Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

Bubo, el búho cabreado

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Ilustración: Jan JN

Para Jan JN, un gran artista de 7 años que con su ilustración, “El búho cabreado” , inspiró este cuento.

Bubo no fue siempre un búho cabreado. Algunos cuentan que lo habían visto reír y que tenía muchos amigos.

Vivía en un nogal centenario que compartía con una lechuza sabia, una pareja de ardillas, tres laboriosos escarabajos peloteros y una termita gourmet, que había consagrado toda su vida a los placeres de la buena mesa. Pero para Bubo todo cambió una noche en la que la Luna empezó a menguar.

Aquel día, al mirar al cielo, Bubo se puso de muy mala luna y a partir de entonces, estar cerca de él fue imposible. Se comportaba tan mal que, poco a poco, todos se fueron apartando de su lado, hasta que se quedó completamente solo.

Y eso le ocurrió porque no supo querer…

Desde muy joven, Bubo miraba a la Luna con sus grandes ojos redondos y de tanto mirarla, se enamoró de ella. A todas horas soñaba con su blanco resplandor; estaba fascinado por su pálida belleza y por su personalidad cambiante.

Empezó a escribirle apasionados poemas y a ulularle dulces baladas. Le juró amor eterno y talló sobre el tronco del viejo nogal un corazón con sus nombres entrelazados.

Tanto y tanto insistió, que la Luna, conmovida, acabó por aceptar su amor y cada día, al caer la noche, acariciaba dulcemente las plumas de Bubo con sus níveos rayos y permanecía a su lado hasta que el Sol la eclipsaba. Entonces, depositaba un último beso albo sobre el pico del búho enamorado y se despedía dulcemente.

Todo parecía muy hermoso. Todos parecían muy felices…

Pero, ¡ay!, solo lo parecía, porque llegó el día en el que Bubo le recriminó a la Luna aquellos cambios que no hacía mucho lo habían enamorado y una noche en la que su amada menguaba el búho le exigió:

Luna, lunera,
dulce compañera,
no te quiero menguante
que te quiero entera.

Naturalmente, la Luna no podía cambiar su forma de ser solo porque a Bubo le diera la gana. Así, que se armó de paciencia y le dijo:

¡Ay! Bubo querido,
si tú me quisieras
no me cambiarías
y tal como soy
tú me aceptarías.

Bubo no atendió a razones y empezó a romper las ramas del árbol en el que había construido su hogar:

¡Haz lo que te diga!
¡Eres solo mía!

Al oír los gritos, las dos ardillas le afearon su proceder. Después, recogieron sus cosas, se mudaron siete nogales más abajo y le retiraron su amistad para siempre.

Desde la rama más alta, se oyó la voz de la sabia lechuza:

Ya verás, búho Bubo,
como por ser tan bobo,
te vas a quedar solo.

Al calmarse, Bubo, muy avergonzado, pidió humildemente perdón a la Luna y ella lo perdonó.

Parecía que las cosas habían vuelto a la normalidad, pero ¡ay!, solo lo parecía, porque cuando la Luna, siguiendo su ciclo, desapareció de cielo, los gritos de Bubo volvieron a resonar por todo el bosque:

Luna, lunera,
dulce compañera
no te quiero nueva
que te quiero entera.

La Luna, armándose nuevamente de paciencia, le dijo:

¡Ay! Bubo querido,
si tú me quisieras
no me cambiarías
y tal como soy
tú me aceptarías.

Y de nuevo, el búho destrozó las ramas del nogal, gritó y se enfureció:

¡Haz lo que te diga!
¡Eres solo mía!

Hartos de aquel violento vecino, los tres escarabajos le recriminaron su fea actitud y como única respuesta, Bubo les lanzó una nuez, que fue a dar de lleno en la cabeza de Aristóteles, el escarabajo más joven, que quedó tendido en el suelo sin sentido y patas arriba.

Alarmados, Platón y Sócrates, sus dos hermanos, lo colocaron sobre una hoja y lo arrastraron lejos de aquel lugar para curar sus heridas, decididos a no volver jamás.

Desde la rama más alta del nogal, volvió a oírse la advertencia de la lechuza:

Ya verás, búho Bubo,
como por ser tan bobo,
te vas a quedar solo.

Pasado el enfado, Bubo, llorando, suplicó que lo perdonaran y prometió que jamás volvería a comportarse de aquel modo. Y, de nuevo, lo perdonaron.

Pero pronto olvidó sus promesas, porque pasados unos días, cuando la Luna empezó a crecer muy despacito y de ella solo se veía un hilito blanco sobre el fondo negro del cielo nocturno, Bubo le gritó impaciente:

Luna, lunera,
dulce compañera
no te quiero creciente
que te quiero entera.

La Luna le recordó nuevamente:

¡Ay! Bubo querido,
si tú me quisieras
no me cambiarías
y tal como soy
tú me aceptarías.

Pero Bubo, sin atender a razones, se puso a gritar:

Haz lo que te digaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa,
¡Eres solo míaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

Y aquella vez, con aquel espeluznante alarido, hasta el mismísimo nogal tembló. En su interior, la pobre termita se atragantó con una astilla. Creyó que alguien estaba talando el centenario tronco y sin recoger sus cosas ni mirar hacia atrás, se alejó corriendo de allí y no paró hasta tres bosques después.

En la rama más alta, resonó la advertencia de la sabia lechuza:

Ya verás, búho Bubo,
como por ser tan bobo,
te vas a quedar solo.

Recuperada la calma, Bubo se disculpó y aunque muy molestos por su actitud, volvieron a perdonarlo.

Fueron pasando los días y la Luna creció y creció, hasta que volvió a lucir redonda, preciosa y brillante.

Al verla, Bubo exclamó entusiasmado:

Luna, lunera,
dulce compañera
eso es lo que quiero:
¡que luzcas entera!
Siempre así estarás,
y no cambiarás.
Haz lo que te diga,
¡eres solo mía!

Pero aquella vez, la Luna, harta de las exigencias de Bubo, le respondió:

Búho cabreado,
hasta aquí he llegado.
Al fin lo has logrado,
también yo me he hartado.
Tú te lo has buscado,
¡te dejo plantado!

 Y recogiendo todos sus rayos, se fue a alumbrar a otro lugar.

Desde la rama más alta del nogal, se oyó a la sabia lechuza:

Ya lo has visto, búho Bubo,
por ser tan bobo,
¡te has quedado solo!
No escuchaste mi consejo.
Yo también me alejo.

 Y añadió:

—De nada sirve ladrar a la Luna, porque las cosas que no pueden ser, no son y además no lo serán jamás por mucho que tú te enfades, grites y lo rompas todo. Aprende a conformarte y ama lo que tienes.

Y mientras le daba este último consejo, la sabia lechuza se alejó volando, perdiéndose en la oscura noche.

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

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Si quieres, también puedes escuchar “Bubo, el búho cabreado” con la voz de Angie Bello Albelda

logoAngie

Santornem’hi Monrelat

52 comentarios el “Bubo, el búho cabreado

  1. Fernando Castillo
    19/03/2015

    Te he nominado por tu trabajo a los Black Wolf Blogger Award. Es una mención entre bloggers por tu trabajo excelente. http://palabrasprohibidas.com/2015/03/19/premio-black-wolf-blogger/

    Le gusta a 1 persona

    • Martes de cuento
      23/03/2015

      ¡Muchas gracias, Fernando! 🙂 Perdona la tardanza en responder, pero no sabemos por qué te habían enviado a “spam” y acabamos de rescatarte de ahí 😉
      Pasamos ahora mismo a verte 😉

      Me gusta

  2. Es estupendo que la categoría de este gran pequeño ilustrador haya dado paso a este fantástico cuento. ¡Viva la imaginación! Y las moralejas. Y vivan los búhos con mejor humor, je, je… y no tan engreídos y exigentes. ¿Tendrá este búho algún parentesco con algunos humanos?
    Gracias por este delicioso “Martes de cuento”.
    Abrazos!!

    Le gusta a 1 persona

    • Martes de cuento
      18/03/2015

      Más de acuerdo no podíamos estar, Isabel… ¡¡Viva la imaginación!!
      En cuanto al parentesco, nos lo tendrás que aclarar tú, pero seguro que si los humanos, como se dice, tenemos algo que ver con la mosca del vino, seguro que algo de búhos también tenemos 😀 😀 😀
      ¡Un abrazo!

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  3. Toni
    17/03/2015

    Fantástica historia con las fases de la luna! Muy real (por desgracia) la actitud del buho.
    Un gran cuento que me ha vuelto a alegrar el día.

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    • Martes de cuento
      17/03/2015

      🙂 Nos encanta que hayas reparado en el detalle de las fases lunares. Y sí, te damos la razón, hay muchas personas mayores y jóvenes, hombres y mujeres, cultivados e incultos… que se creen que tienen derecho a cambiar a los que tienen cerca. Es difícil aceptar a las personas tal y como son y hay quien no aprende jamás a hacerlo.
      ¡Un abrazo, Toni!

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  4. juani casco
    17/03/2015

    Por exigente y posesivo el búho Bobo dejó escapar a la más hermosa de las novias que pudiera tener, además de quedarse sin amigos. Seguro que todos conocemos algún caso en que el búho tiene dos piernas y no vive en un árbol precisamente. Lástima que se den cuenta de su error demasiado tarde. Hay que aprender que la Luna es hermosa en cualquiera de sus fases y respetarla. Preciosa manera de contarlo. Me ha encantado! aunque hay que darle su mérito al inspirador dibujo de Jan. Felicidades!!

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    • Martes de cuento
      17/03/2015

      ¡Y tanto que conocemos a más de un Bubo de dos patas! Y, como tú dices, ellos se lo pierden 😉
      Sin duda, este cuento no lo hubiéramos podido escribir sin el magnífico dibujo que nos hizo Jan. ¡¡Es un gran artista!!

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  5. María
    17/03/2015

    Esa luna de Jan, es muy inspiradora.
    Y pobrecito buho, no supo entender que no hay que intentar cambiar a las personas que quieres.
    Una deliciosa de ciento, como siempre.
    Un abrazo grande.

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    • Martes de cuento
      17/03/2015

      Sin duda, el cuento ha sido posible gracias al magnífico dibujo de Jan.
      Y Bubo se ha quedado pensando y pensando y seguro que acabará entendiendo que debe aceptar a cada uno como es 😀 😀
      ¡Un abrazo, María!

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  6. Marisa Alonso
    17/03/2015

    !Qué pena que el buho no cambiara de actitud! Hay mucha gente así por el mundo. Precioso Martes, de verdad me ha encantado.
    Un beso con achuchón para el pequeño artista.
    Felicidades para a los dos.

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    • Martes de cuento
      17/03/2015

      Pues sí, Marisa, hay muchos búhos por el mundo que quieren cambiar a los que tienen cerca. ¡Suerte que también hay muchas lunas que no se dejan! 😉
      Jan estará contento de saber que su dibujo te ha gustado.
      ¡Un abrazo!

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Esta entrada fue publicada en 17/03/2015 por en Cuento de Martes de cuento y etiquetada con , , , , , , , , , , .
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