Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

Un tesoro bajo el sofá

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No podéis ni imaginar la de cosas maravillosas que se esconden bajo un sofá. Solo hay que ser lo bastante valiente para alargar el brazo y no hacer ascos a lo que podáis encontrar.

Irene tiene una caja llena de tesoros encontrados bajo el sofá: una punta de lápiz de color verde manzana, un encendedor que no funciona, tres tapones de bolígrafo medio roídos y un alfiler.

Hace unos días, también encontró dos pelusas de Miula. Estaban pegadas al trocito de mortadela que se le cayó mientras merendaba. Pero las pelusas no las guardó.

Después de la limpieza del domingo, en casa no se encuentran demasiados tesoros bajo el sofá y, por eso, hoy Irene ha tenido que poner los dos brazos bajo la butaca. Se ha estirado cual larga es y casi se habría colado por el agujero a ras del suelo si su madre no la hubiera enganchado por los pies como quien atrapa una lagartija.

Pero la «lagartija» lleva el puño bien cerrado y una sonrisa de oreja a oreja. «Esta vez he pescado algo grande», piensa, y abre la mano delante de su madre muy orgullosa.

—¿Aún has encontrado porquerías? —le ha dicho mamá—Anda, dame que lo tiro.

Irene ha huido de las «garras todolotiran» de mamá.

—Pero, ¿qué dices? ¡¿Una porquería?! —grita indignada—. Pero, si es el cuadro más chiquito y bonito que he visto en toda mi vida. Una obra de arte en miniatura. ¡Y qué colores! Esto lo tiene que ver papá…

Lo encuentra doblando la colada y bostezando.

—Papá, ¿verdad que esto es un tesoro de un valor que no se puede ni contar?

—Será «de valor incalculable», Irene…—la corrige su padre.

—¡Eso! ¡Un tesoro de valor incalculable! —sonríe ella satisfecha— ¡Si ya sabía yo que tenía razón!

Segura de que Marcos se morirá de envidia, corre a la habitación de su hermano. La puerta está cerrada —para variar— y ella grita para hacerse oír:

—¡Marcos, mira que he encontrado!, ¡soy rica!

—Sí, lo más seguro —contesta su hermano desde dentro.

—¡Te lo prometo! Abre y verás…

Marcos abre la puerta solo a medias y estira la mano. Irene duda, pero, finalmente, le alarga su tesoro de valor incalculable.

—¿Esto? ¡Esto ya no vale para nada, pedazo de chorlito! Ahora hay ordenadores —se burla Marcos y le devuelve su tesoro.

Cabizbaja sale al jardín. Al otro lado de la valla está la vecina, Josefina, que le pellizca cariñosamente la mejilla.

—¿Qué te pasa, Irene, preciosa? Tienes una cara de pescado hervido que asusta.

—Es que Marcos dice que esto no vale para nada —Y le enseña su tesoro de valor incalculable, que ya no tiene ningún valor.

La vecina lo mira y, de repente, es ella la que pone ojos de pescado hervido. Y le cuenta no sé qué de un antiguo novio, que siempre le escribía y perfumaba las cartas. Cartas larguísimas llenas de «terroncitos de azúcar», de «miradas de caramelo», de «besos de café con leche», de «caricias de miel»…

Irene, empachada, se marcha a dar una vuelta. ¡Ahora sí que ya no entiende nada! Su tesoro de valor incalculable, que ya no vale para nada, resulta que es más dulce que una piruleta de pastel de chocolate blanco. ¡Ecs!

—¿Qué llevas en la mano, Irene? —pregunta Pedro, el cartero.

—No mucho. Un tesoro de valor incalculable, que ya no vale para nada y que es más dulce que una piruleta de pastel de chocolate blanco.

—¿Me lo dejas ver? —pide curioso Pedro.

Irene abre la mano, ya sin muchas esperanzas. Pedro sonríe. Sonríe tanto, que su boca parece un buzón boquiabierto.

—¡Caramba, Irene! ¡Pero si esto es una varita mágica!, ¡un pozo de los deseos!, ¡la lámpara de Aladino! ¡Qué hallazgo!

Irene lo mira dubitativa, pero Pedro, muy serio, le explica que aquel cuadradito tan pequeño es un teléfono directo que la comunicará con su hada madrina, pero que solo él es capaz de hacerlo funcionar, así que se lo tendrá que dar. Y entonces le pregunta quién es su hada madrina.

—Hombre, hada, hada no sé si es, pero mi madrina es la abuela Mercedes, la que vive en el pueblo —le aclara Irene.

—¡Ah!, ya sé. Vamos bien. Y ahora el deseo. Toma, escribe lo que más te gustaría tener en el mundo en este papel…

Al cabo de cinco días, suena el timbre. Irene sale volando, directa hacia la entrada.

—¡Ya abro yo! ¡Ya abro yo!

—Antes pregunta quién es —dice la madre.

Pero ya es demasiado tarde, Irene ha abierto la puerta y encuentra a la abuela Mercedes plantada en el jardín. De su mano, cuelgan unas riendas y las riendas tiran de un caballo que lleva un gran lazo en la cola.

—¡Es mi deseo, es mi deseo! —grita sin parar Irene mientras brinca.

Miula, mamá, papá y Marcos, al oír sus gritos, se asoman para ver qué ocurre y se encuentran a Irene y a la abuela en el porche, sentadas en el viejo balancín. Además del caballo, la abuela le ha llevado otra sorpresa: una cajita llena a rebosar de sellos de correo.

—¡Oh!, son todos como el tesoro que encontré bajo el sofá—Se maravilla Irene.

—Sí —sonríe la abuela Mercedes— Son tesoros. Y valen tanto como tú los quieras hacer valer.

Y mientras acaricia su cabeza le dice:

—Escríbeme a menudo, linda, y cuéntame todos tus deseos.

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

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Si quieres, también puedes escuchar “Un tesoro bajo el sofá” con la voz de Angie Bello Albelda

logoAngie

Santornem’hi Monrelat

58 comentarios el “Un tesoro bajo el sofá

  1. Ruth
    10/11/2016

    Me parece un cuento muy original. Además las expresiones actuales. El tono cómico. Lo hacen u cuento precioso.

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    • Martes de cuento
      11/11/2016

      Gracias por tu comentario. A nosotros también nos parece que es un cuento precioso y que su autora ha sabido transmitir gran frescura en su relato. ¡Gracias por comentar, Ruth!

      Me gusta

  2. Óscar
    25/09/2016

    Qué tierno! Yo es que soy de no tirar nada, así está mi trastero, que el día menos pensado revienta, je je je. Y con mis niños por ahí siempre encuentro de todo en cajones, canastos, muebles, cojines… Irene sería feliz en mi casa. Besitos

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    • Martes de cuento
      26/09/2016

      Tú casa debe ser el paraíso de los tesoros. al abrir cualquier cajón puedes encontrarte sorpresas 🙂 Cuando eres niño vivir en una casa así es lo mejor que te puede ocurrir 🙂

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  4. Carmen Cifuentes
    05/09/2016

    Precioso y encantador!! Mi felicitación para la Autora. Un abrazo.

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  5. felicitasrebaque
    05/09/2016

    Precioso cuento para reflexionar sobre esos tesoros que no tienen precio. . Hoy que se tiende a desprenderse de todo y solo valorar lo inmediato, lo último. Un beso grande, querida amiga

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    • Martes de cuento
      06/09/2016

      🙂 Estoy de acuerdo contigo, Felicitas. Creo que este cuento nos invita a recuperar valores un poco olvidados por culpa de la filosofía actual del “usar y tirar” y la prisa . Deberíamos frenar un poco y valorar las pequeñas cosa. Gracias por leer el cuento y comentarlo ¡Un abrazo! 🙂

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  6. eldiariodesensi
    30/08/2016

    ¡Cuánto tiempo hacía que no venía a leer los cuentos de martes y lo echaba de menos!. Me ha encantado, un cuento con mucha dulzura y con un tesoro misterioso que te tiene en suspense hasta el final. A mi también me gustaba guardar tesoros, en mi casa los podías encontrar en cualquier parte, no solo en el sofá. Todavía conservo algunos cajones con mis tesoros en casa de mis padres y disfruto viéndolos. Mi colección de tickets del autobús, cromos, dibujos, un trozo de piedra y mil cosas más. No se si sería capaz de tirarlos. Creo que algunos llaman a eso “acumular”. En fin martes, espero ir viendo todas tus novedades poco a poco. Un beso muy grande.

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  7. Borgeano
    29/08/2016

    Me encantó la idea de los tesoros bajo el sofá y sobre todo esa forma tan original de hacer que los niños entiendan el valor de las cosas viejas.

    un abrazo.

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    • Martes de cuento
      30/08/2016

      🙂 Hay cosas «viejas» que yo añoro. Quizá sea romanticismo, pero creo que los pequeños de hoy deberían experimentar ciertas vivencias y situaciones para apreciar valores como la paciencia, la meticulosidad… que quizá se han dejado un poco de lado. ¡Un abrazo, Borgeano!

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Esta entrada fue publicada en 23/08/2016 por en Cuento amigo y etiquetada con , , , , , , , , .
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