Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

La llave de la felicidad

la_llave_by_ciclomono

Ilustración: ciclomono

Cuando el universo aún olía a nuevo y diosas y dioses andaban atareados fabricando y construyendo aquí y allá mundos con mares, montañas y cielos, hete aquí que uno de ellos, que se sentía terriblemente solo, creó la Tierra y quiso poner sobre ella a un ser que lo acompañara y le diera conversación.

Se puso manos a la obra y creó el oro, la plata y los diamantes; pero aunque todos eran preciosos, no consiguió que le hablaran.

Creó las nubes, las estrellas y la arena; pensando que, como eran infinidad, alguno tendría el don de la palabra, pero tampoco le dijeron nada.

De sus manos salían objetos bellos, pero incapaces de hablar.

Entonces, creó un mosquito, que hablaba demasiado y le impedía dormir, porque cuando no le hacía caso, lo despertaba de un picotazo. No tuvo más remedio que apartarlo de su lado y enviarlo a la Tierra para que volara a sus anchas.

A continuación creó un gato, pero no tardó en darse cuenta de que era un animal demasiado independiente y que cuando lo llamaba para conversar, nunca estaba cerca. También lo mandó a la Tierra, para que la recorriera entera.

Seguidamente creó un perro, pero con él no podía tener buenas conversaciones; solo escuchaba y siempre le daba la razón en todo. Además, obedecía sin rechistar le pidiera lo que le pidiera. Aun las cosas más extrañas, el can las hacía gustosamente, y aunque desde su creación siempre fueron muy buenos amigos, tampoco al dios le sirvió como conversador.

Elefantes, rosas, palmeras, tigres, caimanes, águilas, anguilas… creó infinidad de animales y plantas, pero las tertulias con ellos no fueron lo que esperaba.

Más tarde, creó un ser de fuego que se le parecía mucho y lo llamó «ángel». Con él vivió largas tardes de charlas interesantes hasta que, un buen día, el ángel encontró por casualidad una llave que aquel dios guardaba en uno de sus bolsillos, abrió con ella la puerta de la felicidad y se fundió en el resplandor de su creador.

Y todo volvió a empezar, porque el dios quedó tan solo como lo había estado al principio.

Después de tantos fracasos, la divinidad paró de crear y reflexionó durante algunos siglos, pasados los cuales, decidió crear un nuevo ser con el que poder hablar; lo moldearía con barro y lo llamaría «humano» y también se le parecería, pero como no quería que volviera a ocurrir lo que había ocurrido con el ángel, antes debía pensar el modo de impedir que su nueva creación hallara la llave de la felicidad ya que, si lo hacía, volvería a quedarse solo.

Siguió cavilando, pero no se le ocurría nada. Se preguntaba dónde podría ocultar la llave para que el hombre no diese con ella. Tenía, desde luego, que esconderla en un lugar recóndito donde nunca jamás pudiera hallarla nadie.

Pensó en ocultarla en el fondo del océano, en una cueva abisal custodiada por siete tritones y dos pulpos gigantes, pero no le pareció un lugar seguro, porque sabía que los hombres, un día, navegarían los mares y la llave podría salir a flote.

Pensó también en ocultarla en una caverna del Himalaya y poner un yeti para que vigilara la puerta, pero aquel tampoco era un lugar seguro; llegaría un tiempo en el que los seres humanos pisarían aquellas nieves eternas.

Incluso pensó en ocultarla en un remotísimo rincón sideral, pero en un futuro lejano, la humanidad volaría por el espacio estelar recorriendo el universo entero y acabaría por dar con ella. ¡Ni siquiera estaría segura atada a la cola de un cometa!

Ninguno de aquellos lugares satisfizo al dios y pasó quince siglos en vela dándole vueltas al asunto y preguntándose cuál sería el lugar más seguro para esconder la llave de la felicidad. Descartó el oro, la belleza y la tierra. Descartó la plata, los diamantes, los palacios suntuosos y el amor. Descartó el orgullo, la fama y la envidia… Estaba convencido de que el hombre terminaría por encontrar la llave la pusiera donde la pusiera y ningún escondite le parecía suficientemente seguro. Una sola pregunta daba vueltas en su mente: «¿Dónde la ocultaré…?»

A la mañana del sexto día del decimoquinto siglo, cuando el sol disipaba la bruma matutina, el dios abrió de súbito los ojos y sonrió. Se le acaba de ocurrir el escondite perfecto. El único lugar en el que nadie buscaría jamás la llave de la felicidad y ese lugar era dentro del hombre mismo.

Fue así como aquel dios creó al ser humano a su imagen y semejanza y en su interior ocultó la llave de la felicidad. Desde entonces, los hombres no han parado de buscarla en los lugares más recónditos y extraños, sin sospechar que los acompaña vayan adonde vayan y hagan lo que hagan. Muy pocos humanos conocen este secreto, pero sabréis enseguida quiénes lo han descubierto porque, si os fijáis bien, las personas que encuentran la llave de la felicidad desprenden una luz especial.

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

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Si quieres, también puedes escuchar “La llave de la felicidad” con la voz de Angie Bello Albelda

logoAngie

Santornem’hi Monrelat

108 comentarios el “La llave de la felicidad

  1. Sergio
    02/02/2017

    Hola , alguien me podría dar un resumen reflexivo sobre este texto , es para una tarea , gracias

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    • Martes de cuento
      02/02/2017

      Hola, Sergio. Cada texto, al leerlo, nos dice algo diferente a cada uno de los lectores. Si lo lees, tú mismo podrás hacer ese resumen, que seguro que será distinto al que te pueda hacer otro lector.
      En los comentarios, podrás ver que cada persona ha obtenido de él algo distinto. Quizá puedas obtener ideas leyéndolos 😉

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  2. Pingback: 10 cosas que quiero hacer por mi/s hijo/s. | Refugio de Crianza

  3. srajumbo
    25/05/2016

    Oh que bonito y que real!!!! Yo soy super “happy e la vida” y siempre le digo a mi marido, que es más negativo.. que no podemos quejarnos, estamos bien, tenemos un niño precioso, casa, negocio..a mi me basta para ser feliz pero el busca algo más. ¡siempre más! Será que soy poco ambiciosa chica jaja.

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    • Martes de cuento
      26/05/2016

      No es ambición, es pragmatismo y ganas de ser feliz. Alcanzar la Luna no debería ser el objetivo, sino gozar de su luz y compartirla. La verdad es que para ser felices nos hace falta bien poco, pero creemos que la felicidad se compra y viene de extra en el coche, la casa, el televisor panorámico, las vacaciones a la otra punta del mundo… ¡Sigue así, Sra. Jumbo, que la felicidad son pequeñas cosas y tú lo has descubierto! 😉

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  4. bellaespiritu
    12/05/2016

    Qué bello cuento, me ha hecho acordar al pájaro azul de la felicidad que se busca por el mundo y se encuentra después de un largo periplo en el hogar. O al alquimista de Coelho que encuentra el tesoro en su casa.
    Un saludo cariñoso desde Argentina.

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    • Martes de cuento
      12/05/2016

      🙂 Este cuento, en muchas formas, se repite desde antiguo en muchas culturas. La felicidad, a menudo, está mucho más cerca de lo que creemos. ¡Un abrazo, Bella!

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Esta entrada fue publicada en 26/04/2016 por en Cuento de Martes de cuento y etiquetada con , , , , , , , .
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