Martes de cuento

No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee. Fahrenheit 451

La última presa

Leon color (36)

A los pies de una montaña se extendía una gran jungla. Era tan grande, que no se podía atravesar entera. El monte era gigante. No se divisaba su cima, y sus dos laderas visibles era como si no tuvieran fin.

El rey de la jungla era un león, famoso por su sabiduría y su buen juicio. Un pequeño grupo de animales de la jungla estaba bajo su mandato y lo servía. Otros vivían en paz lejos de la corte del rey.

Entre los animales de la corte, había un zorro inteligente y sagaz, que intentaba servir muy bien al león para conservar su vida.

Había también un lobo entre los animales de la corte real que pensaba que no era menos que el rey. El lobo odiaba al zorro e intentaba siempre dejarlo en mal lugar delante del monarca. El zorro, que lo sabía, se mostraba aún más encantador ante el león.

Un día, el león decidió ir de caza a la ladera de la montaña. El zorro se acercó a él y le preguntó:

—Majestad, ¿me permitís ir con vos para llevar sobre mi espalda todos los animales que cacéis?

El león aceptó.

El lobo, que quería tenderle una trampa al zorro, le dijo también al rey:

—Déjame acompañarte para ayudarte en la cacería.

El león puso mala cara, pero emprendió el camino con los dos acompañantes.

El lobo caminaba junto al león y el zorro un paso atrás.

Encontraron una liebre, y el león la cazó. Después vieron un ciervo y también el león lo cazó con facilidad. En la pradera vieron también un toro que intentó huir, pero también lo cazó el león.

—Tal vez ya hay suficiente caza para la comida de hoy —sugirió el lobo.

—¿En serio? —preguntó el león— ¿Por qué dices eso?

Respondió sonriendo el lobo:

—El toro que sea devorado por su majestad. El ciervo me lo como yo. Y el zorro ya tiene bastante con la liebre.

El león rugió enojado:

—¿Eso es lo que crees?

Entonces le preguntó al zorro:

—Y tú, ¿qué dices? ¿Dividimos así la caza?

El zorro hizo una gran reverencia y respondió:

—¡Ni pensarlo, Excelencia! Si me permitís que yo divida las presas, os serviré la liebre para desayunar, el toro para comer y el ciervo para cenar.

—¿Y qué comeréis tú y el lobo? —preguntó el león.

—El lobo comerá lo que cace y yo estaré contento con lo que tú me des.

El león asintió satisfecho y dijo:

—Si es así, te daré mi última presa.

—¡¿De verdad su majestad piensa darle el toro al zorro?! —preguntó el lobo muy sorprendido.

El león sonrió y agarró al lobo por el cuello:

—¡No! ¡Mi última presa serás tú!

FIN

¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?

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Esta entrada fue publicada en 15/10/2013 por en Cuento contemporáneo y etiquetada con , , , , .
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