Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

El duende desmemoriado

Sortearemos el duende Quelet entre todos los seguidores de Martes de cuento que dejen un comentario en esta entrada antes del sábado 6-6-15

Quelet siempre había sido un duende alegre y locuaz. Había viajado mucho y había enseñado a otros duendes a descubrir qué talento se escondía en sus corazones con la ayuda de las artes secretas de su oficio de Maestro de los Talentos; pero Quelet se había ido haciendo viejo y sus piernas cansadas no le permitían ya transitar sus incansables caminos llenos de sabiduría y buenos consejos.

Se retiró a su hura vacía y destartalada pensando que en ella hallaría el merecido reposo, pero los días se le hacían largos y las noches se llenaban de inquietantes ruidos.

Muy de mañanita, Quelet salía a estirar las piernas y se dejaba acariciar por el deslumbrante sol que sonreía a la magia y a los milagros desde lo alto del cielo; pero después de andar un rato, se sentía fatigado y se retiraba a su hura solitaria y oscura, sin darse cuenta de que el silencio le pesaba en el corazón y le robaba las palabras. Salir a pasear llenaba sus ojos de luz y presencias amistosas, pero al volver a casa se olvidaba de lo que había visto y le costaba recordar, incluso, las horas de las comidas o la de acostarse. Poco a poco, Quelet se fue volviendo desmemoriado.

Un día cualquiera, Quelet salió a pasear como solía hacer y se encontró con otro duende como él que lo saludó alegremente.

—¡Quelet! —lo llamó—. Hola amigo mío… ¡Cuánto tiempo!

Y ya no paró de hablar y de hablar… Quelet lo miraba sonriendo amablemente, escuchando todo lo que el otro le decía, pero incapaz de recordar quién demonios era aquel duende tan vivaracho.

Al volver a su hura, Quelet se quedó en el portal sentadito al sol, mientras reflexionaba largamente sobre lo que le había ocurrido.

De pronto, se dio cuenta de algo que no había previsto que le pudiera suceder nunca jamás: ¡se estaba volviendo un duende desmemoriado! ¡Él, que siempre había tenido una memoria excelente!

—Esto no puede ser… —se dijo a sí mismo—. No…, no… Tengo que pensar en algo…

Quelet sabía que cuando los duendes se hacían viejos a veces perdían un poco el oremus, había visto casos muy notables, pero nunca se había detenido a pensar qué significaba realmente perder la memoria.

—Perder mis recuerdos … —se lamentó—, todas mis vivencias, mis alegrías, mis tristezas … No acordarme de la gente o de lo que tengo que hacer … No recordar lo que más amo o he amado…

De repente, el duende se sintió muy triste: ¿qué ocurriría con todos sus recuerdos?, ¿qué ocurriría con todo aquello que amaba tanto si no era capaz de recordarlo?

Tenía los ojos casi anegados de lágrimas cuando se dio cuenta de que estaba sentado sobre una vieja cepa, casi tan vieja como él. Sus gastados dedos acariciaban dulcemente la rugosa corteza del tronco y parecía que querían decirle algo…

—¡Claro! —exclamó— ¡Puedo hacer cajas! Cajas mágicas para conservar mis recuerdos… así, si algún día los pierdo, siempre podré recuperarlos buscándolos en mis Cajas de Recuerdos.

Y, rápidamente, se puso manos a la obra. No tenía suficiente destreza para trabajar la madera, pero su paciencia infinita, forjada a lo largo de años y años de enseñar a los demás duendes a encontrar su talento, suplía su falta de habilidad y su inexperiencia.

De hecho, proponerse el reto de hacer algo nuevo a su edad resultó liberador para Quelet. Sus oxidadas manos, con tenaz voluntad, aprendían a dominar las herramientas y la madera y en muy poco tiempo tenía tantas cajitas de tamaño y de colores distintos, que se corrió la voz de que Quelet, el Maestro de los Talentos, había descubierto uno nuevo para sí mismo.

Un día, un duende joven que aún no había descubierto qué don de magia se escondía en su corazón, pasó ante la hura de Quelet y tras saludarlo cortésmente el joven Getet preguntó:

—¿Qué hacéis, Maestro?

—Hago Cajas de Recuerdos.

—¿Y por qué? —se interesó Getet al instante.

—Para acomodar en ellas todos mis recuerdos… —dijo Quelet contento—. Hay un momento en la vida —explicó repentinamente serio— que uno ya no puede fiarse de su cabeza… y entonces toca trabajar con las manos para conservar todo aquello que no se quiere perder…

Getet observó aquellas cajas largamente. Se sentía cautivado por los colores y las formas que el viejo Quelet dibujaba con su cincel sobre las tapas de sus incontables Cajas de Recuerdos. Y, de repente, sintió un impulso.

—¿Puedo ayudarlo, Maestro? —dijo medio avergonzado por su osadía.

Quelet lo miró con atención. Había dedicado toda su vida a ayudar a los más jóvenes a descubrir los talentos ocultos en sus corazones… pero ahora… Ahora no tenía tiempo para volver a su viejo oficio y veía muy claro en el corazón de Getet que no había encontrado su talento. Sin embargo, algo en los ojos del joven duende hizo que se decidiera…

—Hay mucha faena —reconoció el viejo Quelet—, y me vendría bien una ayuda. ¡Tengo tantos recuerdos!

—Yo os ayudaré… —dijo Getet alegremente.

Y desde aquel día, Getet no dejó de ir puntualmente a la hura de Quelet para ayudarlo en su incansable tarea. Pulía cajas, las pintaba, las organizaba por colores e incluso ayudaba a Quelet a elegir qué objetos mágicos contendrían para que el viejo duende pudiera evocar las cosas que, inevitablemente, acabaría olvidando con el paso del tiempo.

La labor de Quelet y de Getet los mantenía tan ocupados, que el joven se convirtió en el mejor discípulo del Maestro de los Talentos. Los recuerdos del anciano estaban tan llenos de experiencias, sentimientos y vivencias que Getet, gracias a ellos, aprendía un mundo entero de conocimientos, tan valiosos como los tesoros mágicos más antiguos.

Con el tiempo, las Cajas de Recuerdos de Quelet se hicieron imprescindibles en su vida. Desgraciadamente, el paso de los años iba arrebatando más y más memoria a su mirada y cuando esta se apagaba, una sombra de tristeza teñía de luto su amable cara.

Entonces, Getet se acercaba a su viejo Maestro y abría una Caja cualquiera. El viejo Quelet contemplaba el tesoro que guardaba la caja con atención y estupefacción. Removía lo que fuera que contenía entre las manos y así se entretenía largo rato, sin entender qué debía ser o representar aquello. Getet se sentía un poco apenado al ver que su Maestro no reconocía el contenido de la caja, siempre era así; pero enseguida, con voz animosa, le contaba a Quelet qué eran aquellos prodigios que la magia hacía posible.

La expresión de Quelet solía ser de sorpresa y de genuina felicidad, como la de esos niños pequeños que sueñan al escuchar las palabras de un cuento. Tal vez el viejo Quelet fuera incapaz de evocar sus propios recuerdos o de reconocer en las mágicas imágenes y en las bondadosas palabras de su discípulo el hilo de su propia historia, pero el viejo duende aún podía emocionarse con lo que tanto sus Cajas Mágicas como Getet le contaban de sí mismo. Era, —casi, casi— como volver a construir una vida a partir de cero.

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

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shirokuro-chan

112 comentarios el “El duende desmemoriado

  1. Oscar
    28/09/2015

    Qué cuento tan bonito para tratar algo tan difícil de asimilar. Creo que para entender a Quelet y a Puig hay que vivirlo en primera persona. Los demás sólo se pueden hacer una idea, pero no saben lo duro que resulta. Porque el problema es que al final, ni siquiera las cajas de recuerdos ni un gran Getet a su lado pueden ayudar. Besitos!

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    • Puig
      28/09/2015

      Muchas gracias, Oscar, me alegro mucho de que te haya gustado el cuento. Tienes mucha razón, la realidad a menudo nos estafa lo que la fantasía nos regala, traté de dar un tono esperanzado a la historia sin restar dramatismo a un problema que puede resultar demoledor en una familia y nada mejor para ello que envolverla de magia y amables recursos… Para mi es un verdadero regalo poder leer todas las opiniones que suscita esta historia y agradezco mucho a Martes de Cuento su invitación para poder compartirla con más lectores. Gracias por tus palabras, Oscar, un GRAN abrazo.

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  2. Pingback: Recogida de premios. | El diario de Sensi

  3. Ah… es muy, muy tierno este cuento. Se lo conté a mi hija, de 3 años, y lo escuchó tranqui y expectante. Es raro que tolere una lectura por medio de la compu así que la historia la enganchó. Es hermosa esta historia porque habla sobre el legado que todos dejamos, o podemos dejar, la importancia de un Otro que nos valorice y que nosotros le permitamos entrar para continuar el trabajo que iniciamos (en la vida, por supuesto). Y cómo uno no deja de reinventarse, descubrirse, sorprenderse y seguir viviendo hasta último momento. Es muy profundo el cuento. Yo lo amé. Gracias! Besote!

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    • Puig Deulofeu
      31/08/2015

      Por mi parte sólo puedo agradecerte a ti, Ana Claudia, tus palabras, me emociona especialmente conocer la reacción de tu niña y descubrir en lo que dices mucho de lo que pretendía transmitir cuando lo escribí. Te agradezco infinitamente el comentario y también a Martes de Cuento -una vez más- la oportunidad de participar en su maravilloso blog con una de mis historias… Besos y abrazos para ti y para tu hija.

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      • Martes de cuento
        01/09/2015

        🙂 Puig, un privilegio contar con tus letras. Gracias por habernos prestado una parte tan íntima y preciosa de ti y de tus sentimientos 🙂

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    • Martes de cuento
      31/08/2015

      Qué maravilla que los cuentos consigan que los niños entiendan cosas a veces tan difíciles de explicar. Y sin duda tienes razón Ana Claudia, el legado que dejamos es lo que nos permite seguir aquí, junto a nuestros seres queridos. Abrazos especiales para ti y tu chiquitina 🙂

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  4. exudus999
    25/06/2015

    Me encanto este cuento me recuerda los aluxes

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  6. Muy lindo el cuento! te felicito, me pasaré a leer mas seguido! =)

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    • Martes de cuento
      07/06/2015

      🙂 Gracias por pasar. aunque hay algunos cuentos originales de Martes de cuento, este está escrito por Puig Deulofeu, del blog Nataú. Cuando lo leímos allí nos gustó mucho y le pedimos permiso para traerlo hasta este rincón 🙂

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      • Puig Deulofeu
        07/06/2015

        Y ha sido un verdadero placer vivir esta aventura en tu blog, Martes de cuento. Maximiliano, te agradezco infinito el comentario por la parte que me toca…

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  7. Enrique
    07/06/2015

    Me gusto el cuento y el mensaje…. Esta muy bueno y le gusto a mis hijos. Abrazos.

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    • Martes de cuento
      07/06/2015

      🙂 Muchas gracias por tu comentario, Enrique. Estamos muy contentos de que os haya gustado el cuento y, sobre todo, estamos muy contentos de saber que en vuestra familia todos sois grandes lectores 😉

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  8. Aquileana
    05/06/2015

    Un cuento no excluyentemente para niños… Me pareció muy profundo….
    Me encantó!. 🌟★🌟 Un abrazo! Aquileana~

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    • Martes de cuento
      05/06/2015

      Es verdad que los adultos recibimos un mensaje también con este cuento, porque todos tenemos muchos recuerdos, que nos hacen ser lo que somos y perderlos sería como vivir en la isla de los lotófagos aunque, en esta ocasión, serían las cajas y no Ulises las que nos rescatarían 😉
      Gracias por visitarnos Aquileana 🙂 Anotamos tu nombre para el sorteo.

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      • Puig Deulofeu
        05/06/2015

        espero que la fantasía haga un tema profundo un poco más liviano, en el sentido de quitarle peso; los cuentos nos sirven a todos, creo yo, para ver las cosas de formas diferentes e invitarnos a pensar en ellas de otra manera. Gracias por leerlo Aquileana, celebro que te guste, me hace muy feliz haberlo compartido en este fantástico blog.

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  9. nini
    04/06/2015

    con unos comentarios tan sentidos, yo que solo soy lectora me veo incapaz de escribir algo bueno , asi que pienso que el atesorar recuerdos es algo maravilloso y que una enfermedad te los arrebate es muy triste…deberemos probar con las cajitas….besos

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    • Martes de cuento
      04/06/2015

      ¿¿¿”Solo lectora” dices….??? ¡Por dios!
      Sin lectores los cuentos, las novelas, la literatura toda ¡¡NO SERÍA NADA!!!
      Los lectores damos verdadero sentido a las letras.

      Para ti, los versos iniciales de “Un lector” del absolutamente genial Borges:

      “Que otros se jacten de las páginas que han escrito;
      a mí me enorgullecen las que he leído.
      […]”

      De Elogio de la sombra, 1969.

      Como no, te apuntamos para el sorteo. ¡Un abrazo!

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      • Puig Deulofeu
        04/06/2015

        Es la pura verdad. Y no se pude expresar mejor. Un texto no se completa hasta que alguien lo lee, escribimos para ser leídos, ponemos todo de nosotros mismos en cada palabra, le dedicamos tiempo, conocimientos, más o menos esfuerzo y el posible talento que atesoremos, pero al final si no hay un lector no serviría de nada, o casi de nada. Yo agradezco muchísimo el solo hecho de considerar que un cuento mío valga el tiempo necesario para leerlo, El tiempo es un bien escaso y muy valioso… por lo tanto: muchas gracias, Nini.

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  10. Rukadecolores
    03/06/2015

    Estimad@ martes de cuento. Justo hoy que me puedo pasar por tu rinconcito y me encuentro a un duende muy “salaó” custodiando la portada. “Lindo” ❤
    Me alegra estar aquí ya que extrañaba enormemente los martes de cuento.
    El relato de hoy es hermoso.
    Muchos besicos de colores y espero no tardar tanto en regresar 😉

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  11. tinteroypincel
    03/06/2015

    ¡Que bueno encontrar un discípulo al que instruir, con el que compartir y que luego nos acompaña y ayuda a recordar. No conocía un cuento así de tierno y me ha encantado. Felicitaciones por compartirlo. Un saludo.

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    • Martes de cuento
      04/06/2015

      Gracias, tintero y pincel por tus palabras. El cuento es de Puig Deulofeu, que tuvo la amabilidad de dejárnoslo traer desde su blog al nuestro 😉
      ¡Te apuntamos para el sorteo!

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      • Puig Deulofeu
        04/06/2015

        Celebro que te guste esta historia, tintero y pincel. Muchas gracias por leerla… Creo que al final todos necesitamos de los demás y siempre hay alguien que nos aporta aquello que nos hace falta, creo que la vida compensa con estas cosas las dificultades que, a veces, debemos enfrentar.

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      • tinteroypincel
        05/06/2015

        Gracias.

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  12. @PurosRefranes
    03/06/2015

    Ya hice mi comentario del cuento hace unos momentos, pero por error se me publico como anónimo por lo que vuelvo a entrar para introducir mis datos.

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Esta entrada fue publicada en 02/06/2015 por en Cuento amigo y etiquetada con , , , , , , .
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