Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

Los mosquitos (o ¿por qué los mosquitos me pican a mí?)

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Ilustración de Joan Batllori i Comas coloreada por Hermes, de Tintas Creativas

 

¿Conocéis un animal que va haciendo «zum, zum», se alimenta de sangre y muchas veces lo hace cuando estamos durmiendo?… ¿No? Otra pista. Una vez que ha comido la sangre que necesita, te deja en el cuerpo un granito que pica, ¡y pica mucho! Sí, exacto, ¡el mosquito!

Tenéis que saber que si los mosquitos nos molestan y nos importunan con sus picaduras, es culpa… No, no tiene nada que ver con que tengamos más o menos azúcar, sino que….

 

Hete aquí que hace mucho, mucho tiempo, cuando las ranas tenían pelo y la música aún no existía, que los mosquitos no comían sangre. Se dedicaban a comer néctar como sus parientes a rayas, las abejas, o sus primos lejanos, los colibrís. No probaban sangre de ningún tipo; ¡ni tan siquiera había pasado por su diminuta cabeza hacerlo! Eran felices teniendo lo que tenían y punto.

Era un tiempo en que la convivencia entre especies era pacífica y todos se entendían. La única ley que existía era la ley de la naturaleza. Todo ser vivo sabía que esa ley consistía en comer y ser comido, pero no por ello se guardaban rencor. Cuando los lobos cazaban jabalíes, lo hacían con el más profundo respeto hacia la otra especie y también todo el mundo sabía el valor de las hierbas y de las plantas que les servían de alimento. Pero al cabo de unos cuantos años, llegó al planeta una nueva especie.

Aquella especie andaba sobre dos patas y poseía una gran inteligencia capaz de crear lo que llamaban herramientas. Como habréis podido adivinar, esa especie era el ser humano. Poco a poco, fue adquiriendo la supremacía sobre el resto de los seres vivos, creyéndose mejor y superior al resto del mundo.

Así pues, con el paso del tiempo, fue colonizando todos los hábitats naturales, echando a las especies que habitaban en ellos. Comenzaron con las cuevas, donde vivían los osos y los tejones; luego, se apropiaron de las tierras de pasto de las cabras para edificar sus pueblos. En otros lugares en lugar de quedarse con las tierras, colonizaron los árboles, y echaron de ellos a los pájaros que los habitaban.

Al principio, los animales intentaron sublevarse contra ese ataque indiscriminado de sus lugares de caza y pesca y de sus hogares, pero por mucho que se esforzaban no había forma; el hombre siempre se inventaba alguna de sus llamadas herramientas para hacer frente a los ataques. Así que, unas tras otras, todas las bestias se fueron retirando y se hicieron cada vez más escasas y evasivas.

Esta situación también afectó a los mosquitos, los cuales vivían en las praderas, junto a los gamos y otros animales, disfrutando de las flores, del cielo y de la brisa cálida del verano. Pero con la llegada del ser humano, se vieron relegados a vivir en los pantanos, donde las flores apenas crecían y, muchas veces, la suciedad hacía casi insoportable la vida. Los mosquitos, muy furiosos, se reunieron en comité para encontrar una solución urgente a dicha situación. Pero por mucho que discutían, charlaban y se gritaban unos a otros, no había forma de hallar respuesta alguna a todos sus interrogantes.

Fue en esa época, que un mosquito que estaba revoloteando por uno de los pocos prados que aún quedaban, divisó una flor amarilla preciosa, casi al final de la verde pradera. Al verla, no se lo podía creer, debía de ser la última flor de la temporada, “su néctar será delicioso”, pensó el mosquito.

Ya estaba a punto de llegar, cuando apareció un hombre que arrancó la flor para poder olerla. Cuando el mosquito vio esta atrocidad, no pudo contener la ira que había ido creciendo en su interior y se lanzó contra aquel ser que era mil veces más grande que él y, con toda su furia, le clavó en el brazo la trompa que hasta ese momento le había servido para chupar el néctar. Extenuado como estaba y aún con la trompa clavada en el brazo, aspiró profundamente y una bocanada de sangre le entró en la boca.

Justo en ese momento, descubrió el secreto mejor guardado hasta entonces de la naturaleza: los seres humanos eran hijos de las flores, pero ni ellos mismos lo recordaban. Aquella bocanada de sangre que había probado era la cosa más dulce que había saboreado jamás, más que el néctar. Fue entonces cuando decidió ir a hablar con el consejo de sabios de los mosquitos.

Y allí, en medio del pantano, los mosquitos decidieron poner en práctica lo que hasta hoy siguen haciendo: a partir de aquel día, se alimentarían de la sangre de los humanos, y no dejarían de hacerlo hasta que aquellas nuevas bestias no se comportaran con armonía con la naturaleza y los mosquitos y el resto de los animales recuperaran sus posesiones.

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

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Si quieres, también puedes escuchar “Los mosquitos (o ¿por qué los mosquitos me pican a mí?)” con la voz de Angie Bello Albelda

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Santornem’hi Monrelat

68 comentarios el “Los mosquitos (o ¿por qué los mosquitos me pican a mí?)

  1. Ana Fernández Diaz
    16/02/2016

    Así que la culpa es nuestra? (Comentario de mi hija tras la lectura)

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  2. Maribel
    28/10/2015

    Yo si fuera mosquita me pondría las botas xhupando jejeje, y mejor cuando duerma el humano y puedo eelegir la parte del cuerpo que quieraaa,, jejeje feliz semana guapa muackkk

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  3. Carmen Cifuentes "Collier"
    25/10/2015

    Pues el hombre se podía haber estado quietecito, manda narices la que nos lió!! 🙂

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  4. srajumbo
    22/10/2015

    ¿¿¿Pero que culpa tengo yoooo??? si yo soy mucho buena con la naturaleza jaja. A mi, me acribillan, no sabes como me ponen. Un picotazo y parece que me han dado una paliza,los odio y tu precioso cuento no va a cambiar eso. Muerte a los mosquitos!!! jajaja

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    • Martes de cuento
      23/10/2015

      😀 😀 😀 ¡Pero señora Jumbo, no diga esas cosas!
      Me parece a mí que el cuento de Quim no va a convencer a los que amanecen con el cuerpo como una paella valenciana: llenitos de granos y no precisamente de arroz 😉

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  5. christianmolinacom
    22/10/2015

    Nooooo…. Por quéeeee?. Ahora ya no podré ..ejem, cambiar de plano de existencia a ningún mosquito después de conocer la verdadera historia!. Así que deberé dejar que me piquen como forma de pedirles perdón!…
    Nota mental: espero que este remordimiento se me haya pasado al llegar verano.

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    • Martes de cuento
      22/10/2015

      😀 😀 😀 😀 muy políticamente correcto tú.
      Creo que para el próximo martes, con el siguiente cuento, ya habrás superado este momento de arrepentimiento y no deberás esperar un año entero 😉 Dicen que “un cuento saca otro cuento” 😀 😀 😀

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      • christianmolinacom
        23/10/2015

        Mmmmm…qué diferencia habrá entre alguien políticamente correcto y un político correcto?. Espero que los mosquitos, en su divina sapiencia, sepan distinguir unos de otros…..😂😂😂

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        • Martes de cuento
          23/10/2015

          ¡Imposible! Los segundos se extinguieron hace tanto tiempo que los mosquitos ya no tienen memoria de ellos. Pasa como con los dinosaurios, que ni los reconocen en las ilustraciones 😀 😀 😀

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          • christianmolinacom
            23/10/2015

            No he entendido lo de los dinosaurios….cómo que se han extinguido? Y Rexi? Y sus compañeritos de clase? 😂😂😂🐲

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            • Martes de cuento
              23/10/2015

              ¡¡Anda!! ¡¡Lo olvidé por completo!! Es cierto 😀 😀 😀 😀 Entonces quizá también quede algún político correcto… ¡Me has dado en qué pensar!

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  6. exudus999
    22/10/2015

    Y si hacemos una ensalada de mosquitos 🙂
    amo tus cuentos 🙂

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  7. Puig
    21/10/2015

    lo que me sorprende es que sólo los mosquitos nos ataquen como venganza a lo que hacemos contra la naturaleza (y contra nosotros mismos), creo que cada picadura me recordará esa actitud humana tan repugnante aunque, si pudiera, llegaría con los mosquitos a un pacto de no agresión porque – la verdad – no soporto su compañía… una historia de las que me gustan, adoptando un punto de vista diferente al habitual. ¡Felicidades y muchas gracias!

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    • Martes de cuento
      21/10/2015

      🙂 ¿Has probado de poner un cartel en casa? “No se admiten mosquitos” 😀 😀 😀
      Estaría muy bien que cada vez que uno nos pica recordáramos lo mal que nos comportamos nosotros con la naturaleza 🙂 ¡Un abrazo, Puig!

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  8. Marisa Alonso Santamaria
    20/10/2015

    Curiosa y original esta historia. Un abrazo Martes

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  9. eldiariodesensi
    20/10/2015

    Vale, acepto que me sigan picado los mosquitos si así compensamos el mal hecho por los humanos, pero por favor que se abstengan de revolotear por el oído, que es bastante molesto, que se ciñan al ataque directo.😀
    Me encanta como los cuentos encuentran una explicación para todo.

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    • Martes de cuento
      21/10/2015

      😀 😀 😀 He imaginado a los mosquitos con su traje de aviador de la Segunda Guerra Mundial en vuelo rasante y preparados para el ataque directo.
      La verdad es que no hay cosa que fastidie más que despertare en mitad de la noche y oírlos volando cerca de la oreja. No sé si será leyenda urbana, pero dicen que cuando los oyes es que ya te han picado 😀 😀 😀 😀

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Esta entrada fue publicada en 20/10/2015 por en Cuento amigo y etiquetada con , , , , , , .
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