Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

Caracolito, el caracol veloz

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Era Caracolito el más pequeño de la gran familia Caracolín, formada por mamá Caracolina y papá Caracolón. Tenía, además de tíos, primos y abuelos, una larga lista de hermanos y hermanas.

Vivían muy felices en una grieta de un gran manzano en la granja de los señores Martínez, donde convivían con pollos, cerdos, vacas, caballos, pavos y demás animales domésticos.

Cuando brillaba el sol y hacía calor, se cobijaban en su árbol y, muy quietecitos, esperaban a que se pusiera para salir en busca de comida. ¡Y es que el calor no les gustaba nada!

Cuando más disfrutaban era después de una buena tormenta. ¡Ahhh!, entonces sí que salían muy contentos, con sus antenitas bien estiradas, para darse una gran comilona.

Les gustaban, sobre todo, las plantas con grandes hojas. ¡Qué ricas! Pero sabían respetar los sembrados del señor Martínez. Espinacas, acelgas y lechugas estaban prohibidas para ellos. Mamá Caracolina los tenía muy bien enseñados:

-No, no. ¡Los sembrados no se comen!

Pero ahí estaba nuestro amigo Caracolito. Nunca estaba conforme con nada y siempre preguntaba y preguntaba, hasta acabar con la paciencia de sus papás:

-¿Por qué somos tan pequeños? ¡Yo quiero crecer!

-¿Por qué andamos tan despacito? ¡Es muy injusto! ¡Siempre llego el último a todos lados!

-¿Por qué no podemos comer acelgas? ¡Tienen una pinta deliciosa!

Su mamá, con mucha paciencia, le explicaba:

-Mira Caracolito, años atrás, el tío abuelo Caracolote no hizo caso de las advertencias y, después de un chaparrón, se deslizó hacia el campo de acelgas y desapareció.

-¡¿¿¿Desapareció???!

-Si, la vaca Mara fue la última que lo vio y aseguró que había salido de la granja corriendo a toda velocidad. ¡Nunca más volvió!

-¡¿¿¿A toda velocidad???!

-Sííííí, ¡y eso es muy peligroso para un caracol! Porque no sabemos que hay más allá de la cerca de la granja, nunca hemos podido ir tan lejos, pero nos llegan rumores de animales extraños, enormes y ruidosos, que corren por caminos de tierra negra.

Ya podéis imaginar que esta historia no hizo más que avivar el deseo del pequeño caracol de averiguar cuál era el misterio del campo de acelgas. Así, que decidió que en cuanto cayera el siguiente aguacero, se encaminaría hacia el sembrado y se daría un gran banquete.

-La historia del tío abuelo Caracolote es una paparrucha. ¡Seguro! – pensaba él.

¡Dicho y hecho! Al cabo de dos días amaneció lloviendo. Caracolito se puso muy contento y, en cuanto salió el sol, se encaminó hacia el campo de acelgas. Pasó la verja por debajo y, ¡ñam, ñam, ñam!, se llenó la tripa de las hojas más tiernas que encontró.

-¡Caray! ¡Qué ricas! – Se relamía encantado.- Son dulces y muy frescas.¡¡¡Deliciosas!!!

Cuando ya estaba casi fuera del sembrado, contento y hartito, empezó a sentir como si un ventilador se hubiera puesto a funcionar dentro de su concha y lo empujara.

Empezó a correr deprisa. Y cada vez más deprisa, ¡¡¡Uhhhhhhhhhh!!!, sin poder parar.

Iba tan rápido, que recorrió la granja en un periquete y, sin darse cuenta, ya estaba fuera de la cerca. ¡Nunca había estado ahí!

Una pareja de conejitos que lo vio pasar, se quedó estupefacta. ¡Un caracol veloz! ¡Imposible! Y, ¡claro!, corrió a contarlo a todo el mundo.

Caracolito estaba muy asustado, su carrera seguía imparable y, a lo lejos, pudo ver el camino de tierra negra del que le había hablado mamá Caracolina.

¿Sería cierta, la historia del tío abuelo Caracolote? Ahora sí que tenía miedo, y más cuando escuchó un ruido que iba haciéndose más y más fuerte a medida que se acercaba un animal muy extraño; ¡era grandísimo y con las patas redondas! Era enorme, más que las vacas, y con un color brillante que él nunca había visto en un animal. ¡¡¡Si no lograba parar antes de llegar al camino de tierra negra, lo aplastaría!!!

Menos mal que empezó a sentir que su velocidad disminuía. Se iba frenando poco a poco, hasta que consiguió volver a caminar como debe hacerlo un caracol: ¡despacito!

Cuando por fin se detuvo, el monstruoso animal de patas redondas pasó rugiendo a un palmo de él y casi se desmaya del susto.

¡Pobre Caracolito! Estaba muy arrepentido de haber desobedecido a sus papás. Fuera de la cerca, el mundo era muy peligroso para los caracoles.

Lo que no se explicaba era por qué las acelgas causaban ese efecto a los pobres caracoles.

Pues veréis, el señor Martínez abonaba regularmente los sembrados para que, además de ricas y sabrosas, sus espinacas, acelgas y lechugas crecieran rápidamente. Pero el abono tenía un efecto secundario y era que aceleraba también la velocidad con la que caminaban los caracoles. ¡Menos mal que duraba muy poquito!

Mamá Caracolina, advertida por los conejos, envió al rescate de Caracolito a Marcus, el perro pastor de la granja, que recogió al agotado caracol y lo llevó en su lomo hasta su casa en el manzano.

Una vez allí, pidió mil perdones a sus papás y explicó a su familia su terrible experiencia para que a nadie más se le ocurriera volver a comer acelgas.

Así, todos estuvieron de acuerdo en que hay que hacer caso de las advertencias de nuestros mayores porque, como ellos nos repiten, es por nuestro bien.

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

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shirokuro-chan

7 comentarios el “Caracolito, el caracol veloz

  1. sandralb
    18/07/2014

    Maravilloso cuento para peques. Les ha encantado. Muchas muchas gracias! 🙂

    Le gusta a 1 persona

    • Martes de cuento
      19/07/2014

      No sabes lo mucho que nos alegra saber que a tus peques les ha gustado nuestro cuento, Sandra. Fomentar la lectura entre los más pequeños es algo fantástico y nos encanta saber que nosotros te hemos ayudado un poco a ello.
      Muchas gracias por elegir uno de nuestros cuentos y muchas gracias por tu comentario, que nos anima a seguir buscando nuevas historias.para compartir con vosotros.
      Un abrazo y esperamos verte a menudo por aquí.

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  2. jomabastos
    06/07/2014

    ¡Hola!
    Naturalmente debemos seguir el consejo de las personas más viejas, porque ellos ya vivieron muchas experiencias y seguramente tienen la sabiduría suficiente para enseñarnos a actuar con bueno senso. Pero si no salimos de la rutina de nuestra vida cotidiana, si no intentáramos hacer algo de nuevo, nunca sabremos lo que está más allá de nuestro conocimiento. Ni siempre los consejos y las recomendaciones son las más correctas, porque los tiempos han evolucionado, cambiado, el mundo comienza a estar diferente y las personas más viejas a veces tienen poca conciencia de los nuevos dominios.

    Un abrazo enorme y que tengas una semana llena de felicidad.

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    • Martes de cuento
      07/07/2014

      ¡Hola, Joma! 🙂 ¡Feliz de leerte!
      Totalmente de acuerdo con tu comentario, amigo.
      Debemos reflexionar y escuchar antes de actuar pero, naturalmente, las decisiones deben tomarse individualmente y siempre intentar mejorar y superar a nuestros maestros.
      Como siempre, tus comentarios nos hacen dar un paso más y nos permiten ver otros aspectos de los cuentos. Nos encanta leerte. Gracias por pasar y dejarnos tu granito de arena.
      Pasa una semana genial.
      ¡Un abrazo muy grande!

      Le gusta a 1 persona

  3. Re-Educad@s
    01/07/2014

    Reblogueó esto en Re-Educad@sy comentado:
    Hoy es martes, por lo tanto, toca disfrutar con una nueva historia de l@s maravillos@s Martes de Cuento. Hoy es una oportunidad maravillosa para sentarte con tu peque y contarle la historia de Caracolito ¡Es maravillosa!

    Esperamos que la disfrutéis

    Le gusta a 1 persona

  4. Re-Educad@s
    01/07/2014

    Como siempre… ¡Genial!

    Le gusta a 1 persona

    • Martes de cuento
      01/07/2014

      Gracias por leernos.
      Esta semana el cuento lo ha escrito nuestra amiga Juani, que ya ha colaborado con Martes de cuento en varias ocasiones, y estamos complementamente de acuerdo contigo, ¡es genial! 🙂
      Un abrazo.

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Esta entrada fue publicada en 01/07/2014 por en Cuento amigo y etiquetada con , , , , , , .
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