Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

Rumpelstiltskin

rumpelstiltskin_by_diegosimone

Ilustración: diegosimone

Érase una vez un molinero muy pobre que un día se topó de frente con el rey, el cual paseaba muy cerca de su molino. A fin de parecer una persona importante, el molinero le contó que tenía una hija capaz de hilar paja y convertirla en oro.

—Ese talento es digno de admirar. Si tú hija es tan hábil como afirmas, llévala mañana a palacio y la pondré a prueba.

Al día siguiente, al llegar la muchacha, el rey la condujo a una habitación llena de paja, le entregó una rueca y un huso y le dijo:

—¡Ponte a trabajar! Tienes tiempo hasta el amanecer, si cuando regrese no has convertido esta paja en oro, morirás.

Después, cerró la puerta con llave tras él y la dejó sola en el interior.

La hija del molinero, sin saber qué hacer, se puso a llorar desconsoladamente. No tenía la menor idea de cómo convertir la paja en oro.

De repente, la puerta se abrió y entró un enano contrahecho que le dijo:

—¡Buenas noches. niña!, ¿por qué lloras?

—Porque tengo que hilar toda esta paja para convertirla en oro y no tengo ni idea de cómo hacerlo.

—¿Qué me das si hilo por ti? —preguntó el enano

—Te daré mi collar —respondió la chica.

El enano se guardó el collar en el bolsillo, tomó entre sus manos la rueca y empezó a hilar a toda velocidad «zummmmmmm, zummmmmmmmm, zummmmmm». A sus pies, se iban amontonando bobinas de hilo de oro. Toda la noche estuvo trabajando.

Al salir el sol, llegó el rey y al ver la paja transformada en oro, se quedó atónito y encantado, pero en su avaricioso corazón se despertó el deseo de poseer aún más riquezas, así que condujo a la hija del molinero a una habitación más grande que la primera, llena hasta el techo de paja y le ordenó:

—Si valoras en algo tu vida, convierte este montón de paja en oro. ¡Ponte a trabajar! Tienes tiempo hasta el amanecer, si cuando mañana regrese no has convertido esta paja en oro, morirás.

La muchacha no sabía qué hacer, estaba desesperada, pero, como el día anterior, se abrió la puerta, apareció el diminuto hombrecillo y dijo:

—¿Qué me das si hilo por ti?

—Te daré mi anillo

El enano se guardó el anillo en el bolsillo, tomó entre sus manos la rueca y empezó a hilar a toda velocidad y, otra vez, convirtió toda la paja en brillante oro.

El rey no cabía en sí de gozo, pero su codicia no tenía límite y todavía no estaba satisfecho, así que llevo a la hija del molinero a una habitación aún más grande que las dos anteriores, llena de paja a rebosar y le dijo:

—Si consigues hilar toda esta paja, me casaré contigo.

«Es hija de un molinero, cierto —pensó—, pero no podría encontrar una esposa mejor aunque buscara por todo el mundo».

Al quedarse sola la muchacha, el enano apareció por tercera:

—¿Qué me das si hilo por ti?

—No me queda nada para darte —respondió la chica.

—Entonces tienes que prometerme que, cuando seas reina, me entregarás el primer hijo que tengas.

«Quién sabe qué sucederá antes de que yo llegue a reina y tenga un hijo» —reflexionó la hija del molinero. Y como no tenía otra manera de salir de aquel aprieto, le prometió al enano lo que este le había exigido y el hombrecillo se puso a hilar.

A la mañana siguiente, la hija del molinero se convirtió en reina y no volvió a pensar más en el enano ni en lo que había sucedido.

Justo al cabo de un año, dio a luz a un hermoso niño y cuál no sería su consternación cuando pocos días después, de repente, se abrió la puerta de su habitación y apareció el enano:

—Dame lo que prometiste.

La reina, al recordar su promesa, le ofreció al hombrecillo todas las riquezas de su reino a cambio de su hijo, pero el enano se negó a escucharla:

—¡No! Ni todas las riquezas del mundo son comparables al valor de este niño.

Al oír esto, la reina se puso a llorar de tal modo que el enano, compadeciéndose de ella, le dijo:

—Te daré una oportunidad: tienes tres días para averiguar mi nombre, si lo adivinas, dejaré que te quedes a tu hijo.

El primer día, la reina le dijo al enano los nombres más extraños que ella recordaba, pero ninguno de ellos era el correcto, así que la reina mandó a todos sus mensajeros por el mundo para que trataran de averiguar el nombre del enano.

Al segundo día, cuando el hombrecillo llegó, la reina empezó a recitar todos los nombres exóticos que recordaba: «Gaspar, Melchor, Baltasar…». Pero cada vez que pronunciaba uno, el enano respondía:

—¡No, no! ¡Ese no es mi nombre!

Al tercer día regresaron los mensajeros, pero ninguno había sido capaz de encontrar lo que la reina pedía. Sin embargo, el último que llegó contó lo siguiente:

—Durante mi viaje, paré para descansar en una alta colina rodeada de bosques, allí donde los zorros y las liebres viven; había una casa muy pequeña y ante ella ardía una hoguera. Me escondí para observar y vi cómo el ser más grotesco que imaginar se pueda, danzaba como un loco alrededor del fuego, repitiendo sin cesar la misma cantinela:

Hoy horneo,

mañana cerveza bebo,

y pasado mañana al príncipe me llevo.

A la reina no engaño,

pero jamás sabrá que Rumpelstiltskin me llamo.

Es fácil imaginar el alborozo de la reina al oír la canción.

Al poco rato llegó el enano:

—Veamos, señora reina, ¿ya sabes cuál es mi nombre? Solo te quedan tres oportunidades.

—¿Es Conrado?

—¡No!

—¿Acaso es Gustavo?

—¡No!

—¿Tal vez sea Rumpelstiltskin?

—¡El diablo te lo ha dicho! ¡El diablo te lo ha dicho! —gritó el hombrecillo y golpeó el suelo con tanta rabia, que su pie derecho se hundió hasta la rodilla.

Para poder salir de su propia trampa, se sujetó con ambas manos a su pie izquierdo y tiró y tiró; con tanta fuerza, que se rompió la pierna antes de poder sacarla. Entonces, sin dejar de protestar, se marchó cojeando y nunca jamás se lo volvió a ver.

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

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Si quieres, también puedes escuchar “Rumpelstiltskin” con la voz de Angie Bello Albelda

logoAngie

Santornem’hi Monrelat

56 comentarios el “Rumpelstiltskin

  1. Óscar
    23/09/2016

    Ya podía haberse llamado el enano Anquilesmiro… El nombre que tiene es imposible de pronunciar… Besitos

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  2. Pingback: Rumpelstiltskin — Martes de cuento | Lapizázulix, la galaxia del cuento

  3. Clarisa
    05/09/2016

    Encantador… Los cuentos son maravillosos. Gracias!

    Le gusta a 1 persona

    • Martes de cuento
      06/09/2016

      🙂 Gracias por comentarlo, Clarisa. Saber que os gustan los cuentos nos anima a seguir buscando nuevas historias para compartir con vosotros. ¡Un abrazo!

      Me gusta

  4. gloan
    05/09/2016

    Qué gusto volver por aquí. Ya estoy otra vez como en mi casa 😀 Un besazo, martes.

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  5. Israel Campos
    31/08/2016

    Me encanta. Lo que no sabía era el detalle de la pierna rota del enano. ¡Qué cosas!

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    • Martes de cuento
      01/09/2016

      😀 😀 😀 Te debo confesar que he hecho un poco de “censora”, porque en algunas versiones que he leído, en realidad, el enano se parte por la mitad.

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  6. eldiariodesensi
    31/08/2016

    Entre el padre, el rey y el enano, la mujer tenía todas las papeletas para salir mal parada, pero mira, al final salió victoriosa de un futuro todavía más desgraciado.

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    • Martes de cuento
      31/08/2016

      Pues sí, ¡vaya hombres que le han tocado en suerte en la vida! Espero que el hijo salga un poco mejorcito 😀 😀 😀 Lo que si es verdad que al final no se salva ella sola gracias a su ingenio 😉

      Le gusta a 1 persona

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Esta entrada fue publicada en 30/08/2016 por en Cuento clásico y etiquetada con , , , , , , , .
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