Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

La moneda de la felicidad

01_Águeda

Ilustración: Ralf Heynen

Mientras tomaba el desayuno, poco sospechaba Águeda que aquella mañana, al ir al colegio, las cosas no iban a ser como siempre.

Cuando salió de su casa y empezó a andar hacia la escuela, algo llamó su atención: a pocos pasos de donde se encontraba, una moneda dorada relucía sobre la acera.

Se acercó con cautela, miró a derecha e izquierda. Hacia delante y hacia atrás. No había nadie cerca. La moneda parecía no tener dueño. Se agachó, la recogió del suelo y la puso en la palma de su mano para observarla bien.

¡Casi se muere del susto al comprobar que la moneda parecía tener vida y le hablaba!:

—Hola, Águeda, soy la moneda de la felicidad.

—¡Aaaaaaaaaaaaaaah! ¡Pero si hablas! ¿Cómo sabes mi nombre? —le preguntó Águeda a la moneda.

—Porque las monedas de la felicidad somos mágicas.

—¿Y qué tengo que hacer para ser feliz?

—Eso yo no puedo decírtelo, es algo que deberás descubrir tú misma.

Y una vez la moneda hubo dicho esto, se quedó callada y no hubo forma de que respondiera a ninguna de las preguntas que le hizo Águeda.

Justo iba a reemprender el camino hacia la escuela, cuando su madre, que salía de casa camino del trabajo, le dijo sorprendida:

—Águeda, ¡llegarás tarde! ¿Qué haces aquí todavía?

—Mmmmmmmmmmmmm… ¡Se me ha desabrochado el zapato, mamá!, pero ya me marcho —mintió Águeda, por miedo a que le quitara la moneda dorada.

Tan pronto la mentira salió de su boca, Águeda se sintió muy triste por haber engañado a su madre.

Reemprendió el camino hacia la escuela cerrando bien la mano en la que llevaba su preciado tesoro y pensando en cómo podría conseguir la felicidad.

“Si la moneda es de oro –se decía- puedo venderla y obtener mucho dinero a cambio. Con todo lo que consiga, me compraré lo que quiera y seré feliz. Aunque tal vez sea mejor que la guarde, porque si es mágica seguro que se multiplica y, entonces, en lugar de una moneda tendré un gran tesoro y podré comprar más cosas. ¡Compraré todo lo que se me antoje! ¡Y seré la más feliz del mundo!…”

Y pensando, pensando, llegó al colegio muy preocupada, porque no sabía qué hacer con la moneda de la felicidad y porque tenía mucho miedo de perderla o de que se la robaran.

En la escuela, le contó su secreto a su mejor amiga, Laurita, que le dijo:

—¡Déjame ver la moneda!

-¡Mira!

—¡Qué bonita!, ¿me la dejas un rato?

—¡No! ¡Ni pensarlo! ¡Esta moneda es solo mía!

Laurita, muy ofendida, ya no quiso ser amiga de Águeda, así que Águeda se quedó sola y aún más triste que cuando le había mentido a su madre.

Durante la clase no hizo más que mirar la moneda a hurtadillas, así que no aprendió nada y la profesora la riñó. Su tristeza aumentó más si cabe, porque Águeda era muy buena estudiante y solía sacar muy buenas notas.

Después de la escuela, cuando regresaba a su casa cabizbaja y abatida por todo lo que le había ocurrido aquel día, vio a un músico callejero que con los ojos cerrados y una gran sonrisa estaba tocando su viejo violín. Se acercó y se puso a escuchar la dulce melodía. Tan preciosa era la música que Águeda, al oírla, se sintió de repente transportada a otro mundo. Cuando el músico terminó de tocar, pasó su sombrero entre los espectadores y como Águeda no llevaba nada más que su moneda dorada, decidió regalársela al músico.

Justo en el momento en el que la moneda caía en la gorra gris, Águeda sintió que la dicha más completa la embargaba y se sintió alegre; tan alegre como nunca antes se había sentido y, de pronto, comprendió que la verdadera felicidad es tan sencilla, simple y pequeña que no hace falta una moneda dorada para conseguirla.

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

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18 comentarios el “La moneda de la felicidad

  1. Julie Sopetrán
    12/05/2016

    Nunca es tarde para leer un cuento tan hermoso. Una buena reflexión, los buenos sentimientos, la amistad, tantas cosas que son tesoros que todos los días encontramos tirados por el suelo y que parece que no nos seducen tanto como una moneda de oro… Pero sin embargo, Águeda nos recuerda en este cuento lo valioso que es vivir en paz con aquello que hacemos día a día. El dinero no es la riqueza que muchos ostentan, si tenemos lo suficiente para vivir ¿qué hacemos que no somos felices? Me ha gustado mucho el cuento, la ilustración, preciosa, gracias Martes, por recordarme que no había leído este cuento… Un beso muy fuerte y muchas gracias. Un poco improvisado pero con cariño, aquí va mi décima.

    ¡Ay! Que se la lleva el viento
    esa moneda en el aire;
    aunque brilla con donaire
    su brillo, es el movimiento
    que se pierde, en un momento.
    Si la tocas, te seduce
    si la guardas, no produce.
    Si crees en sus poderes
    te olvidarás de lo que eres.
    No es oro lo que reluce.

    JS

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  2. Óscar
    27/11/2015

    La felicidad está en valorar cada cosa que nos pasa en la vida que nos hace sentir bien, y en conseguir sacar lo bueno de cualquier situación por mala que sea. El dinero no da la felicidad. Un cuento muy bonito

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  3. Artesana de Cuentos
    27/02/2014

    Un relato maravilloso y esperanzador. Siempre he pensado que la mayor riqueza de las personas se esconde en el corazón. Sin duda los tesoros materiales no enriquecen nuestro alma, sólo nuestro bolsillo pero nos dejan vacíos de paz.

    Yo quiero pensar que, al igual que la protagonista de esta historia, el ser humano al principio se siente tentado a acaparar bienes y propiedades, pero finalmente si escucha al dictado de su corazón termina por darse cuenta de lo qué es realmente valioso en esta vida.

    Mis más sinceras felicitaciones para el autor e ilustrador de este bonito cuento. Muchos besos, y gracias por compartirlo. Besos.

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    • No podríamos estar más de acuerdo contigo, Mayko. Las personas que ponen por delante lo material se pierden muchas cosas valiosas en su vida.
      Mientras leíamos tu comentario, hemos recordado la frase de Cristina Onassis en la que se quejaba de que “era tan pobre que sólo tenía dinero” y que a Joaquín Sabina le inspiró la canción de “Cristina”.
      Las riquezas, como tu muy sabiamente has dicho, están en el corazón y así nos lo recuerda “El principito”: “No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”.
      Gracias por tus palabras, que siempre nos llevan un poco más allá y nos hacen reflexionar, y gracias por tus visitas, que siempre alegran este rincón de cuentos. Un abrazo, hermana de tinta.

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  4. jomabastos
    18/02/2014

    Sus cuentos despiertan mi imaginación.

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  5. Cuentos para peques
    18/02/2014

    Es precioso el cuento de esta semana y, mas todavía, el mensaje que pretende transmitir:)

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  6. jomabastos
    18/02/2014

    ” la verdadera felicidad es tan sencilla, simple y pequeña que no hace falta una moneda dorada para conseguirla.”

    Una historia realista y hermosa.

    Si miramos a nuestro alrededor, sólo podemos vislumbrar la avaricia.
      Estamos muy materialistas.Todas mañana cuando nos despertamos a un nuevo día, la mayoría de nosotros empezamos a pensar sólo en adquirir más riqueza y que no nos da ninguna felicidad.
    Tenemos que aprender a tener sentimientos, a abrir el corazón y expresar la felicidad con una sonrisa en los ojos.

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Esta entrada fue publicada en 18/02/2014 por en Cuento de Martes de cuento y etiquetada con , , , , , , , .
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