Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

La liebre y la tortuga

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Ilustración: Fabulandia

Mientras la tortuga mordisqueaba con parsimonia las hojas de los pastos tiernos y se calentaba al sol, su vecina, la liebre, no se estaba quieta ni un minuto. Recorría sin parar el verde prado. Le parecía mentira que alguien pudiera pasar la vida tranquilamente en un solo lugar.

Un día, después de haber saltado y brincado durante toda la mañana, se acercó a la tortuga y le dijo en tono sarcástico:

-¿No querrías dar un paseíto conmigo, querida vecina?

-¿Contigo?, ¿corriendo como una desesperada? ¡No, gracias! ¡Ni pensarlo! Cuando me apetece pasear, lo hago con calma y disfruto del paisaje.

-Con razón empleas tantas horas en recorrer la distancia que yo cubro en cuatro saltos.

-¿Y qué necesidad hay de correr tanto? Pasito a pasito también se llega.

-¡Excusas! ¡Eso lo decís todos los que sois lentos!

-¿Quieres convencerte de que despacio también se llega? ¿Quieres echar una carrera conmigo?

La liebre se quedó muy sorprendida por el desafío de la tortuga, pero enseguida se puso a reír a carcajadas. En ningún momento pensó que la propuesta fuera en serio, pero la aceptó para divertirse un rato.

El reto de la tortuga llegó a oídos del resto de animales, que se congregaron alrededor de las dos vecinas para presenciar la carrera. Se fijó el recorrido y clavaron una bandera para marcar la meta. Cuando todo estuvo listo, comenzó la competición entre fuertes aplausos.

La tortuga empezó a andar lentamente pero la liebre, que confiaba en su velocidad, se quedó atrás conversando con el resto de animales. Les decía que tenía todo el tiempo del mundo, porque era la más veloz y la carrera ya estaba ganada.

Después de un buen rato, empezó a correr. Corría tan veloz como el viento y no tardó en alcanzar a la tortuga, que iba muy despacito, aunque sin parar. Al pasar por su lado le dijo riendo:

-¡Adiós, lenta!

Como la liebre había adelantado muchísimo, se detuvo junto al camino a descansar y cuando la tortuga pasó por su lado se burló de ella una vez más:

-¡No corras tanto, que te harás daño!

Volvió a dejar que se adelantara y, de nuevo, emprendió su veloz marcha para darle alcance.

Varias veces se repitió la misma escena pero, a pesar de las burlas, la tortuga seguía su camino sin hacer caso y sin detenerse.

Era la hora de la siesta y un sol abrasador calcinaba la tierra, así que la liebre se dijo:

-Hace demasiado calor ahora y la tortuga solo habrá recorrido la mitad del camino, me pararé a descansar. Dentro de un rato, cuando el sol haya bajado un poco, empezaré a correr. La alcanzaré enseguida.

Se tumbó bajo un árbol y ahí se quedó dormida.

Entre tanto, pasito a pasito, la tortuga siguió adelante, sin abandonar su camino en ningún momento.

Pasaron las horas y el sol se puso. La liebre se despertó y echó a andar. Al principio avanzó a saltitos cortos, pero al no ver a la tortuga apresuró el paso.

-Es imposible que esa lenta haya avanzado tanto. ¿O es que se habrá arrepentido del desafío y ha abandonado la carrera?

A medida que su duda aumentaba, la liebre aceleraba su paso, hasta que llegó a la meta sudorosa y con la lengua fuera. Miró a su alrededor y exclamó:

-Lo que yo decía. Se ha rendido. Ha comprendido que yo soy la mejor y que a mí no hay quien me gane.

Dicho esto, se sentó sobre una piedra a descansar. De pronto, la piedra se movió y empezó a hablar:

-¡Eh, liebre, ¿por qué te has sentado sobre mi caparazón?

Era la alegre voz de la tortuga. Hacía ya un buen rato que había llegado a la meta.

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

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shirokuro-chan

14 comentarios el “La liebre y la tortuga

  1. José Ángel Ordiz
    17/12/2015

    Gracias por acercarte a mi blog. Muy original el tuyo. Saludos.

    Le gusta a 1 persona

  2. jomabastos
    28/02/2014

    Hay una hermosa cita que dice lo siguiente: “La paciencia es la hermana pequeña del éxito.”

    Todos debemos tomar la vida con calma y paciencia!

    Un gran abrazo!

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    • 🙂 ¡Qué bonita cita! No la conocíamos pero, sin duda, estamos completamente de acuerdo con ella. Gracias por venir a visitarnos.
      ¡Un abrazo muy grande!

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      • jomabastos
        01/03/2014

        No puedo vivir sin leer y admiro a alguien que escribe historias, que escribe artículos de prensa, que escribe libros que describen las experiencias humanas, que describe las historias del mundo real en el que vivimos.

        Deseo que usted continúe con su excelente trabajo!

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        • ¡Gracias por tu comentario! 🙂 Seguiremos intentando buscar historias sin edad, para que tanto niños como no tan niños podamos disfrutar con su lectura y si además obtenemos una enseñanza con ellas, mucho mejor.
          Un abrazo.

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  3. Artesana de Cuentos
    27/02/2014

    Lo que está claro es que en esta vida el que va a todo correr de aquí para allá no disfruta del camino, y la mayoría de los casos en ese caminar es dónde se encuentran las mejores experiencias de vida.

    El cuento que nos traéis esta semana nos enseña mucho. Yo que soy nerviosa por naturaleza, con los años he ido templando mi espíritu a fuerza de darme traspiés, y así es como he aprendido que no por correr mucho, se llega antes a los sitios.

    Como siempre enhorabuena para todo el equipo de Martes de cuento, siempre alimentáis mi imaginación al compartir tan bellos relatos. Besos.

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    • Vemos con alegría que has aprendido a andar más despacio; a tomarte tu tiempo para leer cuentos y para escribirlos. Tal vez tu secreto sea ese, Artesana, recuperar un poco la esencia de la infancia y reaprender a valorar lo que en otro tiempo nos pareció esencial para vivir y que, al crecer, olvidamos.
      Nos gusta que te gusten nuestros cuentos. Valoramos mucho tu opinión. Gracias por dejarnos estos comentarios, que dan vitaminas a nuestro blog y nos animan a seguir buscando y escribiendo nuevos relatos.
      Un abrazo.

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Nos encanta que nos cuentes

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Esta entrada fue publicada en 25/02/2014 por en Fábula y etiquetada con , , , , .
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