Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

Verdezuela (Rapunzel)

rapunzel

Ilustración: sousakuteki

Hace mucho tiempo vivió un matrimonio que deseaba, sobre todas las cosas, tener un hijo. Pasaba el tiempo y ya parecía que jamás se cumpliría su deseo cuando, con alegría, la mujer supo que estaba embarazada.

Una tarde de mucho calor, se asomó la futura madre a la ventana para tomar el fresco y observó el hermoso jardín que había frente a su casa, cercado por un tapia altísima, todo lleno de plantas y flores preciosas. Nadie osaba entrar en él, porque pertenecía a una bruja muy poderosa llamada Gothel, a la que todo el mundo temía.

La mujer se fijó en un parterre del jardín en el que crecían olorosas plantas de verdezuela y, al verlas, le entraron unas irresistibles ganas de saborear un plato de aquella verde hortaliza.

A partir de ese momento, el deseo de comer verdezuelas se hizo cada vez más y más intenso y como no podía satisfacer su apetencia, empezó a languidecer, su rostro palideció y en pocos días estaba tan desmejorada, que su marido le preguntó:

—¿Qué te ocurre, querida esposa?

—¡Ay! —suspiró—, si no logro comer las verdezuelas que crecen en el jardín de la bruja, creo que moriré.

El buen hombre, asustado, se prometió a sí mismo: «Cueste lo que cueste, conseguiré verdezuelas».

Al anochecer, trepó por la alta pared que lo separaba del jardín prohibido de la bruja, cortó con premura un puñado de verdezuelas y se lo llevó a su esposa. Ella, de inmediato, se preparó una ensalada con ellas y se la comió con avidez. Le gustaron tanto, que al día siguiente, al despertarse, su deseo era aún mayor, por lo que le rogó a su marido que consiguiera más.

El marido volvió a esperar a que anocheciera y, de nuevo, trepó con sigilo la tapia del jardín prohibido, pero al llegar al otro lado, se encontró cara a cara con la bruja, que ya lo esperaba:

—¿Cómo te atreves a entrar en mi jardín? ¿Has vuelto para robarme más verdezuelas? ¡Te castigaré por tu temeridad!

– ¡Perdóname! No es robo, es necesidad. Mi esposa está embarazada y al ver tus verdezuelas le han entrado unas irresistibles ganas de comerlas.

Al oír aquello, la bruja se apaciguó:

–Si es cierto eso que dices, puedes llevarle a tu mujer todas las verdezuelas que quieras pero, a cambio, tendréis que entregarme a vuestro bebé en cuanto nazca. Prometo que le irá bien conmigo y que lo cuidaré como si fuera su verdadera madre.

Asustado como estaba, el hombre dijo que sí a todo sin pensar.

Pasado un tiempo, en el mismo momento en el que la mujer daba a luz, se presentó la bruja a reclamar al recién nacido. Era una niña. La bruja se la llevó consigo y le puso por nombre Verdezuela.

Era la niña más preciosa del mundo y para que nadie lo supiera, al cumplir los doce años, la bruja la encerró en una torre de oro que se alzaba en medio de un bosque. La torre no tenía puerta ni escalera, pero sí una ventana en lo alto, por la que entraba la bruja. Para subir, se colocaba bajo la ventana y gritaba:

¡Verdezuela!, ¡Verdezuela!,

¡Lánzame la cabellera!

Entonces, la muchacha, que tenía el pelo rubio como el oro, ataba su larga trenza a uno de los hierros de la ventana y la dejaba caer al vacío. Cuando llegaba al suelo, veinte metros más abajo, la bruja trepaba por ella.

Pasaron unos años y, un día, el hijo del rey pasó muy ceca de la torre y al oír la dulce voz de Verdezuela entonando una canción, refrenó su caballo para escucharla.

Tanto le gustó lo que oía, que intentó entrar en la torre. Buscó en vano una puerta para hacerlo hasta que la oscuridad de la noche lo obligó a regresar a palacio. Desde ese día, volvía a diario al mismo lugar para escuchar aquellos cantos que le habían robado el corazón.

Una tarde, que sentado bajo un árbol disfrutaba de la dulce melodía, vio cómo se acercaba la bruja y oyó que decía:

¡Verdezuela!, ¡Verdezuela!,

¡lánzame la cabellera!

Al marcharse la bruja, el príncipe la imitó, pero sin resultado alguno, ya que Verdezuela, al oír aquella voz desconocida, no hizo lo que le pedía. No obstante, el joven no cejó en su empeño; cada tarde volvía y bajo la ventana hablaba con Verdezuela y se fueron contando quiénes eran y qué les gustaba. Le contó que desde la primera vez que escuchó su canto, deseó conocerla. Un buen día, Verdezuela dejó que subiera hasta lo alto de la torre.

Durante meses, se vieron a diario y se fueron enamorando hasta que ambos sintieron el deseo de estar juntos para siempre, aunque sabía Verdezuela que aquello era imposible:

—Me gustaría estar a tu lado, pero no sé cómo bajar de aquí, quizá podrías traerme cada vez que vinieras una hebra de seda para tejer una escalera.

Y así lo hicieron, el príncipe la visitaba de noche para no toparse con la bruja, que iba de día, y le entregaba una hebra de seda.

Pasó mucho tiempo sin que la bruja sospechara nada, pero un día Verdezuela le dijo:

—Dime, mamá Gothel, ¿cómo es qué tú tardas tanto en subir?

—¡¿Pero qué oigo!? ¿Con quién me comparas? ¿Quién más sube por tu pelo para saber que yo tardo mucho?  Creía que había conseguido aislarte del mundo, pero me has engañado.

Llena de cólera, asió el precioso pelo de Rapunzel, dio dos vueltas alrededor de su mano izquierda, tomó unas tijeras con la derecha y cortó las hermosas trenzas, que quedaron tiradas sobre el suelo. Después, condujo a Verdezuela a un desierto, y allí la abandonó.

La malvada bruja regresó a la torre, ató las trenzas a la reja de la ventana y espero a que se hiciera de noche.

Al llegar, el príncipe pronunció las palabras de costumbre:

¡Verdezuela!, ¡Verdezuela!,

¡lánzame la cabellera!

La hechicera dejó caer los cabellos hasta el pie de la torre y cuando el príncipe llegó arriba, en lugar de encontrar a Rapunzel, se topó con la bruja.

– ¡Ajá! —gritó burlonamente mamá Gothel— ¿Venías a ver a tu amada? Pues tu avecilla hermosa ya no canta en el nido. ¡Se la ha comido el gato y nunca más la verás!

El hijo del rey estaba fuera de sí de dolor y al retroceder desesperado, tropezó y cayó al vacío desde lo alto de la torre. Si bien no murió a causa de la caída, aterrizó sobre unas espinas que le pincharon los ojos y perdió la vista.

Y así vagó por el bosque, cegado y desesperado por la pérdida de su amada, hasta que pasado un tiempo llegó, por casualidad, al desierto en el que la bruja había abandonado a la joven tiempo atrás. Oyó un canto que le era conocido y enseguida supo que era su querida Verdezuela.

Lleno de emoción, llamó a la muchacha que, al reconocerlo, lo abrazó llorando de emoción. Dos lágrimas cayeron en los ojos del príncipe, que recuperó la vista al instante. Juntos se dirigieron al reino del príncipe, donde fueron recibidos con alegría, y allí vivieron durante mucho tiempo, felices y contentos.

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

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Si quieres, también puedes escuchar “Verdezuela (Rapunzel)” con la voz de Angie Bello Albelda

logoAngie

Santornem’hi Monrelat

56 comentarios el “Verdezuela (Rapunzel)

  1. Óscar
    25/09/2016

    Yo necesitaría las lágrimas de Verdezuela para mi espalda que está hecha unos zorros… Besitos

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  2. juani casco
    04/08/2016

    Y yo me pregunto…..¿Qué fue de la pobre madre a la que robaron su niña recién nacida? Ella si que debió sufrir lo indecible después de las ansias que tenía por ser madre. En los cuentos los los malos son muy malos y los buenos casi siempre pecan de tontos. ¡Pobre madre! debieron encontarala también en el desierto al que se encaminó después de volverse loca por perder a su niña y así todos hubieran acabado felices. Aunque un poco tarde ¡Feliz semana!

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    • Martes de cuento
      05/08/2016

      Pues mira, te cuento, la madre y el padre, no se acordaban de nada, porque Gothel, al llevarse a la niña, les hizo el conjuro del olvido. Al cabo de justo diez meses tuvieron otro hijo y después de ese, cuatro más y todos juntos fueron felices y comieron perdices. La bruja se trasladó a una casa del bosque para estar más cerca de la torre y la antigua casa en la que vivía, con todos los tesoros dentro, la cedió a sus vecinos, que echaron la tapia del jardín abajo para que pasara el aire. A ese jardín se trasladaron unos gnomos que… ¡Pero eso ya es otro cuento! 😉 Un besazo, amiga.

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      • juani casco
        05/08/2016

        Ahora me quedo más tranquila. Estaba sufriendo por la madre. Gracias por aclararlo!! Besos miles!!

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        • Martes de cuento
          05/08/2016

          🙂 Algún día tenemos que escribir la historia de los personajes secundarios de los cuentos. Son esos grandes olvidados de los que uno se pregunta qué han hecho después. ¡Un abrazo!

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      • Maribel
        21/08/2016

        Ufff menos mal que la historia cambió y cada uno tuvo lo suyo, yo también me quedo mas tranqula, si es que en el fondo queremos ser felices y comer perdices jejejej besss

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        • Martes de cuento
          22/08/2016

          😉 Ser felices es a lo que aspiran la mayoría de personas, pero lobos, brujos y otros seres malignos se empeñan en destrozar la felicidad. ¡Lo importante es que debemos intentarlo a pesar de todo! Un abrazo, Maribel 😉

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  3. edda diaz
    03/08/2016

    Lo que aparece como anonimo es mio

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  4. Anónimo
    03/08/2016

    Delicioso! fresco como un helado de menta y vainilla, con una pizca de lagrima en su esencia
    Bellisima ilustracion
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    • Martes de cuento
      03/08/2016

      🙂 Los buenos cuentos son una explosión de colores y sabores. ¡Gracias por compartir, amiga Edda! Un abrazo bien grande.

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  5. magailustra
    02/08/2016

    Cuando sufrimiento previo, para poder tener un porvenir dichoso. Esa tragedia albergaba desde el comienzo una bendición escondida. FELIZ MARTES DE CUENTO 😀 😀 😀

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  6. Pingback: Verdezuela (Rapunzel) — Martes de cuento | Lapizázulix, la galaxia del cuento

  7. Qamar
    02/08/2016

    Yo que jamás he pensado que los cuentos de hadas sean realmente eso… Son auténticas tragedias, la verdad.
    Un besazo enorme 🙂

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    • Martes de cuento
      02/08/2016

      😀 😀 😀 Algunos sí, otros no tanto. Hay cuentos tristes como “La pequeña cerillera” o divertidos como “Es la pura verdad” y ambos son del mismo autor.
      Mi opinión personal es que debe haber un gran abanico para poder elegir según la personalidad o el estado de ánimo del lector ¡Un beso lunático! 😉

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  8. Toni
    02/08/2016

    Me ha hecho sufrir hasta el final, pensaba que se quedaba ciego! Gracias por el primer martes de agosto en buena compañía.

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    • Martes de cuento
      02/08/2016

      😀 😀 Ya sabes que los cuentos suelen acabar bien, excepto algunos de Andersen, que tienen finales muy tristes. ¡¡Un abrazo, Toni!!

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  9. evavill
    02/08/2016

    Romántico a más no poder. El padre no se puede decir que estuviera muy acertado pero como tiene final feliz se lo podemos perdonar.
    Besos

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    • Martes de cuento
      02/08/2016

      😀 😀 Los Grimm parece que eran la versión masculina de Danielle Steel, porque en sus cuentos siempre acaba triunfando el amor 😉
      En defensa del padre se puede decir que cuando uno está muerto de miedo no sabe ni lo que dice. ¡Pobre hombre! ¡Vaya situación más mala toparse de narices con una bruja mala!

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      • evavill
        02/08/2016

        Jajaja, muy buena la comparación con Danielle Steel, no sé si a los Grimm les gustaría 😉

        Le gusta a 1 persona

        • Martes de cuento
          02/08/2016

          😀 😀 😀 La verdad es que la primera que vino a la mente fue otra, pero no sé yo si muchos hubieran sabido quién es 😉

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  10. marguimargui
    02/08/2016

    Vendemos el alma al diablo a cambio de un antojo, que se habla de la bruja, y su deseo de ser madre, pero que hay de los padres, que cambian a sus bebe por unas golosinas.. Ains martes, a donde vamos a parar

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    • Martes de cuento
      02/08/2016

      Bueno, Margui, hoy día hay padres que venden a sus hijos también, hacen de ellos modelos o actores precoces o deportistas de élite y no los dejan tener una infancia normal. Los entregan a manos de otras “brujas” que también los encierran en torres de oro 😉

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      • marguimargui
        02/08/2016

        Total. Y la falsedad de los occidentales con el trabajo infantil. Y lo bien visto que está, que unos niños pasen el día en un plató de televisión

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        • Martes de cuento
          03/08/2016

          Doble moral, como siempre. Pasa también con la lectura de los cuentos, condenan las historias de princesas, pero luego nos machacan a productos de belleza, de adelgazamiento, de glamour… para que seamos como ellas 😦

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          • marguimargui
            03/08/2016

            Condenable, y sobre todo a los ojos de adolescentes, porque a mí ya me la s….
            Pero la explotación infantil… Te contaré, viviendo en Portugal una amiga me convenció y lleve a las niñas a un casting para publicidad de moda. Montones de crías. Al final cogieron a las dos. El resto de amiguitas solo a una. Tenías que ver la cara de las otras niñas, la desilusión en primer plano. Tuvimos que volver dos dias más, a probar ropa y a hacer la puñeteras fotos. Y les dije que nunca más. La mayor quería seguir y me negué. No me gusto nada lo que producía en las pequeñas.

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            • Martes de cuento
              03/08/2016

              Muy triste. Ese es el modelo de mujer que se condena sobre el papel, pero que luego es el que se promueve. Además, esa insana competitividad no es buena tampoco y no conduce a ninguna parte 😦

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              • marguimargui
                03/08/2016

                Martes… Creo que debería levantarme jjjjj

                Le gusta a 1 persona

                • Martes de cuento
                  03/08/2016

                  Mi opción es intentar contagiar el gusto por la lectura para conseguir desarrollar en las personas un pensamiento crítico capaz de elegir entre múltiples modelos 🙂 vamos, misión imposible 😀 Lo tengo crudo, porque luchar contra los Pokemon es utópico.

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                  • marguimargui
                    03/08/2016

                    😂😂😂😂😂 no es imposible. Estas vacaciones tuve momentos en la playa, de estar las tres tumbadas cada una con un libro. Tenía que haber hecho foto, pero estábamos unas encima de otras y no me podía mover y romper la magia jjjjjj

                    Le gusta a 1 persona

    • Óscar
      25/09/2016

      Ya, tú dile a tu mujer embarazada y con antojo que no se lo traes porque he has negado a intercambiarlo por el bebé que aún no ha nacido. Te echa de casa en un periquete…

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  11. Israel Campos
    02/08/2016

    Un cuento delicioso de principio a fin.

    No conocía el detalle de la ceguera por culpa de las espinas. Es curioso cómo los mal llamados “cuentos de hadas para niños” contienen montones de detalles escabrosos que, a fuerza de contarlos y adaptarlos a otros medios, se han ido evitando.

    Por cierto, siempre me ha parecido llamativo que los seres sobrenaturales de estos cuentos (y, desde cierto punto de vista, poderosos), se centren en anhelar aspectos muy humanos y mundanos. La bruja de Blancanieves, tan poderosa como es, desea ser guapa y que todos la consideren así; la del cuento de hoy reclama una niña… ¿para ejercer de madre?

    ¡Gracias por compartir el cuento!

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    • Martes de cuento
      02/08/2016

      Yo no soy muy partidaria de edulcorar en exceso los cuentos, creo que estos detalles, como en este caso la ceguera, no es algo tan terrible como para tener que esconder a los niños. Estas pinceladas de tristeza les permiten entender que en la vida hay problemas y que algunos pueden solucionarse. Además, le ponen emoción al cuento. Si todo es fácil y color de rosa todo es muy plano y no hay espacio para las preguntas 😉
      En cuanto a los personajes y actitudes que citas, la bruja de Blancanieves no desea ser guapa, ya lo es. Lo que desea es que no haya otra más guapa que ella, lo podríamos traducir por la competitividad maquiavélica y obsesiva que desde pequeños nos inculcan. Ser el mejor cueste lo que cueste y caiga quien caiga.
      Desde mi punto de vista, lo fascinante de los buenos cuentos es que son caleidoscópicos y cada persona los interpreta de modo distinto. Incluso la misma persona puede interpretarlos de modo distinto según la época en la que los lee.
      En el caso de Verdezuela, la bruja puede personificar, por ejemplo, el deseo sobreprotector de los padres; el afán egoísta de acumular sin medida (conocimientos, dinero, posesiones…); el paso de la infancia (protección de la torre) a la madurez (el desierto desconocido y solitario, símbolo que se refuerza con el corte de pelo); el odio hacia los padres demasiado protectores que aíslan a sus hijos del mundo…
      Podría seguir, pero seguramente la lista es interminable, porque los cuentos (en general la literatura) nos sirven para ir construyendo nuestro mundo, nuestra personalidad y en ellos solemos ver reflejados nuestros miedos y anhelos que no nos atrevemos a reconocer abiertamente, pero que vemos normales en los personajes fantásticos.
      Gracias por tu reflexión, que enriquece sobremanera este espacio. ¡Un abrazo, Israel!

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  12. Nini
    02/08/2016

    Yo no me hago tantas preguntas como nuestro/a amigo/a, vanrapcocinillas, siempre me ha parecido un cuento precioso, y la ilustración es genial, me recuerda a las Fabulandias, de mi infancia, gracias Martes de cuento.

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    • Martes de cuento
      02/08/2016

      😀 😀 😀 A veces, lo más acertado es quedarse con el goce que nos proporciona la lectura de una historia bien hilvanada y que nos entretiene y no plantearnos nada más.
      El dibujo me pareció también precioso, en la línea de los cuentos clásicos. Creo que en la cara de Verdezuela/Rapunzel se puede leer lo que siente.
      ¡Un abrazo!

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  13. Lo de tener los ojos pinchados con espinas podría dar lugar a una bonita versión sobre que el amor es ciego.

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    • Martes de cuento
      02/08/2016

      Pues ya sabes, querido Jerby, ¡adelante!, y si lo haces, comparte.
      Y tu idea es otra posible lectura del cuento muy plausible. No solo la ceguera real producida por las espinas, sino el enamoramiento sin verse los protagonistas las caras hasta muy avanzada la trama. Se hablan y se van enamorando sin saber cómo son físicamente, ya que la torre les impide el contacto al principio.

      Me gusta

      • Cuando yo era cuentacuentos, tenía en mi repertorio un cuento que explicaba con todo lujo de detalles por qué el amor es ciego y lo guía la locura.

        !La de lloreras que provocaba aquel cuento!

        Pero, en ‘papel’, podría perder un poco.

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  14. vanrapcocinillas
    02/08/2016

    Me gusta… pero hay una pregunta para la que no encuentro respuesta: ¿Para qué quiso Ghotel hacerse con la vida de Verdezuela?¿Qué hacía cada día en compañía de la niña, que era tan importante como para encaramarse a pulso hasta lo más alto de la torre?¿Buscaba el amor, fuera de quien fuera, fuera como fuera?

    Y… gracias por hacerme buscar qué es la verdezuela (Campanula rapunculus), perooo, otra pregunta: ¿quién dio el nombre a quién?

    La respuesta: la hortaliza (descrita por Linneo en 1753) dio nombre al personaje de los hermanos Grimm (que escrbieron sus dos tomos sobre cuentos de hadas entre 1812 (el año de la publicación de “La Pepa”, por cierto) y 1815.

    De nuevo, gracias.

    Salud y un abrazo.

    Le gusta a 1 persona

    • Martes de cuento
      02/08/2016

      De tu primera pregunta hay muchas posibles respuestas, pero de todas, yo me quedo con el egoísmo puro y duro. En el cuento se habla de la belleza y yo comparo a Gothel con esas personas que tienen una obra de arte o una joya preciosa, incluso en el caso de los niños, un juguete o cualquiera otra posesión, encerrados en una caja fuerte y la miran a solas, a escondidas del mundo, porque solo los mueve el afán de poseer algo bello, pero lo bello encerrado no tiene razón de ser. Muchos de ellos, antes que compartirlo, lo destrozarían (Gothel corta el pelo a Verdezuela/Rapunzel), porque si no es solo para ellos, mejor que no sea para nadie.
      En cuanto a tu segunda pregunta, hay una pequeña explicación en el apartado “¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?” que siempre encontrarás al final de todos los cuentos.
      Al parecer, el origen de esta historia lo tenemos que buscar más lejos, en el cuento «Petrosinella» (que más adelante intentaré compartir con vosotros), incluido en el Pentameron, de Giambattista Basile.
      Petrosinella quiere decir “Perejil”, en el napolitano de 1634. Luego el cuento pasó a Francia y se tituló Persinette (perejil en francés es persil), después se tradujo al alemán y, finalmente, parece que los Grimm se basaron en este último para su versión.
      Ocurre que cada escritor que versiona un cuento popular se encarga de añadir detalles de su entorno y, supongo, que para los Grimm sonaría más poético poético Rapunzel que Petersilie, igual que para mí suena mejor Verdezuela que Rapónchigo, aunque se trate de la misma planta 😀 😀 😀 😀
      ¡Un abrazo y muchísimas gracias por tu aportación!

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Esta entrada fue publicada en 02/08/2016 por en Cuento clásico y etiquetada con , , , , , , , , , .
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