Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

El zorro y la cigüeña

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Ilustración: Mylène Villeneuve

Zacarías, el zorro, tenía fama de ser el más marrullero y guasón de todos los animales del Bosque de las Sorpresas. Incluso se afirmaba que en muchas leguas a la redonda era imposible encontrar a alguien que fuera ni la mitad de ocurrente y agudo que él.

Por su parte, su vecina doña Catalina, la cigüeña, no le iba a la zaga en cuanto a astucia e ingenio. Como casi todos los pájaros, era muy desconfiada y siempre presumía de que aún no había nacido animal u hombre que pudiera tomarle la pluma. Afirmaba que jamás nadie se había atrevido todavía a burlarse de ella en su pico.

Un día, el zorro quiso dejarla en evidencia, así que pensó en jugarle una mala pasada. La visitó en su casa y la convidó a comer. La cigüeña aceptó enseguida la invitación, encantada de que su vecino tuviera esa deferencia, y al día siguiente se presentó muy puntual en casa de Zacarías. Iba de punta en blanco; con las plumas bien atusadas y perfumada con flores silvestres.

Al entrar, vio una gran mesa cubierta por un precioso mantel rosado y sobre ella una gran cesta con flores naturales, varios tipos de pan, una botella del mejor vino blanco, cubiertos de plata, copas… Era evidente que la mesa se había preparado con mimo y primor.

La cigüeña estaba contentísima, pero pronto quedó desencantada cuando vio que el dueño de la casa traía una sopera humeante de plata que contenía, únicamente, un consomé de pescado con un huevo desleído del que se desprendía un apetitoso aroma.

El zorro no tuvo problemas en lamer el contenido de su plato, pero a su invitada le fue imposible probar nada; su largo pico le impedía catar aquel manjar.

—¡Come, come que está rico! ¿Pero es que no te gusta mi consomé, amiga mía?

La cigüeña, furiosa al comprobar que lo que quería el zorro era burlarse de ella, miraba a su vecino como si quisiera fulminarlo con la mirada. A punto estuvo de protestar, gritar y encararse con el zorro, pero se mordió la lengua, se tranquilizó y con un tono de voz pausado y con voz muy apacible, se disculpó ante el zorro del siguiente modo:

—Perdona, Zacarías, pero no sé si será a causa de los nervios, pero se me ha quitado el apetito. Tu consomé con huevo tiene un aspecto inmejorable, pero no podré probar tan delicioso manjar, así que, si no te importa, me marcho a casa. No te ofendas, por favor. Seguro que es un malestar pasajero.

—¡Ay! ¡Pobre Catalina! ¿Quieres que te acompañe? Me quedo muy preocupado —dijo el zorro socarrón.

—No, no te molestes pero, si quieres, ven mañana por la noche a mi casa a visitarme y tomaremos algo.

El zorro, muy complacido, aceptó y al día siguiente, a la hora de la cena, se presentó en casa de su vecina Catalina, con el pelo brillante y bien cepillado y llamó al timbre.

—Vecino Zacarías, ¡qué ilusión! Como puedes ver, ya me he recuperado, aunque la verdad es que no acabo de estar del todo bien, así que he preparado un refrigerio suave: una hamburguesa de topo adobada con higos y uva, que además de alimentar tiene muchas vitaminas  —dijo la dueña de casa que sabía que aquel era el plato preferido del zorro—. Siéntete como en tu casa; toma asiento, que cenaremos. Mientras saboreamos la cena podemos charlar de todo un poco.

—¡Fantástico! Será estupendo compartir contigo comida y charla. Además has acertado de pleno. ¿Cómo sabías que una de mis comidas preferidas es la hamburguesa de roedor con higos y uva? ¡Se me está haciendo la boca agua! ¡Mmmmmmmmmmmmm!…

Así hablaba el zorro, mientras se iba relamiendo y pensaba en su comida predilecta, que ya estaba paladeando con la imaginación. Pero, ¡cuál no sería su disgusto cuando vio aparecer a Catalina con dos grandes botellas que tenían un cuello muy largo y estrecho! ¿Cómo podría el zorro alcanzar aquel manjar? ¿Cómo lo haría para meter el hocico en aquel largo cuello de cristal? Probó de mil maneras, pero fue imposible. No se pudo llevar a la boca ni un solo bocadito del contenido de aquel extraño recipiente.

La cigüeña, mientras tanto, saboreaba la hamburguesa con su fino pico y observaba burlona a su invitado. Al cabo de un rato, exclamó:

—¡Come, come que está rico! ¿Pero es que no te gusta mi hamburguesa, amigo mío? ¿No me habías dicho que es tu comida predilecta? Parece que no he acertado del todo… ¿Está demasiado condimentada? ¿Poco jugosa? ¿Tal vez salada?… ¡Qué mal me sabe! En otra ocasión te pediré consejo antes de prepararla. ¿O quizá es que estás indispuesto? La verdad es que no tienes muy buena cara.

—¡Es eso, querida vecina! No me siento bien. De hecho, me encuentro muy mal.

—¡Oh! ¡Qué lástima! No será tu estómago, ¿verdad?

—¡No, no! es… ¡es migraña! Hace ya días que me duele la cabeza y será mejor que no tome la hamburguesa. De noche es una comida pesada y si se me carga el estómago seguro que me pondré peor.

—¡Pues entonces déjala! Es mejor que te vayas a dormir sin cenar. Me sabría muy mal que te pusieras peor por mi culpa.

—No sabes lo mal que me sabe no poder comérmela y que la tengas que tirar… ¡Tiene tan buena pinta!

—Eso no es problema. No la tiraré, ¡ya me la comeré yo! Total, tú ni la has tocado. Y ahora creo que, si te duele la cabeza, lo mejor que puedes hacer es ir a tomar el fresco. ¡Hala, vete, vete! No hagas cumplidos. Márchate sin problema.

El zorro comprendió que de burlador había pasado a burlado y que la cigüeña lo estaba echando de su casa, así que se puso de pie y, muy hambriento, se alejó con el rabo entre las piernas y se internó en la espesura.

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

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Si quieres, también puedes escuchar “El zorro y la cigüeña” con la voz de Angie Bello Albelda

logoAngie

Santornem’hi Monrelat

50 comentarios el “El zorro y la cigüeña

  1. srajumbo
    26/06/2016

    Jajaj ojo por ojo..

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  2. Euterpe
    04/06/2016

    ¡Hola, qué buena iniciativa! Yo también soy muy cuentista, como demuestro en mi blog personal. Creo que el relato de la torre de Pisa y mi carta a Hawking me han salido inspirados. Tengo asimismo otro blog, que dedico a un excelso coro de niños. ¿Cómo puedo promocionarlos en R5? ¡Gracias!

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    • Martes de cuento
      05/06/2016

      ¡Hola Euterpe!, gracias por leer el cuento. Sin duda pasaremos a leer lo que nos aconsejas en tu blog y a escuchar la música de ese coro. En cuanto a tu pregunta sobre Radio5, no lo sé, fue la propia radio la que contactó conmigo. Me enviaron un mail proponiéndome una pequeña entrevista y acepté encantada. ¡Un abrazo!

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  3. Maribel
    03/06/2016

    Que cuento mas bueno, no lo había oído nunca, es muy educativo. No hay nada mejor que nos hagan ver como hemos actuado para aprender la lección, oleee.
    Y escuchar a voz de Angie me ha recordado a una amiga jejeje me encanta su voz. besss

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  4. Javier
    02/06/2016

    Este cuento se puede llevar por el lado de un sabueso investigador privado, sobrado, que relata un caso curioso entre colegas. Lo expreso en voz alta para que no se me olvide. Lo oiréis…. Gracias. Salu2.

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    • Martes de cuento
      02/06/2016

      🙂 ¡Cuando lo hayas hecho, avisa, Javier! Lo bueno de Isla Imaginada es que allí cabe todo. Seguro que te quedará fantástico, ya nos irás informando 😉

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  5. vanrapcocinillas
    01/06/2016

    ¡Qué educativo cuento! ¡ más de una vez habré pensado en semejantes artimañas para resarcirme del hartazgo que me produce algún compañero especialmente picajoso con los menús que preparo. ..

    ¡Pensaba que sólo yo era un retorcido! … ¡ bufff!

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  6. Gracias un día más por esta nueva e inteligente versión de la fábula de Esopo. He disfrutado mucho leyéndola.
    Un gran abrazo, amiga.

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    • Martes de cuento
      01/06/2016

      🙂 ¡Gracias a ti por no faltar a la cita! Las fábulas nos gustan especialmente, así que seguiremos buscando más para compartir con todos vosotros.

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  7. Conozco este cuento, no sé si con los nombres de Zacarias y Catalina, pero lo recuerdo, y como los demás está genial. Gracias Martes.
    Un besazo

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    • Martes de cuento
      01/06/2016

      😀 😀 😀 Seguro que los nombres no, porque los pusimos para dar un toque de “cercanía” vecinal a la fábula. ¡Un abrazo, Marisa! Gracias por leer el cuento 😉

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  8. eldiariodesensi
    31/05/2016

    Menos mal que el zorro dio por zanjada la cuestión y no siguió la venganza hasta el infinito y mas allá, porque los hay que no saben reconocer que han perdido. ¿Una hamburguesa en una botella?, en fin, últimamente los cocineros están de lo más innovadores.😀

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  9. Pingback: El zorro y la cigüeña — Martes de cuento | Leyendo leyendo, disfruto y aprendo

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Esta entrada fue publicada en 31/05/2016 por en Fábula y etiquetada con , , , , , , , , .
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