Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

Señor Sapo y señor Ratón

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Ilustración: marciojlima

Érase una vez un sapo que estaba tranquilamente en su charca croando bajo la luz de la luna, cuando se le acercó su nuevo vecino, un ratón que acababa de trasladarse a una lujosa madriguera cercana, y le dijo:

—¡Buenas noches, señor Sapo! ¡Ya está bien de dar la lata! ¡No puedo pegar ojo! ¿Por qué no se va usted con la música a otra parte!

El señor Sapo dejó de cantar y observó largamente al ratón en silencio con sus ojillos saltones. Luego replicó:

—Siempre he croado en esta charca, señor Ratón. ¿No será que tiene usted envidia porque es incapaz de cantar tan melodiosamente como yo?

—¿Melodiosamente? ¡Ja!  Afortunadamente no soy capaz de cantar tan mal como usted pero, a cambio, puedo correr y saltar a la perfección y hacer muy bien otras muchas cosas que usted es incapaz de hacer porque es demasiado torpe y vulgar —repuso el ratón desdeñosamente.

Y dicho esto, sin esperar respuesta, le dio la espalda al señor Sapo y regresó a su gran casa con la cabeza muy alta y con una sonrisa de oreja a oreja.

El señor Sapo, dolido, quería vengarse del desprecio del señor Ratón y estuvo reflexionando largo rato hasta que, al fin, se le ocurrió una idea.

Se dirigió a la entrada de la casa del señor Ratón y empezó de nuevo a cantar. Esta vez croaba aún más fuerte que antes y desentonando aún más.

El señor Ratón, fuera de sí, salió dispuesto a hacer callar a tortazos al sapo cantante que perturbaba su descanso, pero este lo contuvo diciendo:

—Querido vecino, a golpes no se arregla nada, ¿qué le parece si solucionamos esto con una carrera?

A punto estuvo de desternillarse de risa el señor Ratón al oír la propuesta del sapo.

Pero el señor Sapo, golpeándose el pecho, exclamó:

—¡No se ría tanto! ¿Qué apostamos a que corro yo más por debajo de la tierra que usted por encima?

—Me apuesto lo que quiera. Es más, tan seguro estoy que me apuesto mi confortable madriguera contra su inmunda charca. Si gano yo, usted se larga con viento fresco bien lejos, a croar a otro lugar y me deja tranquilo. Si gana usted, puede tomar posesión de mi mansión y seré yo el que me marcharé a dar la vuelta al mundo.

—¡De acuerdo! —respondió el señor Sapo.

—Quedamos así entonces. Empezaremos la carrera cuando salga el sol.

El señor Sapo regresó a su charca y gritó:

—¡Señora Sapo, ven, por favor, tengo que hablar contigo!

La señora Sapo acudió para ver qué quería su marido.

—Señora Sapo —le dijo—, he desafiado a correr al señor Ratón.

—¿¿¡¡Al señor Ratón…!!?? Pero, pero…

—Si señora, al mismísimo señor Ratón. Pero tú tranquila, que tengo un buen plan. Mañana al amanecer correremos la carrera, yo ganaré y nos podremos quedar con su casa y croar toda la noche si nos apetece. Haremos esto: tú irás, al otro lado de la colina y te meterás en un agujero, cuando oigas llegar al señor Ratón, sacas la cabeza y gritas: “¡Ya estoy aquí!” No dejes de hacer esto hasta que yo vaya a buscarte.

Poco antes del amanecer, la señora Sapo se puso en movimiento para seguir el plan y el señor Sapo se dirigió a casa del señor Ratón, hizo un agujero junto a la puerta y cuando hubo terminado se tendió junto a él a dormir.

Al salir el sol, salió el señor Ratón frotándose los ojos y al ver al señor Sapo que estaba roncando sonoramente junto a su puerta lo despertó:

—¡Arriba, holgazán! ¿Empezamos a correr o ya se ha arrepentido?

—¡Nada de eso! ¡Cuando usted guste!

Se colocaron uno junto al otro y al tercer ¡croac! del señor Sapo emprendieron la carrera. El señor Ratón empezó a correr a tal velocidad que parecía que volaba y sus patitas casi ni rozaban el suelo. El señor Sapo se metió tranquilamente en el agujero que había hecho.

Estaba ya llegando el señor Ratón a la cima de la colina, cuando la señora Sapo lo oyó y sacó su cabeza por el agujero:

—¡Ya estoy aquí!

El señor Ratón se quedó asombrado, pero no sospechó el engaño, pues los ratones son muy despistados. Aunque también es cierto que no hay nada que se parezca tanto a un señor Sapo como una señora Sapo.

—¡Esto parece cosa de magia! —murmuró el señor Ratón— ¡Veamos si puede volver a hacerlo!

Y corriendo aún más si cabe, emprendió el camino de regreso diciendo:

—¡Sígame si puede!

Cuando estaba a punto de llegar a su casa, el señor Sapo asomó, la cabeza y dijo:

—¡Ya estoy aquí!

El señor Ratón estuvo a punto de enloquecer de rabia.

—¡Descansemos cinco minutos y después correremos otra vez! —murmuró casi sin aliento.

—Como usted quiera, estimado amigo —respondió el señor Sapo con tono indolente.

Y se puso a croar con una malévola sonrisita en la boca.

Al cabo de un rato de descanso, el airado ratón le dijo al señor Sapo:

—¿Preparado?

—Sí, sí. Empiece usted a correr cuando guste. Total, llegaré yo antes.

La carrera del señor Ratón solo era comparable a la de la liebre contra la tortuga. Corría tan veloz, que ni su color se adivinaba.

Le faltaban apenas dos pasos para llegar a la meta cuando la señora Sapo, sacando la cabeza de su agujero, gritó:

—¿¡¡Pero qué ha estado haciendo por el camino!!? ¡Hace rato que estoy esperando!

Sin parar siquiera, el ratón dio la vuelta para regresar al punto de partida a una velocidad vertiginosa, pero cuando aún le faltaban cuatro o cinco pasos, llegó hasta él el croar del señor Sapo, que al verlo le dijo:

—¡Por fin! Estaba ya tan aburrido de esperar, que me he puesto a cantar para pasar el rato.

Cubierto de sudor, con el rabo entre las piernas, jadeando y fatigado, el señor Ratón se dio media vuelta y, sin decir nada, se marchó a dar la vuelta al mundo.

El señor Sapo fue a buscar a la señora Sapo y ambos tomaron posesión de la mansión del ratón, junto a la gran charca.

Y aunque aquella noche los dos, muy felices, croaron a coro sin parar, siempre es…

Mejor no apostar

Vivía en una laguna
tranquilamente aquel sapo;
tan apacible y tan guapo
vestidito de aceituna.
Cantaba bajo la luna…
Hasta que llegó un ratón
muy altivo y corretón…
Hicieron una propuesta
y el sapo ganó la apuesta
con sabia imaginación.
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Colaboró la sapita
esposa del señor sapo;
y la trampa fue un sopapo
de astucia jamás escrita.
El ratón se debilita
y el sapo le solicita
que repita, que repita
su corre-vuela aventura…
Nadie vence a la postura
que un acuerdo facilita.

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

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shirokuro-chan

67 comentarios el “Señor Sapo y señor Ratón

  1. Pingback: Mi nombre con cuentos | Historias tras tu DNI

  2. Maribel
    10/09/2015

    Que buen cuento, que dos cabezotas jejeje me quedo con la picaresca del sapo, el pobre ratón enfadado así no puede vivir y seguro que viajando esta mejor, encuentra una ratoncita preciosa y se relaja xDD
    Los comentarios son fabulosos me lo he pasado genial besitosss desde mi cocinita xDD

    Le gusta a 1 persona

    • Martes de cuento
      10/09/2015

      😀 😀 😀 Yo creo que el viaje del ratón da para una segunda parte y con los comentarios, ¡¡hasta podríamos hacer una enciclopedia!! 😀 😀 😀 ¡¡Un abrazo, Maribel!!

      Le gusta a 1 persona

  3. Las tejas rojas
    04/09/2015

    Después de leer el cuento y los comentarios (que son igual de buenos que el cuento) me quito el sombrero ante ti.

    Le gusta a 1 persona

    • Martes de cuento
      07/09/2015

      😀 😀 😀 Gracias, Tejas. La verdad es que los comentarios son lo mejor de un blog. ¡Estamos de acuerdo contigo! ¡Un abrazo!

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  4. María
    03/09/2015

    Pues yo pienso que este cuento nos habla de la convivencia. Y vaya tema tenemos! Está claro que el ratón es un poco plasta y el sapo, algo liante. Así que yo los enviaría a los dos “al rincón de pensar” que falta les hace.
    Eso sí, me ha encantado el cuento, la imaginación del sapo y esa décima tan bonita para terminar.
    Un abrazo de jueves.

    Le gusta a 1 persona

    • Martes de cuento
      04/09/2015

      😀 😀 😀 María, solo de imaginar en el rincón de pensar a los dos, ya me río. Los dos deberían meditar que ni uno puede hacer en su casa lo que quiere, porque puede llegar a molestar; ni el otro puede menospreciar a los demás creyéndose superior. Pero, como tú dices, la convivencia, más cuando no une el cariño (se suele ser más tolerante entonces), es muy difícil. ¡Pero no por ello dejaremos de intentar ser un poco más empáticos! 🙂 ¡Abrazos de viernes! 😉

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Esta entrada fue publicada en 01/09/2015 por en Cuento popular y etiquetada con , , , , , , , , .
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