Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

Garbancito

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Ilustración: Ethanael

 Este cuento nos lo pidió Marisa Alonso y a ella se lo dedicamos.

Érase una vez que un hombre y una mujer tuvieron un hijo. El niño era tan pequeño, tan pequeño, tan pequeño que parecía un garbanzo y, por eso, decidieron ponerle por nombre Garbancito.

Pasó el tiempo, y a pesar de que Garbancito seguía sin crecer, cada día era más listo. Además, era muy bueno y trabajador y siempre estaba dispuesto a ayudar a sus padres.

Un día, su mamá estaba cocinando y se dio cuenta de que se había quedado sin azafrán:

—iVaya, qué contratiempo! No tengo ni una hebra de azafrán y el guiso no me quedará tan bueno como siempre.

El niño, que no andaba lejos, le respondió enseguida:

—¡No pasa nada! ¡Ahora mismo voy corriendo a comprarlo!

—iNi pensarlo, Garbancito! Eres demasiado pequeño para salir solo a la calle. La gente no te vería y alguien, sin darse cuenta, podría pisarte.

Pero Garbancito insistió:

—Mamá, tú no te preocupes, que Iré cantando todo el rato y aunque la gente no me vea, me oirá. Así que nadie me pisará.

Finalmente, aunque muy preocupada, la mamá de Garbancito accedió. Le dio una moneda y le advirtió:

—Ve directamente a la tienda sin dejar de cantar durante todo el camino. ¡Y ándate con mucho ojo para que nadie te pise!

Garbancito cogió la moneda, que casi abultaba más que él, se la cargó a la espalda y salió de su casa entonando su canción:

¡Pachín, pachín, pachín!

¡A Garbancito no piséis!

¡Pachín, pachín, pachín!

¡Mucho cuidado con lo que hacéis!

Todos los que pasaban junto a él se quedaban admirados, porque como no veían a Garbancito, creían que era la moneda la que cantaba y andaba sola.

Sin parar de cantar, llegó por fin a la tienda y gritó bien fuerte para que lo oyeran:

—iBuenos días! Mi mamá me manda para comprar azafrán.

El tendero miraba sorprendido a su alrededor sin ver a nadie, hasta que se dio cuenta, por fin, de que en el suelo había una moneda y que bajo ella estaba Garbancito. Preparó la bolsita con azafrán y se la dio al niño, que salió de la tienda y de nuevo empezó a cantar:

¡Pachín, pachín, pachín!

¡Mucho cuidado con lo que hacéis!

¡Pachín, pachín, pachín!

¡A Garbancito no piséis!

Cuando lo vio llegar, su mamá respiró aliviada al comprobar que estaba sano y salvo.

Con el azafrán que Garbancito le había comprado, terminó de preparar la comida y cuando ya se disponía a salir con ella para llevársela a su marido, que labraba la tierra en un huerto cercano, su hijito le dijo:

—Mamá, ya has visto que he ido a la tienda y no me ha ocurrido nada. ¿Por qué no me dejas que lleve yo la comida a papá?

—Pero Garbancito, ¿no ves que la cesta es demasiado pesada y no podrás tú solo con ella?

Pero Garbancito, que aunque era pequeño era muy fuerte, cargó la cesta a su espalda y le dijo a su madre:

—¿Lo ves mamá?, puedo con ella. Tú no te preocupes, que iré cantando para que nadie me pise.

Así que la madre se dejó convencer de nuevo y Garbancito se marchó cantando a llevar la comida a su padre:

¡Pachín, pachín, pachín!

¡A Garbancito no piséis!

¡Pachín, pachín, pachín!

¡Mucho cuidado con lo que hacéis!

Estaba a mitad de camino, cuando lo sorprendió un terrible aguacero. La lluvia caía con furia y para que la comida no se mojara, Garbancito se escondió bajo una gran col, decidido a esperar a que amainara la tormenta. Cómodo como estaba y arrullado por el ruido que hacían las gotas de agua sobre la col, Garbancito se quedó dormido.

Muy cerca de allí, pastaba un gran buey que al ver la hermosa col, y sin saber que alguien dormía bajo ella, se acercó y se la comió de un solo bocado y con ella se tragó también al pequeño niño.

Entretanto, el papá de Garbancito, que hacía rato que esperaba hambriento, decidió ir a ver qué ocurría. Al llegar a casa, preguntó a su mujer por su comida y su esposa, muy asustada, le contó que Garbancito había ido a llevársela hacía ya un buen rato. Muy preocupados, salieron a buscar a Garbancito:

—¡Garbancitooooooooo!, ¿dónde estaaaás?

Pero nadie respondió.

Caminaron y caminaron, sin dejar de llamar a su hijito. Buscando y rebuscando por todos los lugares:

—¡Garbancitooooooooo!, ¿dónde estaaaás?

Ya salían del pueblo, camino del huerto, cuando al atravesar el sembrado en el que el gran buey pastaba volvieron a llamar:

—¡Garbancitooooooooo!, ¿dónde estaaaás?

Fue entonces cuando oyeron una voz muy lejana que decía:

¡Estoy como un reeeey,

sin lluvia ni nieve,

en la panza del bueeeey!

Los padres de Garbancito pensaron y pensaron en cómo sacarían a su hijito de la panza del buey, hasta que se les ocurrió hacer cosquillas al animal en el hocico con unas briznas de hierba.

El buey estornudó sonoramente y Garbancito salió disparado por uno de los agujeros de la nariz y, sano y salvo, aterrizó sobre una gran col.

Contento y espabilado, como si nada hubiera pasado, abrazó a sus papás y los tres, felices de estar juntos de nuevo, regresaron a su casa cantando:

¡Pachín, pachín, pachín!

¡Mucho cuidado con lo que hacéis!

¡Pachín, pachín, pachín!

¡A Garbancito no piséis!

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

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shirokuro-chan

53 comentarios el “Garbancito

  1. Pablo
    27/10/2015

    Me ha encantado ha sido para un trabajo de la escuela
    Un saludo!

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    • Martes de cuento
      28/10/2015

      Estamos muy contentos de que te haya servido el cuento, Pablo. Esperamos que te pongan una nota excelente 🙂 Habrás visto que al final del cuento hay una enlace: “¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?” Si pinchas en él verás que hay más información. ¡Un saludo!

      Me gusta

  2. Sara P Lorenzo
    26/04/2015

    Me acuerdo que me lo contaron una vez de pequeña pero era un poco diferente . Supongo que habrá varias versiones. Aunque de la otra ya casi no me acuerdo. Ha sido muy nostálgico leerlo jajaja.

    Un beso y feliz domingo^^

    Le gusta a 1 persona

    • Martes de cuento
      26/04/2015

      Seguro que los cuentos tienen tantas versiones como personas los narran, aunque en esencia son parecidos. No obstante, eso no importa demasiado, porque lo que de verdad cuenta es lo que nos hacen sentir al contarlos o escucharlos.
      Un abrazo, Sara 😉

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  3. De nuevo incorporada a la vida de los que sueñan fantasías, celebro este viernes leyendo a “Garbancito”. Felicidades como siempre por estos dulces momentos.
    Un abrazo.

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  4. Rosa Glez
    24/04/2015

    No había escuchado este cuento antes, está hermoso. Me encantó, gracias por compartirlo aquí 🙂

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  5. elcuadernodeclara
    23/04/2015

    Aunque sean los martes de cuentos, para mi son los jueves, por razones de horario laboral y esas cosas… pero solo decirte que espero ese ratillo parar leer esos magníficos cuentos que nos escribes. Un abrazo

    Le gusta a 1 persona

    • Martes de cuento
      24/04/2015

      Clara, después de consultar con los Oráculos de Isla Imaginada sobre la conveniencia de leer el cuento del martes en jueves, te trasladamos su veredicto: “El mejor día para leer el cuento es el día en el que decides leer el cuento.” 😉
      Un abrazo y gracias por visitarnos a cualquier hora del día, cualquier día del año.

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  6. Jean Rush
    23/04/2015

    Me gustó mucho, me pondré al corriente con los otros cuentos. Me suscribo a tu blog 🙂

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  7. Carmen Cifuentes "Collier"
    22/04/2015

    Pachin, pachin, pachin, a garbancito no olvidéis!!!

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  8. julysacosta09
    22/04/2015

    Me encantan todos sus cuentos , me han servido para mis actividades en la escuela. Gracias por este material tan valioso.

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    • Martes de cuento
      22/04/2015

      ¡Estamos muy, muy, muy felices de leer tus palabras, July! 🙂 Saber que nuestros cuentos son de utilidad, nos llena de alegría.
      Si quieres animar a tus alumnos a que escriban o dibujen, estaremos encantados de abrir una sección especial para los pequeños, donde incluiremos sus obras.
      Además, si tienes perfil de Google+, tal vez te pueda ayudar también lo que, en relación al cuento semanal, subimos a diario. https://plus.google.com/u/0/110031890052500910824/posts
      ¡Un abrazo muy grande!

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Esta entrada fue publicada en 21/04/2015 por en Cuento popular y etiquetada con , , , , , , .
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