Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

La Reina Maga y los Tres Sabios de Oriente

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Ilustración: Marcos Ortega

Cuenta una antiquísima leyenda, que hace más de dos mil años tres Reyes Sabios llegados de Oriente le llevaron presentes a un niño nacido en un pesebre de Belén. Uno le llevó oro, otro incienso y mirra el tercero. Los nombres de estos Reyes eran Melchor, Gaspar y Baltasar.

A los tres les gustó tanto eso de hacer regalos que, desde entonces, viajan a la Tierra la noche del 5 de enero para entregar presentes a todo aquel que cree en ellos y está dormido.

Pero esa leyenda no cuenta cómo es que solo tres reyes pueden entregar en una sola noche todos los paquetes del mundo. Y mucho menos nos dice de dónde sacan el dinero que se necesita para comprar tantísimas cosas.

Tampoco nos cuenta de dónde salió la estrella que los guio hasta su destino o por qué iban los tres montados en camellos exactamente iguales, ni dice por qué les escribimos cartas parecidas a esta:

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Ilustración: nymphaeum

Para aquellos que siempre se han preguntado estas cosas y nunca han obtenido respuestas, hemos escrito este cuento. Para todos los que quieren saber la verdad, contamos esta historia…

Empezaremos diciendo que no fueron tres reyes, sino cuatro. Hay quien afirma que el cuarto se llamaba Artabán y que nunca llegó a su destino porque desapareció misteriosamente. Pero lo cierto es que el cuarto no era un rey, sino una poderosa reina. Y no desapareció, sino que jamás viajó a Belén con los otros tres. De todos, ella era la única maga. Su nombre era Malka y esta es su historia.

Malka vivía en un desierto sin fin de arena de oro, bañado por un océano de aguamarinas, en cuya orilla crecían palmeras de esmeralda de las que pendían cocos de topacio.

Rojos pájaros de rubí cruzaban los cielos de opalina y de las imponentes montañas de zafiro no se divisaban las cumbres.

De día, brillaba en el cielo un sol de diamante. Y por la noche, titilantes estrellas y una pálida luna de platino dejaban caer su polvo plateado sobre campos y ciudades.

Los tesoros de aquel lugar eran tantos, que hubiera sido imposible contarlos y tan valiosos, que hubiera sido imposible guardarlos bajo llave. Así que Malka, para protegerlos de la codicia humana, hizo su reino invisible. Por eso, ni aún ahora, se sabe dónde está situado y solo tenemos noticias de él porque, de vez en cuando, encontramos algún tesoro que desde allí cae a la Tierra.

Una mañana, estaba Malka asomada a la ventana de su palacio de alabastro cuando divisó a tres hombres ricamente ataviados que andaban perdidos en su desierto. Los invitó a su casa y les dio comida y bebida, y ellos le contaron que se habían extraviado mientras iban camino de Belén, adonde se dirigían para conocer a un recién nacido que la gente afirmaba que era especial.

Malka les aconsejó que le llevaran algún regalo al pequeño, puesto que era de muy mala educación ir con las manos vacías a conocer a alguien que acababa de llegar al mundo.

—¡No hemos pensado en eso! —exclamaron compungidos los tres Reyes— Hemos salido tan deprisa, que no hemos comprado nada. ¡¿Qué haremos ahora?!

—No os preocupéis, de todo lo que veis, escoged lo que más os guste para regalárselo a ese niño —dijo la Reina.

—Pues yo, con tu permiso, elijo este precioso recipiente hecho con arena de tu desierto —se adelantó Melchor, el anciano rey de largas barbas y cabellos blancos. Y apuró la bebida de su copa de oro.

—Yo le llevaré esa cajita de la que se escapa niebla blanca, ¡parece mágica! —dijo Gaspar apartando sus rubios cabellos de la cara y mirando embobado las caprichosas formas que dibujaba el humo del incienso en el aire.

—Yo le regalaré esas piedrecitas que huelen tan bien —habló Baltasar aspirando el suave aroma que flotaba en la sala. Y al tomar el vítreo frasco, la dorada mirra que había en su interior pareció aún más dorada entre sus negras manos.

—Tomad también camellos de mi establo, es el mejor animal para cruzar el desierto, iréis mucho más rápido y el viaje será más cómodo —les sugirió Malka.

A la mañana siguiente, montados y con sus regalo en las alforjas, se despidieron de Malka un poco preocupados:

—¿No querrías venir con nosotros, Malka? Tememos desorientarnos de nuevo en este desierto interminable.

—No puedo abandonar mi reino —repuso ella con tristeza—. Si me marcho, se hará visible y la codicia humana lo destruirá por completo. Pero no os preocupéis, que con mi ayuda no os extraviaréis —añadió sonriendo.

Pronunció unas extrañas palabras, trazó complicados símbolos en el aire y, de repente, en su mano derecha apareció una estrella, que lanzó al aire para que guiara a los Reyes hasta Belén.

—¡No olvidéis volver para contarme lo sucedido! —les gritó la Reina mientras los Tres Sabios se alejaban.

Justo al cabo de tres semanas, regresaron precedidos por la estrella.

—¿Y bien, cómo ha ido? —preguntó ansiosa Malka.

—Ha sido un viaje fantástico. La estrella nos indicó el camino y, al llegar, entregamos los regalos. Fue tan divertido ver la cara de sorpresa de aquel niño al verlos, que ninguno de nosotros volverá a ver algo semejante mientras viva. Sería estupendo poder entregar regalos a todo el mundo. Pero eso es imposible…

—Tal vez haya un modo… —repuso Malka.

Y entonces les propuso que se quedaran a vivir allí. Ella les desvelaría los secretos de la magia para que pudieran moverse con tal rapidez, que sería como si estuvieran en mil sitios a la vez. De ese modo, podrían entregar millones de regalos en un momento. Por el dinero no había que preocuparse, sus tesoros servirían para comprarlos.

Ellos aceptaron encantados. Enviaron una carta muy larga a sus familias para explicarles que no regresarían, pero que irían a visitarlos una vez al año. Podían escribirles siempre que quisieran para contarles cómo iban las cosas. Y así lo hicieron sus esposas, sus hijos, sus padres, sus nietos y, después, los nietos de sus nietos… y ahora nosotros.

Cada enero, escribimos una carta a los Reyes para contarles qué hemos hecho de bueno y de malo durante el año que hemos dejado atrás y decirles qué es lo que más deseamos para el año que empieza.

Y sabemos que ellos leen nuestras cartas porque el día 6, al despertarnos, encontramos lo que les hemos pedido junto a nuestra cama o en el salón. Algunas de las cosas que nos traen no tienen precio, las otras las compran con los tesoros de la Reina Maga.

Justo antes del amanecer, vuelven al reino de Malka y los cuatro juntos observan cómo abrimos nuestros regalos. Cuando ven nuestras caras de sorpresa y escuchan nuestras risas, recuerdan la aventura que vivieron hace ya tanto tiempo y con eso son felices un año entero.

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

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Si quieres, también puedes escuchar “La Reina Maga y los Tres Sabios de Oriente” con la voz de Angie Bello Albelda

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Santornem’hi Monrelat

83 comentarios el “La Reina Maga y los Tres Sabios de Oriente

  1. Óscar
    19/01/2016

    Es normal que tras los reyes hubiera una mujer… No, eso ya se ha dicho. Qué bonito, qué tierno… No, eso también se ha dicho… Una ilustración preciosa… Vaya, eso también está comentado… Supongo que me pasa por llegar el último! Besitos

    Le gusta a 2 personas

    • Martes de cuento
      20/01/2016

      Lo importante es que aunque se diga lo mismo, cada persona lo hace de un modo distinto y especial, así que… ¡gracias por llegar el último y decir lo mismo y aún así decirlo, Óscar! Un abrazo.

      Le gusta a 1 persona

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