome en este miserable gallinero contigo y con los demás. Yo soy especial y cuando llegue a Madrid, el rey me dará un corral para mí solo. Cuando esté instalado, tal vez os invite a pasar unos días conmigo.

—Vete, pues —contestó mamá gallina—. Pero no olvides ser amable y educado con todo el mundo y quizá tengas suerte, aunque no seas más que un medio pollo.

—¡Ya veremos! —exclamó Mediopollo y se alejó, dando rápidos brinquitos sin mirar hacia atrás ni una sola vez.

Al poco, llegó a un arroyo, cubierto de hierbas.

—¡Mediopollo, ayúdame, por favor! —suplicó el agua del riachuelo—. Saca estas hierbas que me aprisionan para que pueda correr libremente.

—¿Que te ayude? —contestó enojado Mediopollo—. ¿Crees que no tengo cosa mejor que hacer, que perder mi tiempo sacando hierbas? ¡Voy a Madrid a ver al rey!

Y, renqueando, se alejó.

Encontró, más tarde, una hoguera que alguien había encendido, pero cuyas llamas eran ya tan débiles que no tardarían mucho en extinguirse por completo.

—¡Por favor, ayúdame, Mediopollo! —imploró el fuego de la hoguera—. ¡Lánzame unas ramas o me ahogaré en unos minutos!

—¿Que te ayude? —Se indignó Mediopollo—. ¿Crees que no tengo nada mejor que hacer, que perder mi tiempo lanzándote ramas? ¡Voy a Madrid a ver al rey!

Y dando la espalda a la hoguera siguió su camino.

A la mañana siguiente, pasó junto a un enorme nogal en cuyas ramas se había enredado el viento.

—¡Por favor, ayúdame a desenredarme de estas ramas que me atrapan, Mediopollo! —rugió el viento.

—¿Que te ayude? —gritó furioso Mediopollo—. ¿Crees que no tengo nada mejor que hacer, que perder mi tiempo liberándote? ¡Voy a Madrid a ver al rey!

Continuó dando brincos con su única patita y a primera hora de la noche llegó a Madrid. Sin perder ni un minuto, se dirigió al Palacio Real.

—Esperaré aquí afuera —murmuró para sí—.  Seguro que el rey no tardará en salir a recibirme como merezco.

Pero mientras recorría los jardines esperando, se asomó el cocinero real por la ventana de la cocina y al ver a Mediopollo, exclamó:

—¡Qué casualidad! El rey acaba de pedirme consomé de pollo para la cena.

Bajó corriendo el cocinero, atrapó a Mediopollo por su única ala y lo arrojó a la olla que tenía ya preparada sobre el fuego.

—¡Agua, agua! —suplicó Mediopollo, desesperado—. ¡Apiádate de mí y no me mojes tanto!

—¿Apiadarme, Mediopollo? —contestó el agua—. ¿Por qué, si tú no quisiste ayudarme cuando yo era arroyo que corría por el campo?

Al poco rato, dentro de la olla hacía un terrible calor y Mediopollo gritó:

—¡Fuego, fuego, por favor, no ardas tanto que me quemas con tu calor!

—¿Qué no arda, Mediopollo? —contestó el fuego—. ¿Por qué, si cuando estaba a punto de morir en el bosque me diste la espalda?

De pronto, el cocinero levantó la tapa de la olla y al ver que solo era un medio pollo lo que hervía dentro, exclamó:

—¡Qué barbaridad, un medio pollo! ¡Esto no sirve para el consomé del rey!

Y sacándolo de la olla, lo arrojó por la ventana justo en el momento en que pasaba el viento.

El viento levantó en volandas a Mediopollo. Lo agitó de aquí para allá, y de allá para acá, sobre tejados y azoteas, como si fuera una pluma.

—¡Viento, viento! —suplicó Mediopollo—. ¡Por favor, no me sacudas así!

—¿Qué no te sacuda, Mediopollo? —contestó el viento—. ¿Por qué, si no me ayudaste cuando me enredé en el nogal?

Y con toda su furia, el viento lo elevó hasta un tejado y lo dejó clavado en la punta, donde todavía sigue.

Si vas a Madrid fíjate bien, porque verás a Mediopollo sobre su única pata, con una sola ala, un ojo, media cabeza y medio pico. ¡La veleta más alta de toda la ciudad!

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

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Si quieres, también puedes escuchar “Mediopollo” con la voz de Angie Bello Albelda

logoAngie

Santornem’hi Monrelat

67 comentarios el “Mediopollo

  1. Óscar
    23/09/2016

    Lo malo es que en la vida real la gente como Mediopollo no acaba colgada del palo más alto sino más bien todo lo contrario… Besitos

    Le gusta a 1 persona

    • Martes de cuento
      23/09/2016

      Creo que aunque acaben triunfando, acaban tan solos como si estuvieran colgados de las alturas 😉 Hay muchos mediopollos que no dan nada, pero que no paran de pedir y, al final, los que están cerca acaban sabiendo de qué pie cojean 😀 😀 😀 ¡No van a cojear si solo tienen una pata! 😀 😀 😀

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  2. eldiariodesensi
    20/09/2016

    Vaya pena de pollo, nació desgraciaíto y terminó peor todavía. Esa madre gallina debió darle más cariño, el pobre no sabía lo que era preocuparse por los demás. Normalmente el que no recibe, no da.

    Le gusta a 2 personas

    • Martes de cuento
      21/09/2016

      Pues seguramente tienes parte de razón, porque dicen que «amor con amor se paga», pero hay personas que reciben mucho amor y son mediopollos y otros que solo reciben palos y son capaces de mucha generosidad. Y es que en esto de los sentimientos y el comportamiento, no todo es matemática pura y no sé por qué, pero creo que ese pollo es más chulo que un ocho 😉

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  3. paginasdenieve
    17/09/2016

    A ver, Mediopollo, que yo confiaba en ti desde que naciste siendo tan especial… Bueno, bueno, una buena lección para ese pequeño. Enamorada de la moraleja y de ese final inesperado.

    Le gusta a 1 persona

    • Martes de cuento
      18/09/2016

      ¡Me alegra que te haya gustado el cuento! 😀 😀 Creo que más de uno nos llevamos una sorpresa al leerlo. Al principio piensas que por ser distinto será despreciado, luego ves que es él el que desprecia a los demás 😉

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  4. A. Losa
    16/09/2016

    Maravilloso. No solo es un derroche de imaginación, sino que además tiene moraleja.

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  5. Qamar
    16/09/2016

    Mediopollo los tiene bien puestos y perdón por la expresión.
    Un besazo.

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    • Martes de cuento
      17/09/2016

      😀 😀 😀 Los mediopollos es lo que tienen 😉 Con frecuencia son mucho ruido y pocas nueces. ¡Un abrazo lunar!

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  6. Dónde las dan las toman y arrieritos somos…¡Vaya con Mediopollo! Seguirá en la punta del tejado.
    Un abrazo Martes

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    • Martes de cuento
      17/09/2016

      😀 😀 Ese refrán lo escuchado millones de veces en boca de mi madre.
      Deberé ir a Madrid a ver si lo encuentro 😉 Si tú lo ves, hazle una foto. ¡Un abrazo, querida Marisa!

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  7. edda diaz
    14/09/2016

    Mediopollo al techo por egolatra y egoista ,muy bueno martes! COMPARTO

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Nos encanta que nos cuentes

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Esta entrada fue publicada en 13/09/2016 por en Cuento popular y etiquetada con , , , , , , , , , .
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