Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

La suerte dormida

africa_vision_by_sabin_boykinov

Ilustración: Sabin Boykinov

Érase una vez, un muchacho tímido y tranquilo llamado Kenjo que trabajaba solo la tierra en su pequeña propiedad.

Burama, su vecino, era dueño de una gran extensión de terreno y lo ayudaban varios jornaleros.

Al llegar las primeras lluvias, Burama y sus empleados terminaron de sembrar el mijo en dos o tres días. Después, se sentaron a mirar cómo trabajaba Kenjo y a criticar lo lento que era.

Cuando Kenjo terminó de sembrar no se sentó, sino que se puso inmediatamente a deshierbar. Fue entonces cuando los de la finca vecina se dieron cuenta de su error, su granja estaba infestada por una terrible plaga de malas hierbas, así que cuando llegó la época de la cosecha, Kenjo recogió cien sacos de mijo mientras que Burama tuvo que conformarse con la mitad.

Al año siguiente, Burama y sus empleados decidieron trabajar más duramente, pero el resultado fue el mismo. No importaba qué nuevas estrategias intentaran, Kenjo siempre obtenía mejores cosechas. El rico hacendado decidió entonces consultar a un brujo.

El brujo lanzó unas conchas sobre su esterilla. Repitió la operación tres veces y en cada ocasión estudió largamente la disposición en la que caían. Tras un prolongado silencio, al fin habló:

—Hace muchos años que soy brujo y jamás antes fui testigo de una distribución semejante. Cada vez es la misma. Tú quieres saber por qué no puedes ganar a tu vecino, pero las conchas dicen que sí puedes. Aunque también dicen que tu suerte está dormida sobre una alta montaña, en el Este, y que hasta que no emprendas el viaje hacia esa lejana colina y la despiertes no hay nada que hacer.

Burama contó a sus jornaleros lo que había ocurrido y les dijo:

—Mañana partiré en busca de mi suerte. En mi ausencia, cuidad bien de mis tierras.

A la mañana siguiente, emprendió el viaje y anduvo durante un día y medio sin descansar. Al final del segundo día, se encontró con un caníbal que quería comérselo.

—¡No me comas! —suplicó— Vivo en una granja que linda con la de mi vecino Kenjo. Al final de cada cosecha él recolecta más mijo que yo y el hechicero de mi aldea dijo que esto no cambiará porque mi suerte está durmiendo en el Este. Ahora me dirijo a despertarla, por favor, déjame continuar mi camino.

El caníbal estuvo pensando un momento y después dijo:

—He estado en la selva durante muchos años y me he encontrado con montones de cosas extrañas, pero jamás había oído una historia tan extraordinaria. Te dejo marchar con una condición: si encuentras a tu suerte, pregúntale por qué nunca me harto, ni aunque me coma una vaca entera. Vuelve por este camino para darme la respuesta.

Burama le prometió al caníbal que volvería por el mismo camino.

Viajó durante unos días más, hasta que encontró una pequeña cabaña en medio del bosque. Entró y fue recibido por una mujer muy, muy vieja, la cual lo invitó a pasar la noche en su casa. Después de cenar, la anciana le preguntó a Burama por el motivo de su viaje y Burama le relató su historia.

Al terminar, la mujer le dijo:

—Tengo ciento veinte años. He viajado por todo el mundo buscando las historias y la sabiduría de todas las tierras, pero nunca había oído algo así. No estoy diciendo que sea imposible, cualquier cosa puede ser posible hoy día… Si encuentras a tu suerte y puedes despertarla, pregúntale por qué ningún cultivo crece en mis tierras. Cada año intento sembrar verduras, pero nunca crecen. Pregunta a tu suerte qué debo hacer.

Burama le prometió a la anciana que así lo haría y a la mañana siguiente reanudó su camino.

Después de viajar durante tres días más, fue a parar a una gran tierra administrada por un poderoso gobernador. El gobernador había oído hablar de alguien que buscaba su suerte y quiso conocerlo.

—No hace falta que me cuentes tu historia porque ya la sé. He querido verte porque quiero que le preguntes a tu suerte por qué la gente de estas tierras no es feliz desde que yo soy el gobernador. Haz esto por mí y regresa para darme la respuesta. Te recompensaré.

Burama le prometió que haría la pregunta y continuó su camino hacia el Este.

Al cabo de tres días, divisó una alta montaña y decidió subir hasta la cima. Mientras ascendía, vio a una niña dormida. «Esa debe de ser mi suerte —Pensó—. La despertaré»:

—¡Despierta holgazana! —gritó Burama— Por tu culpa las cosas no van como debieran.

La niña se desperezó:

—Es cierto —dijo—, pero ahora ya puedes volver a tu casa porque estoy despierta y todo cambiará.

—Bien, pero antes tengo que hacerte tres preguntas. La primera se refiere a un gobernador que vive cerca de aquí. Su gente no es feliz y quiere saber por qué.

La niña sonrió y dijo:

—Dile a ese «Gobernador» que sabes que es una mujer disfrazada y que hasta que no se muestre tal y como es y revele su secreto, su pueblo no será feliz.

—De acuerdo. Ahora la segunda pregunta. Esta es sobre una mujer vieja que vive en medio del bosque. Nada da fruto en su tierra. ¿Por qué?

—Dile a esa mujer que haga un agujero y saque de su tierra el oro y los diamantes que una vez enterró allí. Después podrá plantar todo lo que desee.

La niña se levantó dispuesta a marcharse, pero Burama la detuvo:

—¡Espera! Tienes que contestarme la última pregunta. Conocí a un caníbal que nunca se harta, ¿qué debe hacer para curarse?

La niña se giró y contestó:

—No creo que comprendas este mensaje: evita a ese caníbal, pero si vuelves a verlo, dile que se coma al hombre más necio del mundo y se curará.

Dicho esto, la niña desapareció entre unos matorrales y Burama emprendió el camino de regreso.

Después de viajar tres días llegó al palacio del gobernador. Se acercó a “él” y le dijo:

—He encontrado a mi suerte y me ha dicho que guardas un secreto: eres una mujer. Hasta que no digas la verdad, tu pueblo será infeliz.

Las lágrimas resbalaron por las mejillas del «Gobernador».

—Eres el único que conoce mi secreto. La historia de cómo llegué a mandar en esta rica tierra es muy larga, si te quedas a mi lado y te casas conmigo, te la contaré.

Burama la saludó con la cabeza mientras se marchaba:

—¡No, no! Yo tengo que regresar y demostrar que soy mejor granjero que mi vecino. ¡Cuéntale a otro tu secreto!

Unos días más tarde, llegó a la casa de la mujer vieja y le dijo que debía cavar y sacar del suelo las barras de oro y los diamantes que había escondido allí y que impedían que crecieran las plantas.

La anciana le dijo a Burama:

—¡Es verdad! Ahora lo recuerdo… ¡Prometí dárselos a quién me ayudara a cavar! Si tú lo haces, todos mis tesoros serán tuyos.

—No, no —dijo Burama—. Lo siento, tengo que marcharme y demostrar que soy mejor granjero que mi vecino. ¡Ya encontrarás a otro que quiera cavar!

Y Burama se marchó a su casa, dejando atrás montañas de oro y diamantes.

Cuando ya estaba cerca de su granja, encontró al caníbal y le contó todo lo que le había sucedido durante el viaje.

-¿Y qué me dices de mi problema? —peguntó el caníbal—, ¿le has preguntado a tu suerte sobre mí?

—Sí. Me dijo que debes comerte al hombre más necio del mundo y sanarás.

El caníbal pensó un instante y, acto seguido, se comió a Burama y su trastorno se curó instantáneamente.

A la mañana siguiente, Kenjo se levantó muy temprano para ir a buscar leña y en un claro del bosque vio una camisa sobre la hierba. Se acercó y la miró atentamente. Sin ninguna duda, era la camisa de su vecino Burama. Mientras la examinaba, vio a una niña que dormía bajo un árbol y la despertó:

—¿Has visto por aquí al hombre que ha perdido esta camisa?

—No te preocupes por esa camisa, tienes mucho que hacer. Debes emprender un viaje hacia el Este. Dentro de tres días encontrarás una pequeña cabaña donde vive una mujer vieja, pregúntale si quiere que caves su tierra para que sus plantas puedan crecer. Acto seguido, ve a la tierra de un gran gobernador, y dile que conoces su secreto, que sabes que es una mujer. Y sobre todo, recuerda una cosa: si durante tu viaje te toparas con un caníbal, ¡no hables con él!

Kenjo siguió las instrucciones al pie de la letra y si todavía vive, es inmensamente rico y feliz junto a la Gobernadora.

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

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shirokuro-chan

Si quieres, también puedes escuchar “La suerte dormida” con la voz de Angie Bello Albelda

logoAngie

Santornem’hi Monrelat

99 comentarios el “La suerte dormida

  1. Anónimo
    20/05/2016

    muy lindo ,aveces no sabemos ver las oportunidads que estan frente a nuestros ojos, de nada sirve la envidia ni la necedad

    Le gusta a 1 persona

  2. Pingback: También podemos escuchar los cuentos | Lapizázulix, la galaxia del cuento

  3. Maribel
    20/01/2016

    Que bonito es, y cuanta razón, no nos fijamos en lo que tenemos alrededor y podría ser la solución a nuestros problemas. Vamos como motos, vamos a sacar las gafas de ver ,jejej besitoss

    Le gusta a 1 persona

  4. elaguijonescarlata
    17/01/2016

    El pasado viernes te dediqué un post. Espero que te haya gustado 🙂

    Le gusta a 1 persona

  5. madamebovary
    16/01/2016

    Este Burama… tanto poderío, tanta prisa, y no sabe trabajar. Ahora que el brujo se las trae, mira que mandarlo hacia su destino. Porque supongo que el brujo ya sabe lo del caníbal. Efectivamente, algún revés se merece quien no valora lo suyo, lo que tiene delante de las narices, y envidia lo ajeno.

    Buen fin de semana, y bonito cuento, como siempre.

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    • Martes de cuento
      18/01/2016

      Ya sabes que los brujos son lo que son y por dar un mal consejo cobran un precio muy alto 😉 Valorar las cosas cuando ya no se tienen es una mala cualidad que tenemos los humanos. ¡Un abrazo, Madame!

      Le gusta a 1 persona

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Esta entrada fue publicada en 12/01/2016 por en Cuento popular y etiquetada con , , , , , , , , , .
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