Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

El padre, el hijo y el burro

2014-10-13 11 18 53

Ilustración: Milo Winter

Después de un duro día de trabajo en el campo, regresaban muy cansados hacia su casa un padre, su hijo y un burrito. El hijo montaba sobre el burro y junto a ellos, guiando con la rienda al animal, caminaba el padre.

Llevaban ya un rato andando cuando, por el mismo camino, vieron que se acercaban dos mujeres. Volvían del mercado, en el que habían estado todo el día vendiendo huevos, cargadas con cestas vacías. No apartaban la vista de ellos. Miraban muy enojadas al niño que viajaba a lomos del burro. Al cruzarse con ellas, padre e hijo escucharon cómo una le decía a la otra:

—¡Vergüenza me daría a mí ir sobre el burro, siendo joven y fuerte, mientras veo a mi padre, viejo y cansado, andando! Si es que la juventud de hoy en día no respeta nada. ¡Nuestros padres jamás hubieran consentido algo así!

El hijo, al escuchar el comentario, pensó que las dos mujeres tenían mucha razón y, avergonzado, desmontó del burro y le dijo a su padre:

—Papá, lo que han dicho esas dos mujeres es cierto, así que el resto del camino lo haré a pie y tú monta sobre el burro. Yo soy más joven y el trabajo me cansa menos, así que puedo andar hasta casa.

Agotado después de un largo día de duro trabajo, al padre no le pareció mala idea, así que, sin hacerse de rogar, montó a lomos del burro. El hijo, tomó las riendas del animal y continuó el camino a pie.

Apenas habían andado unos kilómetros, cuando se cruzaron con unos peregrinos. Al pasar por su lado, uno de ellos, miró al padre severamente y comentó en voz alta para que lo escucharan todos:

—¡Vaya padre desnaturalizado! Él a lomos del burro y el pobre chiquillo, tan tierno, tiene que ir caminando. Hombres así no deberían tener hijos ¿¡Y a eso lo llaman ser padre?! Pues yo, a eso, lo llamo abuso de autoridad. ¡Se debería proteger a los niños de padres como este!

Padre e hijo se miraron, y pensaron que los peregrinos estaban en lo cierto, el pobre niño también había trabajo duramente; había estado ayudando a su padre todo el día y ahora estaba cansado. Así, que para tener contento a todo el mundo, padre e hijo decidieron continuar el camino montando los dos a lomos del burro.

Al rato, vieron a los lejos a un hombre que en medio del camino gesticulaba y gritaba y parecía querer decirles algo. Cuando estuvieron cerca un grupo de gente, atraída por los gritos,  había formado un corro y, al pasar junto a ellos, los increparon:

—¡Bárbaros! ¡Desalmados! ¿No os da vergüenza?, ¡Pobre animalito! Hay que ser vago y muy bruto para comportarse de este modo. Vosotros montados sobre el pobre burro, bien cómodos, y el pobre bicho jadeando y con la lengua fuera. Pero si ya no puede ni con su alma, ¡¿cómo va a soportar el peso de los dos?! ¡No hay derecho! ¡Os denunciaremos por crueldad! ¡Deberían quitaros a este pobre burrito!

Padre e hijo, avergonzados ante tal acusación, y recodando que el burro había estado también trabajando todo el santo día tirando del arado, desmontaron, le dieron hierba fresca y agua, lo aligeraron de las cuerdas, y empezaron a andar a pie junto al animal.

Por fin, padre e hijo llegaron hasta su pueblo, andando uno a cada lado del burro y así cruzaron la Plaza Mayor para dirigirse a su casa.

Al pasar junto al Ayuntamiento, oyeron grandes carcajadas procedentes de un grupo de gente que los señalaba con el dedo y se burlaba de ellos diciendo:

—¡Vaya par de tontos! ¿¡A ver si adivináis quién es más burro: ellos o el pollino!?

—No se puede ser más inútil. ¿A quién se le ocurre ir caminando teniendo un burro que puede llevarte cómodamente?

—A este burro le ha tocado el premio gordo, así anda él de ligero y feliz.

Padre e hijo, llegaron a su casa, encerraron el burro en el establo y se pusieron a cenar.

Entre plato y plato, hablaron de lo que les había sucedido aquel día y ambos decidieron que, en adelante, después de meditar muy bien los pros y los contras, actuarían conforme a lo que ellos consideraran más justo y adecuado en cada momento. Porque de opiniones hay tantas como personas y como las hay para todos los gustos, no es posible tener contento siempre a todo el mundo.

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

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15 comentarios el “El padre, el hijo y el burro

  1. Óscar
    29/10/2015

    Es una pena que la gente tenga tanto tiempo libre y tan poco que hacer en la vida y que lo único que les llene sea criticar al resto. Y que el número de personas que lo hacen sea tan elevado. Besitos

    Le gusta a 1 persona

    • Martes de cuento
      29/10/2015

      El tiempo libre debería ser transferible, así todos estos, en lugar de perderlo, nos lo podrían dar a los que nunca nos alcanzan 24 horas al día y ellos no lo usarían tan mal 😉

      Le gusta a 1 persona

  2. Mónica Sz M.
    12/11/2014

    yo no lo conocía, buenísimo. Gracias.

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  3. rukadecolores
    11/11/2014

    Lindo cuento 🙂

    Le gusta a 2 personas

  4. Marisa Alonso
    11/11/2014

    Conozco hace tiempo este cuento porque siempre me lo contaba mi suegro, Me parece muy bueno. Gracias martes, me encantó recordar como lo narraba.
    Un abrazo

    Le gusta a 2 personas

  5. una mamá muy feliz
    11/11/2014

    Pero qué buenísimo el cuento de hoy! Y qué cierto, mejor seguir nuestros propios pensamientos e instintos porque siempre habrá alguien que ponga una pega!

    Besosss

    Le gusta a 2 personas

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Esta entrada fue publicada en 11/11/2014 por en Fábula y etiquetada con , , , , , , .
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