Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

Los dos reyes de Gondar

african_by_blasterkid

Ilustración: Blasterkid

Era un día como los de antaño… y un pobre campesino, tan pobre, que no tenía más que la piel sobre los huesos y tres gallinas que picoteaban algún grano de teff que hallaban en el polvoriento suelo, estaba sentado a la entrada de su vieja cabaña como cada atardecer. De súbito, en la lejanía divisó a un cazador montado sobre su caballo que se acercaba galopando.

Al llegar frente a su casa, el forastero refrenó la montura, se acercó a él, desmontó y le dijo:

—Paz para ti en esta tarde, me he perdido en la montaña y estoy buscando el camino que conduce a la ciudad de Gondar.

—¿Gondar? Gondar está a dos días de camino de aquí —le contestó el campesino—. Pero el sol ya se está poniendo y sería más sensato que pasaras aquí la noche y te marcharas bien temprano mañana por la mañana.

El cazador aceptó la oferta y el campesino eligió la más hermosa de sus tres gallinas y con ella preparó un guiso para agasajar a su invitado.

Después de cenar juntos, pero sin apenas hablar, el campesino le cedió su cama al cazador para que pudiera descansar y él se acostó en el suelo, junto al fuego.

Al día siguiente, poco antes de amanecer, cuando el cazador se hubo levantado, el campesino le explicó cómo llegar hasta Gondar:

—Debes adentrarte en el bosque hasta dar con un río, que deberás cruzar montado en tu caballo, pero con mucho cuidado de no desviarte hacia la parte más profunda, la cual reconocerás porque en ella hay unas rocas muy grandes; acto seguido, toma el camino de la izquierda, el que bordea el precipicio y sigue hasta desembocar en una carretera muy ancha y después…

El cazador, que escuchaba con atención, repuso:

—Creo que volveré a perderme. No conozco esta región… ¿Tú podrías acompañarme hasta Gondar? Podrías montar tras de mí en el caballo…

—De acuerdo —dijo el campesino—, pero con una condición: cuando lleguemos allí, me dirás adónde debo dirigirme para poder conocer al rey. ¡Me haría tanta ilusión verlo! ¡Aunque fuera desde lejos!

—No hay problema en eso. Lo verás. ¡Te lo prometo!

El campesino cerró la puerta de su cabaña, montó en el caballo detrás del cazador y emprendieron la marcha.

Pasaron horas y horas atravesando montañas y montañas y bosques y ríos… y, después, pasó otra noche entera más.

Si atravesaban caminos sin sombra, el campesino abría su sombrilla negra y los dos se protegían del sol. Si pasaban por lugares fríos, se cubrían los dos con la misma manta vieja que el campesino había tenido la precaución de llevar consigo.

Cuando al fin divisaron la ciudad de Gondar recortada sobre el horizonte, el campesino le preguntó al cazador:

—¿Cómo se reconoce a un rey?

—No te preocupes, es muy fácil: cuando todo el mundo hace lo mismo, el rey es aquel que hace las cosas de forma diferente. Solo tienes que observar qué hace la gente que te rodea y lo reconocerás de inmediato.

Poco después, los dos hombres llegaron a la ciudad y el cazador enfiló el camino hacia palacio.

Al llegar a la entrada, se encontraron con muchísima gente que hablaba y se contaba historias, hasta que vieron a los dos jinetes sobre el caballo; entonces todos guardaron silencio, se apartaron para dejarles el paso libre y se fueron arrodillando a medida que pasaban ante ellos.

El campesino no entendía nada. Todo el mundo estaba arrodillado, excepto el cazador y él, que montaban el corcel.

—¿Dónde estará el rey? —preguntó el campesino— Mira a la gente… Debe andar cerca, pero yo no lo veo.

—Ahora entraremos en el palacio y lo verás. ¡Te lo aseguro!

Y los dos hombres entraron en el recinto del palacio montados en el caballo.

El campesino estaba inquieto. Veía de lejos una larga fila de gente y de guardias montados a caballo que los esperaban ante las puertas de entrada.

Al pasar delante de ellos, los guardias desmontaron y solo ellos dos siguieron sobre el caballo.

El campesino se empezó a poner nervioso:

—Me dijiste que cuando todo el mundo hiciera lo mismo… Pero sigo sin saber quién es el rey…

—Paciencia. Ya lo reconocerás. Tu solo recuerda que cuando todo el mundo hace exactamente lo mismo, el rey es el que actúa diferente al resto.

Los dos hombres desmontaron y entraron juntos a una inmensa sala del palacio. Nobles, cortesanos y consejeros reales, todos a una, se sacaron sus sombreros e hicieron una genuflexión cuando los vieron. Todos se quedaron con el sombrero en la mano, excepto el cazador y el campesino.

El campesino, entonces, se acercó al cazador y murmuró en su oído:

—Aún no sé quién es el rey…

—No seas impaciente —lo interrumpió el cazador—, acabarás por reconocerlo. Ven, siéntate conmigo.

Y ambos se instalaron en un amplio y cómodo sillón mientras toda la gente que había allí seguía de pie.

El campesino, cada vez más inquieto, empezó a observar con atención todo lo que lo rodeaba. Se giró hacía el cazador y le preguntó:

—Vamos a ver… ¿Quién es el rey?, ¿eres tú o lo soy yo?

El cazador se echó a reír y contestó:

—El rey soy yo, pero tú también eres un gran rey porque supiste acoger en tu casa a un extranjero que necesitaba ayuda y lo trataste bien.

Y desde entonces, el campesino y el cazador conservaron su amistad durante toda su vida.

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

rainbow_pencil_avatar_by_shirokuro_chan

shirokuro-chan

Si quieres, también puedes escuchar “Los dos reyes de Gondar” con la voz de Angie Bello Albelda

logoAngie

Santornem’hi Monrelat

49 comentarios el “Los dos reyes de Gondar

  1. srajumbo
    17/02/2016

    Ayyy te juro que a mitad de cuento pensé: Es el rey!!! Me ha encantado, ambos son reyes.

    Le gusta a 1 persona

  2. Maribel
    05/02/2016

    Que bonito cuento, me encanta que deje la intriga hasta el final. Somos todos reyes en algún momento o eso espero jejeej besitos guapetona xDD

    Le gusta a 1 persona

  3. Julie Sopetrán
    05/02/2016

    Ya me tienes intrigada… hasta el martes. Besos.

    Le gusta a 1 persona

  4. Julie Sopetrán
    04/02/2016

    Que belleza de cuento, la grandeza de dar espontáneamente, dar sin esperar nada a cambio, dar porque ves a tu amigo en apuros y lo ayudas si puedes ayudarlo y lo dejas todo por él y lo acompañas y te vas y vuelves y te quedas hasta el final como y donde sea, porque eso es la Amistad… No sé si estoy inspirada pero el cuento me inspiró la siguiente décima. Con cariño.

    DAR

    Cuando las cosas se hacen
    con un gran desinterés;
    nada se espera después
    porque las bondades nacen.
    Hacer el bien nos complace
    y al dar rindes pleitesía
    a la mayor hidalguía
    y después de la ocasión
    sabes que dar es el don…
    …donde reina la alegría.

    Julie Sopetrán

    Le gusta a 1 persona

    • Martes de cuento
      04/02/2016

      Contigo me está pasando lo que al zorro con el Principito, ¡me estás domesticando con tus poemas! 😀 😀 😀 Qué fácil es acostumbrarse a lo bueno.
      Aunque no sé por qué, me parece a mí que el martes próximo será distinto… 😉

      Le gusta a 1 persona

Nos encanta que nos cuentes

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada en 02/02/2016 por en Cuento popular y etiquetada con , , , , , , , , , , .
A %d blogueros les gusta esto: