Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

Los sueños de la Lechera

La lechera

Muy de mañana, la Lechera avanzaba a buen paso por el camino que conduce a la ciudad.

Sobre la cabeza, llevaba un cántaro de leche. Con las dos manos, sostenía la panzuda vasija de barro llena del blanco líquido que, recién ordeñado, iba a vender al mercado cada día.

Desde muy pequeña, le habían encomendado esta labor porque era hija única y sus padres no podían ir cada día a vender la leche que ordeñaban.

La ciudad no quedaba lejos de la granja, así que la Lechera no dudaba de que estaría de regreso muy pronto, porque estaba segura de que encontraría compradores rápidamente.

“Con el dinero de la venta –iba pensando la Lechera-, podré comprar veinte huevos. De los huevos saldrán veinte pollitos. Ya me parece verlos: amarillitos, redonditos y suaves. Siguiendo a la gallina clueca, que los llamará cloqueando co-co, co-co, cocoroco.”

Pensando en esto, sonreía la Lechera.

Ya había recorrido la mitad del camino y seguía fantaseando:

“Los pollitos crecerán deprisa, porque para mí no será un problema criarlos. Buenos alimentos, del corral y de la huerta, no les han de faltar. El único problema podría ser el zorro; pero Cicuta, mi fiel perro, lo mantendrá alejado del gallinero. Mi perrito es el mejor guardián del mundo.

Con el dinero que me den por la venta de los pollos, compraré un lechón. ¡Sí! Un lechoncito rosado con la colita enroscada. Lo alimentaré con afrecho, maíz y sorgo y también le daré patatas, coles y fruta. Comiendo así, con el tiempo llegará a ser un cerdo grande y muy gordo. Entonces lo llevaré al mercado.

¿Cuánto me darán por mi cerdito de 100 kilos? ¡Seguro que un montón de dinero! ¿Y qué compraré con tanto dinero? Tendré que pensarlo muy, pero que muy bien.

Y la Lechera, conversaba con su imaginación:

– ¡Una cabra! Compraré una cabra…

– ¡No!, que la cabra tira al monte.

– Entonces compraré un potrillo…

– Un potrillo no sirve para nada en una granja.

– Pues que sea un borrico entonces…

– ¡Los borricos son muy testarudos y difíciles de enseñar!

– ¿Qué tal entonces una mula?

– La mula no tiene descendencia.

Pensando, pensando en todo esto, la Lechera iba apretando cada vez más el paso. Ya faltaba muy poco para llegar a la ciudad, las casas ya se divisaban a lo lejos.

De pronto, del prado que bordeaba el camino, llegó el mugido de una vaca y la Lechera pensó:

– ¡Ya está! ¡Una vaca y un ternero! ¡Eso compraré! Una vaca gordita, blanca y con machas negras y su hijito, un ternero juguetón que retoce por los prados persiguiendo mariposas. Su mamá, si se aleja mucho, lo llamará dulcemente muuuuuuuuuuuu, muuuuuuuuuuuuuuuu… y él acudirá corriendo, contento y feliz, con su alegre trote…

Sin darse cuenta, y emocionada por la visión de la vaca y del ternero, la Lechera ahora casi corría, tanta era la prisa que tenía por llegar a la ciudad y vender la leche. Tanto corría, que no vio una piedra que había en medio del camino. La pobre Lechera tropezó con ella y, para no caer de bruces, soltó el cántaro que llevaba sujeto con las dos manos.

El cántaro se estrelló contra el suelo y la leche se derramó, formando un blanco charco sobre la oscura tierra.

¡Adiós vaca manchada y ternero!

¡Adiós cerdito!

¡Adiós gallinas, pollitos y huevos!

Los sueños de la pobre Lechera se ahogaron en el gran charco de leche.

– ¿Y ahora qué haré? –lloraba la Lechera junto a los restos de la vasija de barro.- ¡Todo está perdido! ¡Ay, mis huevecitos blancos!, ¡Ay, mis pollitos redonditos y amarillos!, ¡Ay, mis gallinitas cluecas y mi marrano gordo y rosado, y mi vaquita manchada con su ternerito juguetón! ¡Ay!, ¡Ay!

Mientras así se lamentaba, acertó a pasar por allí la maestra, camino de la escuela:

– ¿Qué te pasa? ¡Si no te das prisa hoy llegarás tarde clase!

– Ya lo ve: mi cántaro hecho pedazos; la leche derramada; y con la leche he perdido los huevos que pensaba comprar con su venta, y los pollos que habrían salido de los huevos, y las gallinas, y mi cochino, y la vaca con su ternero.

La maestra le sonrió y le dijo:

– Consuélate. Piensa que mañana podrás llevar al mercado otro cántaro de leche y podrás volver a soñar con huevos, pollitos, gallinas, marranos, vaquitas y terneros. Podrás seguir construyendo castillos en el aire y, al hacerlo, serás feliz. Y si alguna vez vuelve a romperse tu cántaro, no te aflijas demasiado: “Al mal tiempo, buena cara” y ¡adelante! Que la fortuna también ayuda a los soñadores que construyen, para ellos y para los demás, hermosos mundos de ilusión.

 FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

rainbow_pencil_avatar_by_shirokuro_chan

shirokuro-chan

10 comentarios el “Los sueños de la Lechera

  1. Gloria Diaz
    25/12/2015

    Bonita moraleja, Oscar. Los sueños e ilusiones son muy importantes en la vida. Que sería sin ellos si no pusieramos un poco de fantasía a nuestros cotidianos días!!! Un beso y feliz navidad.

    Le gusta a 1 persona

  2. Óscar
    25/12/2015

    El buen momento que pasa soñando la lechera es el que pasamos nosotros soñando con el dinero que nos puede tocar en la lotería de Navidad… Besitos

    Le gusta a 1 persona

  3. juani casco
    16/09/2014

    Estoy de acuerdo con Marisa, soñar no cuesta nada y es divertido, ¿Quién no ha sido “Lechera” alguna vez?. Sigamos soñando!!!

    Le gusta a 1 persona

  4. Marisa Alonso
    16/09/2014

    Porque soñar no cuesta nada y es tan divertido…
    Volví a leer “El cuento de la lechera” ¡Gracias Martes de Cuento! Y muchas felicidades por tu bonito blog.

    Le gusta a 1 persona

Nos encanta que nos cuentes

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada en 16/09/2014 por en Fábula y etiquetada con , , , , , .
A %d blogueros les gusta esto: