Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

El Flautista de Hamelín

The_Pied_Piper_by_Otagoth

Ilustración: Otagoth

Esta historia ocurrió hace mucho, muchísimo tiempo, en un pequeño pueblo al norte de Alemania llamado Hamelín, situado en un precioso paraje, muy cerca de las riberas de un ancho y caudaloso río, el Weser.

Los habitantes de Hamelín eran felices y estaban orgullosos de vivir en un lugar tan hermoso y apacible hasta que, un día, una terrible plaga de ratas se adueñó de aquel lugar.

Había tantas y eran tan feroces que plantaban cara a gatos, perros y hasta se atrevían a enfrentarse a las mismísimas personas.

Se colaban en las casas para robar la comida de las despensas y los guisos de las ollas. Roían la ropa de los armarios e incluso, al llegar la noche, se metían en la cama de la gente a dormir. Aparecían en los lugares más insospechados, con el consiguiente susto y disgusto de aquel que tenía la desgracia de toparse con ellas, porque si alguien intentaba echarlas o las molestaba de algún modo, mordían con fiereza.

La vida en Hamelín se volvió tan insoportable por culpa de los roedores, que los habitantes, hartos de tan incómoda situación, se reunieron en la Plaza Mayor para exigir al Alcalde que buscara una solución para tan terrible problema:

—¡Queremos respuestas! ¡Abajo este Alcalde que no hace nada! ¡Que alguien encuentre un modo de librarnos de esta terrible plaga! ¡No podemos seguir viviendo así!

No había manera de calmar los ánimos de los allí reunidos.

Mientras discutían y gritaban, sin llegar a ningún acuerdo, apareció un extraño. Un hombre enjuto, que vestía pobremente y llevaba una flauta en la mano. El desconocido avanzó y se dirigió a los presentes:

—Disculpen ustedes, sé que tienen un grave problema, pero yo puedo solucionarlo. Estoy dispuesto a librar a este pueblo de todas las ratas con la sola ayuda de mi flauta mágica, pero tengan en cuenta que mi trabajo vale mi peso en oro.

—Si consigues librarnos de esta plaga, te daremos más que eso. ¡Te daremos el doble de tu peso en oro! —aseguró precipitadamente el Alcalde, que veía peligrar su cargo.

El pueblo aplaudió y gritó entusiasmado:

—¡Eso, eso! ¡Si nos libras de las ratas, te daremos el doble de tu peso en oro! ¡Viva nuestro Alcalde! ¡Viva!

—De acuerdo entonces. Vosotros lo habéis dicho, ¡que sea el doble!

Y dicho esto, el Flautista empezó a tocar la flauta y echó a andar al son de la alegre música de su instrumento.

De pronto, en todos los rincones del pueblo, se empezó a oír un extraño runrún que fue creciendo, creciendo y creciendo, hasta convertirse en un terrible estruendo.

Aquel alboroto no era otra cosa que las ratas, que atraídas por la prodigiosa música del Flautista, asomaban por doquier. Ratones chiquitos y ratas enormes, todos empezaron a marchar en pos del Flautista, como si estuvieran hipnotizados, bajo la atenta y asombrada mirada de los habitantes del pueblo.

Sin dejar de tocar su flauta mágica, el forastero arrastró tras de sí a aquel tropel de roedores fuera de la ciudad y lo condujo hasta el río, donde los animales fueron cayendo y ahogándose, uno tras otro, hasta que no quedó ni uno solo.

Cuando los habitantes de Hamelín comprobaron que se habían librado de aquella terrible plaga, echaron al vuelo todas las campanas e hicieron una gran fiesta. Aclamaron al Alcalde y dieron las gracias, efusivamente, al Flautista. Este, entonces, reclamó lo que le habían prometido.

El Alcalde, después de mirarlo de arriba abajo, contestó:

—Lo que pides es exagerado. Al fin y al cabo, el trabajo ha sido muy sencillo y no has empleado mucho tiempo en él. Deberás conformarte con diez monedas de oro como pago y aun así, es mucho.

El pueblo entero asintió y aplaudió:

—¡Es verdad, ha sido muy fácil! ¡Viva el Alcalde! ¡Cualquiera puede tocar la flauta! ¡Qué sabio es nuestro Alcalde! ¡El Alcalde siempre tiene razón! ¡Lo que pide el Flautista es exagerado!

El Flautista insistió:

—Llegamos a un acuerdo. Yo he cumplido mi parte; cumplid vosotros la vuestra.

Un murmullo de rechazo se elevó de la multitud, y el Alcalde volvió a negarse a pagar lo acordado.

El Flautista advirtió:

—No quiero enfadarme. Yo he cumplido mi parte; cumplid vosotros la vuestra.

La gente, gritó enfurecida:

—¿Cómo te atreves a amenazarnos? ¡Márchate de aquí! ¿Qué te has creído? ¡No malgastaremos nuestro dinero en un vago que toca la flauta y que viste como un pordiosero! ¡Fuera! ¡Largo! ¡Vete!

—¡Os arrepentiréis! —dijo. Y dándoles la espalda, se alejó.

Aún no había dado cuatro pasos, cuando una música jamás escuchada antes sobre la Tierra, escapó de su flauta mágica y se fue extendiendo, como si de una gran mancha de aceite se tratara.

Un sordo rumor, que crecía y crecía, lo invadió todo. Eran los pequeños pies en movimiento de todos los niños del pueblo, que con gran alboroto, batiendo palmas y riendo, iban formando una larga cola que seguía al Flautista.

La gente mayor enmudeció de asombro, pero por más que intentaron hacer algo, fue imposible. Era como si una invisible fuerza los retuviera. Se quedaron petrificados, sin poder dar ni un paso, y sin poder gritar para impedir que los niños siguieran al Flautista.

Vieron cómo se alejaba aquella extraña comitiva hacia las montañas; vieron cómo estas se abrían al son de la fascinante música; y vieron cómo se cerraban de nuevo, tragándose al Flautista y a todos los niños de Hamelín para siempre.

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

rainbow_pencil_avatar_by_shirokuro_chan

shirokuro-chan

44 comentarios el “El Flautista de Hamelín

  1. Supereze
    02/05/2015

    Sin duda un cuento maravilloso, como todos los del Blog. Por cierto, no conocerás a algún flautista con capacidad de atraer políticos ¿verdad?

    Es para una cosa…

    Le gusta a 1 persona

    • Martes de cuento
      03/05/2015

      😀 😀 😀 😀 Nos ponemos ahora mismo a buscarlo por la Isla Imaginada y si es preciso pagar el doble de su peso en oro, colaboraremos gustosamente aportando una parte.

      Le gusta a 1 persona

  2. María
    30/04/2015

    Hay que ser consecuente con la palabra dada, pero está claro que nuestra naturaleza humana, digamos que, se despista. Una gran moraleja.
    Y digo yo, quizá podría algún flautista desocupado, darse una vueltecita por aquí y llevarse a algunos elementos 😉 😉
    Delicioso, como todos los martes, aún leído en jueves.
    Besetes de esos primaverales.

    Le gusta a 1 persona

    • Martes de cuento
      01/05/2015

      ¡Ay, sí, María! Nos despistamos a menudo cuando tenemos que ser justos. Es tan fácil hablar. Si practicáramos más a menudo aquel proverbio árabe que dice “Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio: no lo digas.”, tal vez conseguiríamos que nuestro mundo fuera algo mejor y según qué elementos se ahorrarían decir según qué cosas
      Un beso lleno de sol y flores 🙂

      Le gusta a 1 persona

  3. Juani Casco
    30/04/2015

    Después de leer todos los interesantes comentarios poco queda por decir. Tan sólo que la versión del cuento es preciosa y muy interesante la explicación del origen del cuento. Hay que ver lo que aprendemos cada semana!!! Muchas gracias!! Y ya sabemos que antes de prometer hay que estar dispuesto a cumplir lo prometido. Abrazos!!!

    Le gusta a 1 persona

    • Martes de cuento
      01/05/2015

      🙂 La verdad es que los comentarios son lo más enriquecedor de los blogs, porque tras ellos puedes “intuir” personas fantásticas que con sus aportaciones abren nuevas perspectivas a lo que se lee y, precisamente, en ellos encontramos palabras llenas de sentido.
      En cuanto a la palabra dada, hubo un tiempo en el que era sagrada y aún ahora, en algunos casos lo es. Pensemos en la palabra del juez o sacerdote que con su palabra casa; el juez que juzga; el notario que sella una venta… Deberíamos tomarnos la que decimos nosotros igual de seriamente.
      Un abrazo 🙂

      Me gusta

  4. elcuadernodeclara
    30/04/2015

    Precioso como siempre 🙂

    Le gusta a 1 persona

Nos encanta que nos cuentes

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada en 28/04/2015 por en Leyenda y etiquetada con , , , , , , .
A %d blogueros les gusta esto: